El funeral de Laura

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Aún estaba el cura recitando el responso por Laura, antes de meterla en el nicho para siempre, cuando se levantó una ligera brisa en el cementerio. Al principio Arturo no se dio cuenta; el dolor le tenía enclaustrado. Pero la brisa arreció, y trató de arrebatar la estola al cura. Éste, al pugnar por evitarlo, interrumpió bruscamente su oración. El repentino silencio devolvió a Arturo al cementerio, y le hizo advertir la creciente agitación de las ramas de los árboles. Quizás la naturaleza había reparado bruscamente en la monstruosidad de su pérdida y se había enajenado a su vez, solidaria con su pena.

La ceremonia continuó con cierta precipitación, ya que la ligera brisa se volvía ventisca. Sin embargo, Arturo se sentía reconfortado, una vez reconocida la extraña empatía que le brindaba ese mundo esencial, que Laura tanto había amado, con su propio dolor. Ahora incluso ese dolor le parecía más liviano.

Por su parte el cura, más preocupado por conservar estola y bonete que por asegurar la recepción de Laura en el reino de los justos, despidió apresuradamente a los presentes, y Arturo, tras recibir una última tanda de pésames, empezó a caminar hacia su casa.

El vendaval le obligaba a ir inclinado, sujetando su sombrero y su gabardina. Cerró la puerta, y antes de que le ganase la tranquilidad de estar en su hogar, una idea repentina le sobresaltó. Corrió hacia el fondo del piso, advirtiendo con creciente inquietud que las cortinas de las ventanas se agitaban furiosas. Cuando llegó al despacho, vio el desastre y cerró los ojos, golpeando su coronilla contra la pared a sus espaldas.

La ventana estaba abierta. Dios. Todos los papeles que había sobre la mesa estaban revoloteando; muchos de ellos escapaban por la ventana. Y eran toda su vida: ahí estaba desparramada toda la documentación que había tenido que rescatar de estanterías y armarios para encontrar la póliza del seguro de defunción, negligentemente escondida entre hipotecas, contratos, certificados y garantías de compra. Todo, todo había volado. No tuvo fuerzas para cerrar la ventana, sólo supo dejarse resbalar apoyado en la pared hasta acurrucarse en el suelo, donde quebró su alma en sollozos.

Entretanto, los papeles volaban libres, oteando el crepúsculo, entre alegres cabriolas, ignorantes y ufanos. Las notas escolares de Laura, el resguardo de la selectividad, su título de médico, hojas de salarios, partida de nacimiento, fotografías de la boda, de los viajes a París y a México, en fin, todos los documentos y recuerdos, en feliz algarabía, disfrutaban de su libertad, tras vivir largos años de lóbrego calabozo administrativo.

La fuerza del vendaval los empujaba contra el risco que protegía la ciudad, obligándoles a elevarse y a elevarse cada vez más. Por fin, la vida de Laura, si hubiera podido ver a través de la mirada de sus papeles errantes, habría reconocido los molinos eólicos que coronaban el acantilado, y que llevaban un buen rato girando a pleno rendimiento. Hacia uno de ellos se encaminó Laura en su forma de blanca naturaleza fragmentada, y durante un rato estuvo jugando, enredada entre sus palas, antes de alejarse despreocupada, dispersándose hacia el horizonte.

En el despacho de Arturo, todo había acabado. No quedaba un solo papel en su sitio. La vida pasada había desaparecido, con la crueldad añadida de la pérdida de sus testimonios queridos. Se acabó, se acabó, musitaba. Con desgana el crepúsculo se convirtió en noche, y Arturo seguía sentado e inmóvil en la oscuridad, sin moverse del suelo. Un buen rato más tarde salió de su estupor y comprendió que no tenía sentido seguir atrapado en ese dolor insoportable. Alzó lentamente su mano y prendió la luz.

Con la luz llegó una sorpresa: volvió a recordar a Laura, de una forma inexplicablemente feliz. La vio viva y alegre, como cuando revoloteaba por el despacho, bromeando sobre los años que tardarían en pagar la hipoteca, abrazándole por detrás mientras él hacía números, trayéndole un vaso de zumo bien fresco.

Una parte de Laura, la Laura que había huido despreocupada hacia el horizonte, se había enredado en las palas del molino eólico, había subido al tiovivo de la turbina y se había deslizado por los cables eléctricos subterráneos como si fueran un inacabable tobogán acuático. A la eléctrica Laura no le había costado encontrar el camino de vuelta a su domicilio, y solo tuvo que esperar, paciente, a que Arturo le permitiera volver a entrar. Y ahora esa parte de Laura, convertida en luz, le miraba desde la bombilla, con indulgencia, tratando de animarle.

Y, por primera vez en dos días, Arturo sintió una extraña sensación de consuelo, un alivio inimaginable. Nunca olvidaría a Laura. Ella no había muerto; ella no había volado fragmentada en sus papeles. Laura viviría para siempre en sus recuerdos, y éstos solo se irían con él.

Se levantó y cerró la ventana, y en ese momento amainó el viento.

Inhóspito Twitter

La veracidad de un tuit

Existe una página web que permite, a modo de diversión, crear un tuit falso de cualquier perfil de Twitter. Los creadores de la misma han reproducido con exactitud el formato que tienen los tuits originales, y de ese modo es posible crear la ilusión de que un usuario ponderado de pronto ha perdido los papeles y ha publicado algo inconveniente o chocante.

Pero no hace falta recurrir a eso, porque un buen artista del PhotoShop es capaz de modificar una captura de un tuit normal y cambiarle el texto a su voluntad. Fue llamativo el caso de un tuit de Pablo Iglesias que por un descuido del que lo editó tenía más de 140 caracteres.w

Un tuit con más de 140 caracteres.
Un tuit con más de 140 caracteres.

Por cierto, merece la pena seguir este conversación y comprobar la reacción que este tuit falso despierta a través de las personas que lo contestan.

Twitter es informal

La idea original de Twitter era crear un sistema que pudiera centralizar en una página web los mensajes SMS que los desarrolladores de Odeo, una empresa de software, intercambiaban entre sí.

Era una herramienta informal para uso de compañeros de trabajo, así que la privacidad o la validación de los mensajes no parece que fueran características importantes. Sí que lo era el funcionamiento en tiempo real, algo que en general va en detrimento de la seguridad. Pero en ese aspecto de la comunicación instantánea el producto resultó ser excelente.

Twitter nació como una tecnología para la cual no había apenas utilidades preestablecidas. Era como un libro en blanco sobre la que la gente empezó a construir funcionalidades que nadie imaginó a priori. Sería largo enumerar todos los usos de Twitter, pero van de la simple expresión de un pensamiento por parte de una persona anónima, sin ninguna expectativa de ser leída por otros hasta la cuenta de una gran empresa que a través de un Community Manager mantiene un flujo de tuits para fidelizar a los clientes o mantener una imagen de marca. Y, entre esos extremos, los periodistas que avanzan scoops y los artistas que anuncian sus actuaciones y un sinfín de gente que sube fotos, opiniones y pensamientos.

Eso es Twitter — más o menos.

La ironía en temas sensibles

Yo he sido aficionado toda mi vida a la ironía. Me han gustado los juegos de palabras, los equívocos y los dobles sentidos, las frases que dicen algo y que basta escrutar la mirada para saber que en realidad dicen todo lo contrario. Pero así como en la vida real es fácil valorar si una ironía es pertinente, en Twitter es difícil saber de entrada cuándo va a funcionar y cuándo no.

En Twitter uno se siente compelido a participar en conversaciones que le interesan, aunque las personas que intervengan sean perfectas desconocidas. Esto ocurre sobre todo al principio, cuando uno está deseoso de formar parte de la gran familia de los tuiteros.

