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Vida y miseria del editor de El Quijote

Obsesión incipiente

Alguien lo dijo en un tuit: si ese tío tuitea el Quijote 24 horas al día, antes de llegar al 700 termina loco. Le expliqué un poco condescendiente que no había problema, que el proceso era automático, pero quizás fue una respuesta demasiado a la ligera. Ahora estoy preocupado, porque igual tenía algo de razón.

Siento un punto de presión incómoda con esta edición del Quijote. Me está afectando personalmente, y eso no estaba previsto. Necesito explicar algunas de las cosas que me están pasando.

Tengo marcado @elquijote1605 como usuario favorito en Twitter. Así el móvil me avisa de sus publicaciones con un sonido muy discreto, y al principio parecía muy conveniente ver pasar las horas y los tuits del Quijote al mismo tiempo. Pero con el paso de los días he llegado a una sensación de hartazgo.

El aviso inocente me pone de los nervios, de puro incansable. Es una tortura, una especie de gota malaya acústica, que empezó inocua pero ahora es poco menos que intolerable. Lo que tenía que ser la tranquilidad de saber que todo iba bien ha terminado siendo la evidencia constante de mi propia esclavitud.

Ese malestar creciente me llevó a poner el móvil en modo zumbador. Creo que fue hace dos días. He perdido algunas llamadas, pero no quiero investigar más, temo que se me desconfigure todo. Ya no oigo el sonido de antes, pero parece que poco a poco he desarrollado una sensibilidad especial, y ahora el avieso zumbido lo percibo tan claro como las trompetas del apocalipsis. Mi única paz es (sería, mejor dicho) apagar el móvil. Pero esto me parece una traición a mi edición del Quijote, y a sus lectores.

También me inquieta lo que me ocurre por la noche. Ya no me acuesto antes de la una de la madrugada, y si lo puedo hacer es porque aprovecho la momentánea tranquilidad de saber que se acaba de publicar el tuit correspondiente. Duermo bien, pero soy de sueño ligero, y a veces me despierto en plena noche y ¿a que no adivináis lo primero que me viene a la cabeza?

Pues sí, ¿estarán ahí los tuits de El Quijote?

A esas horas, mi cerebro no es el de la vigilia, y al revisar los tuits me suele hacer creer que he perdido alguno por el camino. Entonces siento un abismo. Pienso en cuánta gente se habrá sentido traicionada esperando el tuit de las tres de la madrugada. En América es plena tarde, todos se habrán dado cuenta, es horrible. Me despejo bruscamente, vuelo al portátil a comprobarlo todo. Me equivoqué. Todo está bien. Son las cinco. Pero ya no tengo sueño.

Así que duermo poco, y el zumbido del tuit me persigue como si fuera yo el protagonista de aquel cuento de Edgar Allan Poe. Y lo peor es que acabo de empezar, apenas llevo 500 tuits. Quizás aquel tuitero tenía razón. Tengo que reconducir todo esto, esta locura no me lleva a ningún lado.

Temo que sea verdad que me estoy obsesionando.


 

Lo llamaré bifurcación porque parte de la vida real y luego se separa de ella, a medida que se liberan los pánicos que a uno le invaden según la imaginación se va apoderando del cuadro. Por si alguien se preocupó, en realidad estoy muy bien. Nada de lo explicado es real. Casi nada, ciertamente. Bueno, en realidad algunas cosas sí que me están pasando un poco. Pero controlo ¿eh? Lo tengo bajo control. Confío llegar indemne al tuit 700.