Se aprende enseguida a no participar en conversaciones que son sobre temas particulares, igual que no se intervendría en una conversación que dos personas mantienen a nuestro lado en el autobús, pero luego se aprende a reconocer esas conversaciones que podríamos denominar de barra de bar, en las cuales meter baza no parece de mala educación.

Si en esas conversaciones aportamos un tuit irónico, puede ocurrir perfectamente que alguien malinterprete nuestra intervención, y se produzca una embarazosa cadena de tuits agresivos y de disculpa por nuestra parte. En cuestiones menos polémicas, esto se resuelve con uno o dos tuits de aclaración, pero en otros casos puede desencadenarse una dinámica descontrolada que acabe muy mal.

El linchamiento en Twitter

Hace poco fue noticia el caso de Guillermo Zapata, recién elegido concejal de Madrid, al que se le han afeado unos tuits (desafortunados según unos, merecedores de una muerte cruel según otros) hasta el punto de que tuvo que renunciar al Área de Cultura que iba a presidir y pedir perdón humillándose hasta más allá de lo razonable, tratándose como se trataba de algo escrito en 2011 y amparado por el razonable anonimato del que Zapata disfrutaba en aquellos tiempos.

Pero ésta no ha sido la primera vez que esto ocurre. Uno de los linchamientos más notables que ha habido en Twitter es el de Justine Sacco, allá por 2013.

Justine Sacco fue una de las personas que sufrió esta situación de una forma nada virtual. Hizo un chiste en el aeropuerto de Londres (“Voy a África. Espero no coger el SIDA. Es broma… Soy blanca!”) y al aterrizar su tuit era conocido en todo el mundo, empezando una campaña de linchamiento que acabó con su carrera profesional de relaciones públicas.

Ahora Justine trabaja de RRPP en otra empresa, pero no ha hecho público dónde, y ni siquiera tiene cuenta en Twitter.

La lección a extraer es que se debe pensar antes de tuitear, si usas una cuenta con tu nombre. Y esto es difícil, porque a menudo uno tuitea acuciado por una compulsión incontrolable, provocada por una noticia, un tuit, una emoción personal. Además, el estatus de una persona cambia con el tiempo, y el que un día fue una persona particular e irrelevante, que podía decir lo que quisiera sin que ocurriera nada, puede llegar a ser (como Zapata) un personaje público cuya actividad sea objeto de un estricto escrutinio.

La identidad en Twitter

Twitter no es muy exigente con la identificación del usuario. De hecho le basta con un correo electrónico de contacto. El alias del usuario y el mismo nombre pueden cambiarse, ya que realmente la identificación interna es con un número.

Aunque existe un mecanismo para certificar que uno es quien dice ser, es opcional, y superfluo para muchos que precisamente lo que valoran es ese anonimato que permite expresarse sin cortapisas.

Las cuentas de Twitter no son todas iguales. Hay quien usa un nombre y una foto ficticia, ya sea porque quiere tuitear de forma anónima o porque su cuenta está enfocada a un tema específico (yo tengo una de éstas,@elquijote1605, donde estoy publicando El Quijote. Algún día hablaré aquí de esto). En el otro extremo, hay cuentas que representan a personas o instituciones, de forma que su identidad es inequívoca. La intención con la que se crea una cuenta es (o debería ser) evidente una vez que se leen unos cuantos tuits. Cuando esto no es así es que el tuitero no tiene claro este aspecto, y eso suele acabar en problemas.

Cuentas falsas o engañosas

Aparte de esto, hay algunas opciones para crear cuentas falsas que aparenten ser reales. Twitter en eso da facilidades: el tipo de letra que usa confunde fácilmente la i mayúscula (I) con la ‘ele’ minúscula (l), con lo que@Pablo_Iglesias es indistinguible de @pablo_igiesias o @PabIo_IgIesias o@PabIo_IgIesias_. Aquí hay una relación de las ocho variaciones posibles en términos de combinaciones de las letras (i/L):

Aparte de la cuenta oficial, hay tres usuarios suspendidos, seguramente denunciados por el usuario original, y luego hay dos usuarios que existen pero no contienen tuits, por lo que su función es evitar que otros impostores puedan apropiarse de esas cuentas. Y por último, están las cuentas parodia y troll, que se distinguen porque la primera hace un uso cómico de la identidad mientras que la segunda difunde contenido denigrante para la misma.

Otras formas de cuentas falsas son las que usan nombres ligeramente modificados, ya sea incluyendo caracteres de subrayado adicionales o cambiando el deletreado para provocar confusión (Clavin Klein).

Twitter como notario de la actualidad

Es algo sobre lo que reflexionar. Se está usando Twitter como un repositorio de declaraciones formales que definen de forma irrefutable a cada individuo, y esto es un error. El tener acceso a los exabruptos de una persona, que habitualmente permanecían discretamente ocultos en el espacio limitado de una sala y unos pocos testigos no es suficiente como para categorizar a esa persona en su relación con el mundo.

Todos, cuando nos toca exponernos al mundo, adoptamos un aire formal y medimos de forma especialmente intensa nuestras palabras. Sabemos que en ese ámbito nuestras palabras quedarán fijadas como si se expresaran ante notario. Y sin embargo, incluso con todas estas prevenciones, las malinterpretaciones, los desmentidos, las quejas por lo que se dedujo fuera de contexto, todo este reinado de la inexactitud florece una y otra vez, incesantemente.

Dada su naturaleza inmediata y espontánea, y dada la facilidad que ofrece para la impostura y la falsificación, Twitter debería dejar de usarse como notario de la realidad. Deberíamos descalificar inmediatamente cualquier información que se basara en tuits y volver a primar la declaración formal, de primera mano y con testigos confiables. De lo contrario, perderemos por un lado esa libertad del Speaker’s Corner que Twitter es, y por la otra cualquier atisbo de credibilidad y ponderación en nuestras informaciones.

Aunque, por otro lado, quizás lo que se persigue es precisamente eso.

El Ministerio del Tiempo y la mitología griega

La segunda temporada de la serie de televisión El Ministerio del Tiempo empezó con brillantez: la aventura de un Cid Campeador impostor que se sacrificaba como un soldado para evitar que cambiase la historia del héroe se cruzaba con el proceso de documentación de la película sobre el Cid que Charlton Heston protagonizó en los años 50.

Anoche tuvo lugar la segunda entrega, en la que un asesino psicópata tiene una puerta del tiempo en un armario y la usa para asesinar a madres solteras en distintos momentos del tiempo. El capítulo sirve además para presentar a Pacino, el personaje de Hugo Silva que ocupará el lugar del pluriempleado Rodolfo Sancho. Éste capítulo incluye una paradoja temporal, ya que se produce un cambio en la historia. Esto ha causado bastante revuelo.

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Hubo otros cambios antes, pero siempre eran en la “pequeña historia” de cada uno de los protagonistas. En este caso, en cambio, se trataba de la línea principal, algo que por fuerza tenía que tener muchos efectos colaterales. Yo no discutiré las elecciones de los guionistas, porque soy fan de la serie y me parece estupenda. Lo que sí quiero reflexionar es sobre el hecho de sucumbir a la tentación de cambiar la historia.

Hubo hace años una serie que se llamaba Claro de Luna, en la que una bellísima Cybill Shepherd y un no menos atractivo Bruce Willis, detectives, mantenían una pulsión erótica que no llegaba a concretarse jamás. Esa tensión entre los personajes era el verdadero atractivo de la serie (la prueba es que hoy, más de treinta años después, es lo único que merece recuerdo).

Captura

En El Ministerio del Tiempo, más allá de las expectativas románticas del personaje de Amelia, la verdadera tensión está en la posibilidad de modificar el curso de la historia y no hacerlo.

Esa circunstancia es la que hace que el episodio del Cid sea uno de los mejores que hemos visto. La tragedia del funcionario del ministerio que provoca accidentalmente la muerte del Cid y decide ocupar su lugar para que la historia no cambie adquiere unos tintes épicos y grandiosos, dignos de la tragedia griega. Es conmovedor. El giro de la historia en que el personaje impostor toma el Cantar del Mío Cid como referencia desesperada para forjar su actuación es simplemente genial.

El capítulo del Cid me hizo reflexionar sobre el tiempo como una especie de dios pagano cuya voluntad está por encima de la posibilidad humana de intervención. Los funcionarios del Ministerio, como el Ícaro de las alas de cera, pueden elevarse hasta las alturas pero sus actos están condenados al fracaso, puesto que el dios Tiempo siempre acaba saliéndose con la suya. Esa lectura convierte al Ministerio del Tiempo en una epopeya griega, un trabajo que cabe ubicar en la categoría de arte mayor.

Es difícil mantener un nivel tan elevado permanentemente, y más en una serie, que debe entregar episodios de una forma regular y metódica. Por eso el siguiente capítulo, en el que Hugo Silva altera sin problemas el curso de la historia, inconsciente de su categoría de héroe griego, defrauda esas expectativas.

Los guionistas aquí sucumbieron al humano deseo de salvar a las víctimas del despiadado psicópata, pero al mismo tiempo abrieron la veda porque, si es lícito salvar a esas 20 mujeres, a pesar de las incontables consecuencias colaterales, ¿qué se podrá alegar contra la posibilidad de salvar a millones asesinando a Hitler en la cuna?

Además, el hecho de que el ser humano sea capaz de cambiar el destino acaba con el trágico fatalismo que dignificaba la vida del Cid impostor. Se trivializa una cualidad épica de la serie por satisfacer un deseo fútil de conseguir un final feliz. Y se pierde esa tensión entre la inexorabilidad del curso de las cosas y el deseo del espectador de cambiarlas cuando ello es posible. Eso es banalizar la serie y privarla de su tremenda profundidad trágica.

Yo hubiera intentado un giro distinto en ese segundo episodio. No sé, podría haberse matado al psicópata sólo para descubrir que las mujeres habrían muerto igual, quizás de otra manera, pero respetando en sus líneas principales las líneas maestras de la historia. El padre de Pacino se hubiera suicidado por otras razones. Pacino habría llegado a 2016 mediante algún otro giro caprichoso.

Esa posibilidad, la de contemplar al Tiempo como uno de aquellos dioses griegos caprichosos y capaz de someter y frustrar los deseos de los miserables seres humanos al tiempo que juega con sus esperanzas, acercaría a El Ministerio del Tiempo a una categoría de serie mitológica griega, lo que sería sencillamente maravilloso. Ahí es nada, recuperar para la narrativa del siglo XXI la figura de los dioses, cuando todos los dábamos por muertos desde el XIX.

 

Cervantes dando estopa a Avellaneda

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Queridos seguidores y amigos, ya hemos empezado el segundo volumen de El Quijote. El tuit 8095 marcó el fin del primer libro, y el principio del segundo:

//platform.twitter.com/widgets.js  Y el prólogo empieza en el tuit 8188, una vez pasados los prolegómenos legales, la fe de erratas y la aprobación y el privilegio:  

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La dedicatoria, que en el primer volumen precede al prólogo, queda ahora en segundo lugar, urgente como le resulta a Cervantes defender su obra de los comentarios insultantes sobre él que el autor de una segunda parte de El Quijote había vertido en su libro.

Cervantes demuestra una meditada contención a la hora de referirse a Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. Por las palabras de Cervantes, parece que Avellaneda fue especialmente áspero y bravucón al referirse al autor del Quijote original, cosa que puedo entender perfectamente, ya que hoy día también se usa el trolleo para obtener relevancia social (y dónde más que en Twitter). En su papel de autor reputado y por tanto en otra dimensión de la discusión, mal que le pesase a su interlocutor, Cervantes prueba a ser un caballero y mantener trabada su ofendida dignidad de soldado, y de hecho lo consigue, al menos al principio: hay una queja doliente y digna sobre el reproche de ser viejo y manco. Me gusta mucho cómo se defiende de la acusación de vejez:

…como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo…

y más aún la defensa de su mano inútil, no viendo en ella más que un motivo de orgullo:

… como si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.

A mí me resulta entrañable el viejo soldado y su fiero orgullo que defiende sus heridas junto con las miserias a las que como soldado se ha visto abocado en su vida militar, pero que en ningún momento le hacen perder su convicción acerca de la rectitud de su actitud ante la vida:

El soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga

Y a continuación afea a Avellaneda, con suma contención, que le acuse de envidioso, y le recuerda que él admira a Lope de Vega, y que Lope de Vega también consideraba buenas sus novelas. Tras contenerse durante dos páginas, por fin Cervantes no puede aguantarse más y le reprocha a Avellaneda que se presente

… encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad.

Y usando dos pequeños cuentos, ridiculiza las pretensiones de Avellaneda de ser capaz de hacer un libro capaz de darle dinero y fama (comparándole con el loco que infla perros soplándoles por el culo) y le niega todo tipo de talento para escribir (con la otra historia del loco que se dedica a apedrear perros hasta que el dueño de uno le da una paliza). La asociación nada sutil de las figuras de perros y locos con la persona del autor del apócrifo es lo más cerca que Cervantes se pone de una agresión verbal. En estas historias usa todo su talento para el género picaresco, dejando patente la fiereza que se mantiene agazapada detrás del artificio de las letras: no quisiera yo haber estado en la piel de Avellaneda si se hubiera producido un encuentro frente a frente.

 

Detective en Twitter

“Prevenir enfermedades con comida alcalina y sus propiedades beneficiosas”

Bien mirado, quizás lo suyo en Twitter sería usar listas. Pero yo soy perezoso para esto de categorizar a quienes sigo, y por eso tengo el hábito de tirarme a mi línea de tiempo (timeline, TL) en plan indolente, buscando cosas interesantes de modo errático. Cuando esta estrategia falla, me voy a las tendencias (trending topics, TT) en inglés, a ver tuits relacionados por esas etiquetas.

Un día, en uno de esos rastreos por tendencias, me llamó la atención un tuit sobre la comida alcalina. No es que me interese la macrobiótica o la alimentación en general. Lo llamativo era que el hashtag no tenía nada que ver con el contenido del tuit. Y no me habría fijado, pero acababa de ver el mismo tuit sobre la comida alcalina con una etiqueta (hashtag, HT) diferente.

En un caso el hashtag es #holaberberecho y en el otro Enrique Iglesias. Ambos eran tendencia en España en ese momento, pero evidentemente no tienen mucho que ver con los tuits (bueno, no sé si los berberechos son alcalinos – y si me apuras tampoco sé el pH de Enrique Iglesias).

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Una búsqueda con las palabras comida alcalina revela que, efectivamente, hay muchos usuarios tuiteando el mismo contenido. Pero hay diferencias respecto a los robots que he visto tuitear en ocasiones. Los tuits estaban organizados interiormente con una estructura ligeramente distinta en cada caso.

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  • El hashtag (#IslasDelMundo, #DiaMundialSinTabaco, Scary Movie, Michel Franco) aparece a veces al principio, a veces al final.
  • Hay en ocasiones una palabra (Atención! Entérate!) que precede el texto.
  • En ocasiones el texto termina con emoticonos (:O, 😀).
  • El enlace del tuit es siempre el mismo (al menos en este caso, en otros no).

Las tres primeras características están orientadas a evitar la apariencia mecánica de los distintos tuits, de forma que sean menos fáciles de correlacionar. La cuarta, si se presenta, identifica sin género de duda que los tuits pertenecen a un mismo lote.

Por curiosidad seguí el enlace y descubrí que se dirigía a un artículo de una revista digital, cuerpoymente.es. Esta web publica artículos de salud, y entonces entendí la razón de todo el montaje: mediante esta red de perfiles falsos se publican tuits que dirigen a contenidos de la revista. Queda la duda de si es la propia web la que ha organizado esta infraestructura o si la ha contratado a terceros. Mi sospecha va en la primera dirección, según justificaré más tarde.

Y ¿por qué tengo tanto interés en estos usuarios falsos?

La realidad corta es porque me molestan. En primer lugar, el creador de esta red está violando los términos de servicio de Twitter, al usar los hashtags de los trending topic para visibilizar sus  tuits. Puesto que los HT son TT, significa que muchos usuarios están interesados por ellos y por tanto clicarán para descubrir contenido asociado. La trampa aquí es que los tuits no tienen ninguna relación con esos HT.

En segundo lugar, el hecho de que aparezcan tuits espúreos entre los que uno desea realmente leer se denomina spam, y está también penalizado por Twitter. A mí particularmente también me ha molestado tanto como para reportar usuarios tramposos. Sólo por estas dos razones ya me parecía interesante investigar más, igual que ya he hecho en otras ocasiones. Pero, además, según investigaba me daba cuenta de que todo era más sofisticado de lo que parecía en primera instancia, y la curiosidad me empujó a seguir intentando discernir los criterios que el diseñador de la red de usuarios falsos había decidido implementar.

Así pues, tomé varios usuarios y me puse a estudiar sus perfiles primero y sus líneas de tiempo después.

Perfiles de usuario

Los perfiles eran quizás lo menos trabajado de todo. Tenían dos características comunes:

  • Ninguno contenía descripción, tan sólo el nombre y el identificador de Twitter.
  • La mayoría de ellos tenía entre 40 y 70 cuentas a las que seguían, y estas cuentas eran básicamente de dos tipos: las cuentas populares que Twitter te recomienda al dar de alta una cuenta, por un lado, y por otro, otros usuarios falsos.

Las cuentas de este sistema se siguen unas a otras, así que si queremos hacer una redada, por así decir, basta tomar una de estas cuentas y ver a quién siguen. En la imagen podéis ver unas cuantas.

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NInguna de estas cuentas es real.

Otra forma de conseguir un listado de usuarios es tomar un tuit que sea sospechoso (más adelante explico los rasgos típicos) y hacer una búsqueda de las palabras más significativas. Así obtendremos una lista de tuits que, si hemos elegido bien las palabras, serán casi todos de las remesas que publica este sistema publicitario. Para este estudio, he usado la búsqueda “ovnis OR luces AND Massachusetts AND ciudad“. Os animo a hacer la búsqueda por vosotros mismos. Deberíais obtener una colección de tuits como éstos:

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Uno de los tuiteros no es fake. A ver si lo encontráis.

Esta lista puede rastrearse, con paciencia, hasta febrero de 2014.

A través del API de Twitter he hecho la misma búsqueda, y en este caso he encontrado unos 1200 tuits en un periodo de sólo nueve días: eso representa una basura de más de 100 tuits diarios acerca de los ovnis de Massachusetts. Os he dejado los links para que podáis ver que todos os remiten al mismo lugar, un artículo de la revista web cuerpoymente.es.

0 2015-06-04 09:08:13 Corpus Christi Las luces de Massachusetts capturados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/1mNY4p5fNi
1 2015-06-04 08:38:07 RT @PacaPacheco89: Las luces de Massachusetts grabados en video sobre la ciudad http://t.co/gdzNAcmw14 #PesadillaTaberneta
2 2015-06-04 08:34:04 Las luces de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/KMoQ4Pke4p #SiempreMePasaQue
3 2015-06-04 08:30:56 Las luces de Massachusetts grabados en video sobre la ciudad http://t.co/gdzNAcmw14 #PesadillaTaberneta
4 2015-06-04 08:11:16 Las luces de Massachusetts grabados en video maniobrando sobre la ciudad http://t.co/pIUxUr9Iq3 Pizarro
5 2015-06-04 08:07:53 RT @LauriPari90: Los ovnis de Massachusetts capturados en video maniobrando sobre la ciudad http://t.co/P49HEKtMld Chuck Blazer
6 2015-06-04 08:03:51 Los ovnis de Massachusetts capturados en video maniobrando sobre la ciudad http://t.co/P49HEKtMld Chuck Blazer
7 2015-06-04 07:40:17 #SiempreMePasaQue Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad
8 2015-06-04 07:38:57 RT @SaraTorresBcn: #SiempreMePasaQue Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/mZkqG36ER3
9 2015-06-04 07:36:39 RT @MartaAbuelo86: #SeriaRePiolaQue Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/FnYz4iQWkx
10 2015-06-04 07:35:53 #SiempreMePasaQue Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/mZkqG36ER3
11 2015-06-04 07:33:41 #SeriaRePiolaQue Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/FnYz4iQWkx
12 2015-06-04 07:29:54 Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobrevolando la ciudad http://t.co/prkOlzmCLb #FelizJueves
13 2015-06-04 07:13:14 RT @AndresMateoAndr: Los ovnis de Massachusetts grabados en video sobre la ciudad http://t.co/Qskwo2uRMu #SiempreMePasaQue

Es fácil ver que los tuits son muy parecidos, pero es difícil formular las reglas que se usan para que los tuits parezcan distintos y, por tanto, naturales. Más adelante estudiamos esas reglas. Lo que me interesa son los usuarios distintos que hay. Los campos que hay en el siguiente listado se explican a continuación:

  • Fecha creación: La fecha en que se creó el usuario. Debo decir que los cuatro primeros usuarios parecen reales, ya que son de 2012 (los otros son de oct-2014 en adelante), tienen pocos tuits diarios y además contienen algo en los campos de location y description, cosa de la que los usuarios fake carecen.
  • Días: Cuántos días hace que se creó la cuenta.
  • Tuits: Tuits que ha enviado la cuenta desde su creación. Como veréis, son números similares.
  • T/día: Promedio de tuits enviados a diario. Dato interesante: las cuentas más antiguas tienen un promedio más bajo, seguramente porque al principio el sistema procesaba menos tuits. A partir de abril de 2014 pasa de unos 140-150 a 260, señal de que se ha decidido incrementar los tuits, posiblemente al añadir nuevos contenidos que publicitar.
  • T1: Tuits que hemos encontrado en esta búsqueda de los ovnis de Massachusetts. Su número oscila entre 9 y 23. Esto en un período de 9 días, lo que viene a ser uno o dos tuits de ovnis al día (por cada usuario).
  • Fw: Usuarios a los que ese usuario fake sigue. Los usuarios seguidos son unos cuantos de la misma red de usuarios fake, mas otra colección de cuentas populares que se usan ocasionalmente para retuitear contenidos.
  • screen_name: el nombre del usuario en Twitter. Lo pongo con el enlace para que podáis entrar en sus perfiles y comprobar el tipo de tuits que publican, todos falsos (menos los retuits de cuentas populares y los chistes).
  • location: el campo que declara la ubicación del usuario. Como es texto libre, no es de mucha confianza como información, pero en este caso lo normal es que no exista, salvo en los cuatro primeros, que ya dije que parecen reales (o de otra remesa más antigua).
  • description: el texto que se añade a la cuenta como descripción. Los fakes de este sistema no suelen tener.
Fecha creación      Días   Tuits   T/día  T1    Fw  screen_name                           location         description            
=================== ====   =====  ======  ==   ===  ====================================  ================ ============================
2012-02-20 21:22:34 1203    7157    5.95  10   328  https://twitter.com/Meche_San_Cas     Morelia          Ni los avances tecnológic...
2012-02-20 22:35:00 1203    7038    5.85   9    83  https://twitter.com/LupitaOrnelasPl   jiquilpan        La Familia como el sol, i...
2012-11-02 01:53:43  947    7803    8.24  10   268  https://twitter.com/MerariCam         Pátzcuaro, Mich  Exhiliada de Chihuahu ado...
2012-11-03 12:14:32  946   13672   14.45  13   267  https://twitter.com/MariMarSosam      Zitácuaro        Siento tu cuerpo, siento ...
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Líneas de tiempo

Respecto a las líneas de tiempo, se reconocían los tuits publicitarios antes descritos, pero también había dos tipos de tuits distintos:

  • Retuits de otras cuentas, principalmente de las cuentas recomendadas. Entiendo que pretenden dar una apariencia humana a la cuenta, retuiteando contenido de terceros para dar a entender que el usuario fake lee otras cuentas. Mirando con atención, no hay mucho criterio en la selección de los tuits; basta ceñirse a las cuentas recomendadas para obtener contenidos razonablemente lógicos.
  • Tuits de frases ingeniosas, combinadas con un TT para darles visibilidad. La estrategia aquí es aparecer en las búsquedas por TT gracias al HT, focalizar la atención de los usuarios por su naturaleza ingeniosa (hay infinidad de cuentas de las que se puede obtener esas frases) hacia el usuario fake y lograr en consecuencia que un usuario termine por entrar a curiosear en la TL del usuario fake, donde encontrará todos los tuits publicitarios.

alcalina3

 Análisis de variabilidad de los tuits

He hecho una búsqueda de tuits conteniendo las palabras comida alcalina, y me salen 531. Sin embargo, se observa que se han tomado precauciones para que no se reconozcan fácilmente que se trata de tuits repetidos, y menos de forma mecánica.

alcalina4

  • En rojo se marca el texto del tuit. Si los examinas, verás que son ligeramente distintos, como analizaremos a continuación.
  • En azul están los HT, que una vez más remarcaré que son TT que no tienen nada que ver con el contenido del tuit. Además, el sistema a veces sitúa el HT al principio en vez de al final.
  • Existen añadidos al tuit como un texto de introducción (en amarillo) y un emoticono (en rosa) al final, antes del HT cuando éste aparece al final.
  • Algunos tuits son RT de otros usuarios fake.

Todas estas variaciones pretenden simular que los tuits no provienen de la misma fuente, y de hecho funciona muy bien; yo descubrí todo esto gracias al uso de los TT inconsistentes: sólo al cabo de un tiempo inspeccionando los tuits fui descubriendo las distintas regularidades que presentan.

El análisis de las frases en rojo, que son el núcleo del tuit, presenta las siguientes variaciones:

alcalina5

Esto revela una combinación mecánica de tres grupos, cada uno de ellos formado por dos o tres subfrases:

  • preven las enfermedades / Prevenir enfermedades
  • gracias a comida alcalina / con comida alcalina
  • y sus propiedades beneficiosas / y sus beneficios / y sus múltiples propiedades

En el caso de los ovnis de Massachusetts, las variaciones se obtienen igual:

  • Los ovnis de Massachusetts/Las luces de Massachusetts
  • grabados en vídeo/capturados en vídeo
  • sobre la ciudad/sobrevolando la ciudad/maniobrando sobre la ciudad

Hay que reconocer que los diseñadores del sistema han dedicado un considerable esfuerzo en disimular su naturaleza mecánica.

A dónde remiten los links

Ya he mencionado antes la revista cuerpoymente.es, pero aquí voy a estudiar los enlaces que existen en estos tuits, para ver a quién pertenecen y qué pretenden publicitar. La estrategia para ello es capturar la TL de uno de estos usuarios fake y extraer de sus tuits los enlaces que contienen.

He usado a MonicaNaranjo90, un usuario cualquiera de la lista de más arriba. He recuperado unos 3200 tuits, de los cuales he descartado los RT (porque algunos son de las cuentas populares, y remiten a otros enlaces que no nos interesan) y los que no tienen enlaces. En total hay unos 1600 tuits con enlaces válidos, la mitad, lo que no sé si interpretar como una casualidad o como un criterio de diseño. En cualquier caso, estos 1600 tuits se corresponden con sólo 80 enlaces distintos, que se repiten, por tanto, unas 200 veces cada uno. Y esto en un periodo de análisis de 17 días, lo que da una idea del volumen de tuits fraudulentos que esta red introduce en Twitter.

Los 80 enlaces (bueno, 79 en realidad) se corresponden con tres dominios:

  • cuerpoymente.es: una revista o blog de medicina natural, salud y terapias alternativas. Hay 22 enlaces.
  • archivoparanormal.com: como su nombre indica, un blog sobre temas paranormales. 38 enlaces.
  • play.google.com: el almacén de aplicaciones de Google, desde donde se pueden descargar aplicaciones de un desarrollador: NatureSoft Games. 19 enlaces.

 

 

Por qué habría que mentir en las encuestas electorales

encuestas

Ante una encuesta electoral, todo el mundo debería mentir.

Piensa por un momento para qué sirven las encuestas electorales.

Su utilidad más inmediata es servir a los gabinetes de campaña, es decir al personal de marketing de los políticos, para establecer estrategias de acción adecuadas para maximizar el número de votos.

Se usan también como publicidad positiva (para nosotros) o negativa (para los adversarios), con la idea de que fortalezcan la imagen pública del político. Ese concepto no es muy diferente del de fortalecer la imagen de marca de un champú o unas latas de refrescos. No importa tanto su ideario como su impacto en el público objetivo.

Y otra utilidad es servir a los indecisos para saber qué va a votar la gente. Ni qué decir tiene que una democracia que se basa en votar según qué votaron los demás tiene un perfil francamente bajísimo.

¿Por qué defiendo que se deba mentir o engañar deliberadamente en las encuestas?

Concedo que los gabinetes electorales deben diseñar una estrategia electoral, y que para ello necesitan algún tipo de información. Pero creo que el uso del marketing en política es contrario a la esencia de la democracia. El marketing pretende vender. Vender como sea. Y un político no debería venderse (oigo vuestras risas), debería tener y exponer un proyecto de sociedad, una colección de ideas, directrices y planes que el elector debería estudiar y evaluar honesta y profundamente. El marketing político banaliza la política, la reduce a unos valores tan simples que no puede sino concluirse que una democracia construida sobre el marketing no tiene el menor valor de representatividad de la voluntad popular. Posiblemente el poder, el verdadero, se oculte en cualquier otro sitio.

Así que podemos decir que cuando contestas honestamente a una encuesta electoral estás proporcionando a las maquinarias de los partidos los elementos necesarios para manipular con mayor precisión la voluntad de las personas, alejándoles así de lo que es su verdadera misión como electores.

Mi idea es que debería acabarse con las perniciosas encuestas electorales, y si no puede hacerse por supresión directa hacerlo por el método expeditivo de impedirles adquirir ningún valor. Las mentiras de todos y cada uno de nosotros proporcionarían una colección de desvaríos estadísticos que no tendrían la menor utilidad. La gente sabría que todo lo que se publicita como encuesta es lisa y llanamente una mentira. Con el tiempo, se desacreditarían tanto que nadie se atrevería a exponerlas al público.

Sin encuestas, los partidos tendrían que concentrarse en sus propuestas y programas electorales. Seguirían prometiendo la luna ante las cámaras, pero al menos esos vendedores de crecepelo no podrían saber si el resultado de sus mentiras era el deseado, no al menos hasta después de las elecciones. Y el tiempo de telediarios que dedican a publicitar encuestas podría dedicarse a otras cosas más útiles.

Explicación para @mirrocafort y @PelosBi

A ver. No vuelvo a contestar tuits en plan lúdico-festivo sin haber sido invitado.

Verás, sigo a @PelosBi, y él a mí. Así, entrando en mi TL todo ocioso vi este tuit de @mirrocafort, que venía retuiteado por @PelosBi.

Naturalmente, este tuit despertó mi curiosidad, y seguí el enlace. Se trataba de un artículo sobre unos encuentros de espiritualidad organizado por Podemos.

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Yo soy de esa gente que se lee los artículos, más que nada para amortizar aquel cursillo de lectura rápida que hice hace treinta años. El caso es que en el artículo se refieren las actividades que se realizarán, y entre éstas se mencionan los debates. Llama la atención la referencia al debate con una “discípula del silencio”, algo que tuvo que chocar al periodista para mostrarlo entrecomillado.

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Y uno, en su ignorancia, como os manifesté en el tuit de retracto, visualizó ese debate llamativo entre personas ansiosas de saber y la “discípula de silencio”, ejerciendo su muda disciplina con pertinaz contumacia. Y eso es lo que me hizo gracia, y lo que os comenté en el tuit jocoso que tanto os desconcertó:

En resumen, que era una tontería. Sí. Lo que me deja un poco perplejo es que no me entendiérais. A lo mejor es que no llegásteis a leer el detalle del artículo, con lo que lo de la “discípula del silencio” queda un poco cojo.

Y si queréis ampliar conocimientos sobre esto de la “Escuela del Silencio”, en la web de los dominicos he encontrado este enlace.

A ver si me he explicado mejor ahora.

Supertramp y Boig per tu: el azar


No me lo creía cuando me dijeron que seríamos los teloneros de Supertramp. La noticia tuvo que ocurrir a finales de 1985, porque la gira de Supertramp fue durante la última semana de Enero de 1986.

Nuestro grupo se llamaba Banco, y lo formábamos Rosa Caparrós (voz), Michel González (bajo), Salva Aparici (batería) y Diego Buendía (guitarra). También venía como teclista Pep Sala, que al año siguiente formó el grupo Sau, junto a Carles Sabater.

Preparativos de la gira

El plan era ir con una furgoneta a San Sebastián, Bilbao, Madrid y de vuelta a Barcelona. Tocaríamos con el equipo de sonido de Supertramp, de modo que sólo teníamos que llevar nuestros instrumentos y amplificadores. Unos días antes del comienzo de la gira, Michel, nuestro bajista y mánager, me dijo que no iba a ser exactamente así: los técnicos de Supertramp nos dejaban solo la etapa de potencia, pero no la mesa de mezclas. De hecho, a mí me había parecido muy extraño poder usar la mesa de mezclas de Supertramp. ¿Cómo iban a dejarnos modificar los centenares de controles de sus ajustes para establecer los nuestros? Tendrían apenas un rato para devolverlo todo a su configuración inicial. No tenía sentido.

Así que hubo que improvisar. De pronto, teníamos que llevar una mesa de mezclas propia, y una caja de herrajes para nuestros micrófonos, y una manguera enorme para los cables. En la furgoneta no había sitio; la mesa de mezclas pudo colocarse sobre la baca del vehículo, pero definitivamente los cables y los soportes de micro no cabían. La manguera iba enroscada en un carrete metálico de casi un metro de diámetro, y los soportes iban en una caja que parecía un ataúd. ¿Dónde llevarlo todo?

Yo tenía entonces un Panda azul celeste, pequeño y barato. Me ofrecí para usarlo de transporte adicional, básicamente por dos razones. La primera, por ayudar. Siempre me ha gustado ayudar, sobre todo si es haciendo algo que me gusta hacer. Y en segundo lugar, por conducir.

¡Ah, conducir! Desde que aprendí a hacerlo, conducir ha sido una de mis pasiones. He podido conducir durante horas y horas, en un estado de ensimismamiento concentrado que me produce fatiga, pero también paz. Y en aquel tiempo, ventiañero como era, la perspectiva de conducir por media España conduciendo mi propio coche en una gira con unas superestrellas del rock era más de lo que podría haber imaginado en mis mejores sueños.

Todo el mundo respiró aliviado. Desmontamos el asiento trasero del Panda y vimos que los cables y micros cabían perfectamente. El coche iba un poco hundido por la carga, pero quién iba a preocuparse por eso, ¿verdad?

San Sebastián

El primer concierto era en el estadio de Anoeta de San Sebastián, poco más de 500 km de ruta. Michel venía de copiloto. De ese primer viaje recuerdo haber salido el viernes 25 de enero, por la mañana, y haber conducido ininterrumpidamente hasta cerca del límite provincial de Euskadi. Como eran las dos o así, paramos a comer en un bar de ruta de Lekumberri. Aquéllos eran los años de plomo en el País Vasco, y una vez sentados en el bar con nuestros bocadillos advertimos que desde otra mesa cuatro o cinco personas jóvenes nos miraban con hostil curiosidad.

Cuando salimos de allí, Michel me comentó que seguramente nos habían tomado por policías secretas, cosa insólita que sin embargo acepté con total normalidad. Con el tiempo he dejado de creer esa romántica hipótesis para aceptar la más convencional de que simplemente éramos forasteros en un pueblo pequeño. Pero en esos momentos recuerdo haber entrado en Guipúzcoa con verdadera aprensión.


Llegamos a Anoeta a media tarde, cuando ya se iba el sol. Había charcos en el tartán; parecía que hubiera llovido. Y hacía mucho frío, era pleno invierno. Guardo un buen recuerdo de nuestra actuación en Anoeta, aunque nuestro público apenas llenó un cuarto del aforo del campo. De hecho, no se ocuparon las gradas, si no recuerdo mal. La combinación del campo de fútbol y la pista de atletismo circundante era un espacio enorme, y ni siquiera Supertramp lo llenó.

El día siguiente era el único sin actuación, así que lo pasamos haciendo turismo por San Sebastián. A mediodía vimos a los miembros de Supertramp en La Concha, desde lejos, jugando un partido de fútbol en la arena. Alguno llevaba el albornoz del hotel. De hecho, los componentes del grupo viajaban en avión y se alojaban en el hotel hasta la hora de la prueba de sonido. Los técnicos pasaban una hora o más ajustándolo todo y, cuando ya estaba perfecto, llegaban las estrellas a comprobar si todo era de su gusto. Tocaban unos minutos, básicamente comprobando qué tal era el retorno de la señal en el escenario, y se volvían a ir al hotel hasta la noche. Nada que ver con nuestras prisas, puesto que apenas nos quedaba media hora para nuestra prueba antes de que se abrieran las puertas del recinto.

La tarde en San Sebastián empezó a complicarse cuando descubrimos el barrio de pescadores y todas aquellas tascas de pinchos y zuritos. Íbamos los cinco del grupo y Jaume Sitges, el técnico de sonido, que era a su vez bajista de la Orquesta Platería. Poco a poco nos fuimos dispersando. Pep y Jaume fueron los primeros en irse por su cuenta. Luego Rosa y Michel se fueron al hotel a descansar.

Salva y yo recorrimos todas las tabernas del barrio viejo. Me maravilló su perfecta disposición arquitectónica, puesto que salíamos de una y la trayectoria parabólica dictada por nuestro grado etílico nos llevaba directamente a la puerta de la siguiente, con una seguridad pasmosa.

Llegamos de madrugada al hotel. Michel, que hacía las veces de mánager, estaba de los nervios, porque no sabía nada de nosotros; era una época sin teléfonos móviles y no cabía más que fijar puntos de encuentro y esperar. La gente joven se extrañará de esto. Pero las cosas eran así entonces.

Compartíamos una habitación triple con Rosa, y ella estaba en su cama, asustada, casi a punto de llorar. Sentí una familiar culpabilidad, pero no me duró mucho, porque me dormí enseguida, mientras la habitación giraba lentamente a mi alrededor.

Bilbao

Al día siguiente, resacosos y cansados, nos fuimos levantando cada uno a nuestro ritmo. El siguiente destino era Bilbao, y puesto que está a poca distancia de San Sebastián, no fue complicado volver a recomponer la disciplina de la banda.

El antiguo Palacio de Deportes de Bilbao estaba en un lugar bastante feo, haciendo honor a la fama de ciudad gris que Bilbao tenía en aquellos tiempos, todavía lejos de la remodelación de la ría y la construcción de diversos edificios singulares. Sin embargo, su interior era muy acogedor, comparado con Anoeta. Para empezar, era un recinto cerrado. Y la gente de Bilbao fue muy amable con nosotros. De hecho, fue la última actuación agradable que tuvimos.


Acabado el concierto, recuerdo estar esperando junto a mi coche en una calle ancha que nos llevaría a la autopista de Vitoria. Era oscuro, hacía frío. Jaume Sitges era mi copiloto y esperaba en el coche. Yo intentaba ver la furgoneta de mis compañeros entre el tráfico, que se retrasaba inexplicablemente. Empezaba a chispear cuando, por fin, apareció la furgoneta. Me subí al coche y nos pusimos en marcha, yo iba delante y vigilaba por el retrovisor los faros del otro vehículo. Era noche cerrada y nos quedaban 600 kilómetros hasta Madrid.

Subiendo el puerto de Vitoria, la furgoneta pinchó y tuvo que detenerse. Yo no me di cuenta, porque seguía viendo los faros por el retrovisor. Chispeaba, neviscaba. Los cristales estaban empañados. En un momento dado, Jaume me comentó que creía que lo que nos seguía no era la furgoneta, así que reduje la velocidad y la dejé pasar. Y, efectivamente, no era la furgoneta, sino un autocar, lo que nos adelantó. Desconcertado, seguí unos kilómetros más y me detuve en una gasolinera, esperando a verles venir. Pero no venían, y al final empezamos a dudar de si no nos habrían adelantado sin que nos diéramos cuenta. Entonces decidimos seguir solos hasta Madrid, puesto que teníamos allí un hotel en el que reunirnos.

La ruta por la meseta fue azarosa. Según avanzábamos por fantasmagóricos páramos, la soledad resultaba cada vez más opresiva. Para acabar de aderezarlo, el piloto de la gasolina empezó a parpadear. Un poco inquieto, empecé a buscar indicaciones de gasolineras. Me detuve en la primera, solo para comprobar que estaba desierta. Un rótulo indicaba que desde las 11 de la noche a las 7 de la mañana no había servicio. La situación se complicaba. Otro rótulo decía que la siguiente gasolinera estaba a unos veinte kilómetros. Empecé a conducir en plan conservador, por si acaso.

Esa noche llegó a ser angustiosa. El fenómeno de las gasolineras cerradas se repitió dos o tres veces. En unas ocasiones la distancia a la siguiente era de veinte kilómetros, en otras de cuarenta: el caso es que estaba cruzando la lúgubre meseta prácticamente sin gasolina. De hecho, empecé a pensar que quizás sería una buena idea detenerse en una gasolinera hasta las siete, en vez de arriesgarse a quedarse tirado en mitad del páramo.

Madrid

Afortunadamente no pasó lo peor. Cuando apenas empezaba a clarear encontramos la — al parecer — única gasolinera en toda Castilla que abría las venticuatro horas. A partir de ahí, ya no estuve preocupado por la gasolina, pero a cambio me sentí repentinamente muy cansado. A las siete de la mañana llegamos al hotel en Madrid, sin tener noticias del otro grupo, y decidimos alojarnos y dormir un rato, a pesar de que a las diez teníamos que levantarnos para ir a la televisión.

El plan del día era abrumador. A las once teníamos que estar en los estudios de Televisión Española para hacer las pruebas de sonido, porque íbamos a tocar en directo un par de canciones en el programa La Tarde, un magacín que pilotaba la actriz María Casanovas. El programa era a las cuatro, y a las seis había que estar en el Palacio de Deportes de Madrid para la prueba de sonido. El concierto era a las diez, y a las doce o así teníamos que salir de nuevo rumbo a Barcelona, para el último concierto de la minigira.

Yo era vagamente consciente del riesgo de pasar dos noches en ruta, pero tenía ventipocos años y la verdad es que todo me parecía una gran aventura.

A las diez nos despertó Michel, que nos contó brevemente lo que había pasado con la furgoneta. Subiendo el puerto que hay antes de Vitoria tuvieron un pinchazo, y como estaban en medio de ninguna parte, tuvieron que ir a pie hasta la gasolinera anterior para pedir auxilio. Entre la caminata y la reparación se demoraron tanto que llegaron a Madrid ya de día. Claro que ellos pudieron dormir, porque el que conducía era el chófer de la furgoneta, que a su vez nos ayudaba en el montaje y desmontaje de los equipos.


En los estudios de TVE todo fue un tanto aséptico. Montamos el equipo, nos invitaron a comer en los comedores del centro y nos presentaron a María Casanova. Nos dijeron qué teníamos que hacer, cuándo entraba nuestro directo, y nos advirtieron muy seriamente que no hiciéramos ningún ruido ni antes ni después. Así que estábamos allí casi aguantando la respiración.

Puesto que no había público, la sensación fue extraña. Acabamos de tocar y se hizo el silencio. Quedaba otra canción. Yo quise afinar la cuerda aguda, sin hacer ruido, pero se escapó un tzing. Casi se me hiela el pulso. María hizo un comentario distendido para salvar el momento, pero yo vi claramente la cara de disgusto del regidor. Ya no volví a respirar hasta que cerró el programa.


Con bastante mal cuerpo por el rato en televisión y por la noche sin dormir, fui al Palacio de Deportes. La experiencia fue igual que en Bilbao. Supertramp hizo su prueba y nos dejó apenas el tiempo justo para la nuestra. Esa noche empezamos a tocar y ya vimos que el público no iba a ser muy receptivo. Silbidos y gritos demostraban que no éramos bienvenidos. No ayudó mucho que en televisión fuéramos presentados como un grupo catalán. La combinación de nuestro origen con el hecho de ser teloneros y por tanto estar ocupando un tiempo que la gente preferiría que fuera ocupado por el grupo principal hizo que en vez de aplausos, como en Bilbao, sufriéramos un crudo abucheo.

El efecto sobre nosotros fue demoledor. Salva empezó a acelerar los tiempos a la batería, deseando inconscientemente acabar cuanto antes con la horrible experiencia. Si Salva corría, íbamos todos detrás como un rebaño; la cosa no tenía arreglo. Yo le miraba implorante, pero él no me veía, iba en automático. Y para mí era terrible, ya que mis partes de guitarra tenían trozos rítmicos muy rápidos que no conseguía ejecutar en aquel modo reprise.

Nuestra actuación de cuarenta minutos quedó reducida a apenas veinticinco, pero ni siquiera esa reducción sirvió para que el público de Madrid fuera un poco compasivo. Nos llevamos todos los abucheos del mundo y salimos de allí con la alegría del que ha escapado del infierno. Lo único que ganamos fue una foto que Scott Page, el saxofonista de apoyo de Supertramp, nos consiguió con la banda. Scott era un tío encantador, todo lo contrario que los inaccesibles Rick Davies y John Helliwell, que parecían estrellas endiosadas y demasiado pagadas de sí mismos. Quizás como castigo final, la foto quedó medio desenfocada.

El incidente

Desmontamos y empacamos a toda prisa, entre aliviados y corridos. Y nos quedaban otros 600 kilómetros nocturnos hasta Barcelona. En esta ocasión fue Pep Sala el que se vino de copiloto conmigo. No recuerdo nada más que una cosa de esa noche, que justifica en cierto modo haber escrito todo este relato, como veréis.

Nada más salir de Madrid, la borrasca que nos había acompañado la noche anterior viniendo de Bilbao se recrudeció y empezó a nevar de nuevo. En la calzada empezaba a formarse una ligera capa gris, solo marcada por las rodaduras de algún coche precedente. Yo debía de estar muy cansado.

Sin extrañeza alguna, me encontré de pronto en un paisaje de nubes. Unas nubes blancas y algodonosas sobre un fondo azul, que iban desplazándose hacia arriba lentamente, como si estuviera yo cayendo sin apenas peso. Era una sensación de paz inefable.


De pronto siento un clic, como al accionar un interruptor eléctrico de pared, y todo se queda a oscuras, salvo el haz de las luces de mi coche. Estoy desorientado, así que me esfuerzo por saber dónde estoy, y lo primero que me llama la atención es la raya del arcén, que es discontinua. Eso es raro. A la izquierda, la línea de la mediana es continua, y por fin entiendo: estoy circulando por la izquierda, a punto de salirme de la carretera. A la suerte de haber despertado a tiempo debo añadir la de que no circule nadie por esas carreteras de Soria de madrugada.


Vi que Pep no se había despertado. Mejor para él. Pero yo ya sabía que había estado dormido, y a partir de ese momento fui consciente del sueño brutal que tenía. Se me cerraban los ojos tan bruscamente que no coincidía con la pérdida de consciencia que lleva al sueño. De hecho, estaba despierto mientras sentía que me dormía. Era extraño.

La nieve empezaba a ser preocupante. No llevaba cadenas, y si el temporal seguía seguramente tendría que detenerme. Era posible morirse de frío, pero no me importaba, realmente. Lo que me preocupaba era dormirme. Me descalcé para sentir el frío en los pies, abrí la ventana. Sacaba la cabeza para que me azotase la nieve. Seguí luchando contra la fatiga durante unos cincuenta kilómetros más, hasta que llegamos a la confluencia con la autopista de Zaragoza.

La nieve había quedado atrás según bajábamos al valle, pero conducir por autopista es tan soporífero que comprendí que no podía seguir. Desperté a Pep y le pedí que se hiciera cargo. Nada más sentarme en el asiento del acompañante, me quedé dormido como un tronco. Y ya no desperté hasta Barcelona.

Barcelona

Cuando llegamos, nos enteramos de que la actuación de esa noche se había aplazado. Uno de los camiones de Supertramp se había quedado atravesado en la misma carretera nevada que habíamos transitado la noche anterior, cabe suponer que por el exceso de nieve, y no había llegado a tiempo a Barcelona. Lo celebré en mi fuero interno, porque sólo quería dormir. Me fui a mi casa, y el resto de los miembros de grupo hizo lo mismo. Pep se marchó a Vic. Yo pasé diecisiete horas seguidas durmiendo de un tirón.

Al día siguiente me encontraba mucho mejor. Fui al Palacio de los Deportes y me reencontré con la banda. Bueno, con casi toda la banda: faltaba Pep. Según iba acercándose la hora de la prueba de sonido, nos íbamos poniendo nerviosos. Llamos a su casa en Vic, pero su madre nos dijo que había salido, que venía en tren. De hecho, nos dijo también que estaba nevando fuerte, lo que empezó a pintar un cuadro inquietante.

No hubo suerte con Pep. No vino, y tuvimos que improvisar un trío, a lo Police. Jaume Sitges intentó arreglar algo el desaguisado metiendo mi guitarra por la mitad de los canales de la mesa de mezclas, con la esperanza de que el sonido, procesado con distintos efectos, ecos, reverberaciones y demás, supliera los fondos armónicos que el teclado de Pep proporcionaba. Era complicado. Pep solía tocar la armonía y yo figuraciones rítmicas por encima. Sin armonía, mis adornos no tenían sentido. Tuve que improvisar una guitarra rítmica sencilla, y aun así cuando dejaba de tocar sentía que un ominoso silencio se adueñaba del recinto. Lo pasamos mal otra vez.


Me falta explicar qué ocurrió con Pep. Lo supe unos días después, cuando pude hablar otra vez con él. Como nos había dicho su madre, salió en tren por la mañana, con su teclado sintetizador. La nevada hizo que el tren se detuviera en el camino, cerca de Tona. Quedó inmovilizado, con todo el pasaje dentro. El interventor pidió un voluntario para ir a la estación de Vic a pedir ayuda, y Pep se ofreció. Pep es un tipo robusto, y supongo que por eso le comisionaron. Se puso el teclado al hombro y echó a caminar, con la nieve por las rodillas. Viendo que la situación era más complicada de lo que pensaba, se detuvo en una masía próxima para dejar allí el teclado, y continuó caminando por las vías en mitad de la ventisca.

Cuando Pep llegó a la estación de Vic, estaba medio congelado. Le metieron en una bañera de agua caliente y montaron el dispositivo de rescate. Él ya no se planteó bajar a Barcelona, visto el panorama. Como no tenía forma de ponerse en contacto con nosotros, no pudo avisarnos. De todos modos, aunque nos hubiera avisado no habría cambiado nada: habríamos tenido que tocar sin él, de todas formas.

El azar

De todas las peripecias que pasamos en aquella minigira, lo más impactante para mí es aquel sueño de nubes mientras atravesaba Soria. Pep dió con la tecla del éxito al año siguiente, formando el grupo Sau con Carles Sabater. Sau fue uno de los grupos principales del rock catalán de los ’90. Y crearon Boig per tu, su canción más popular, que ha sido un himno para una generación entera de catalanes, y que han interpretado también Shakira y Luz Casal, esta última en castellano. Por cierto, en los créditos de la versión de Luz Casal aparezco como coadaptador. Las vueltas que da la vida.

Sabiendo todo esto, comprenderéis que me de cierto vértigo pensar que, si no me hubiera despertado de aquel hermoso sueño de nubes, posiblemente todo habría sido distinto. Habríamos tenido un accidente. Igual habríamos muerto. Yo muerto no habría podido contaros todo esto. Y Pep Sala no habría formado Sau, ni escrito el Boig per tu, con lo que una generación de catalanes se habría quedado sin banda sonora y sin himno generacional.

Así que, ya sabéis, fans del rock catalán. Me debéis una.

A mi amiga de la O.N.G.

Una medíco de MSF (foto El Mundo)
Una médico de MSF (foto El Mundo)

No encuentro a nadie más digno que tú
que te has ocupado de los desahuciados
sin otra herramienta que el cariño humano.

Admiro tu esfuerzo, sin fe y sin premio.
Tú ves que no hay meta al final del camino,
mas sigues tendiendo a todos tu mano

Tú no imaginas, oh, cómo te admiro
hasta el punto de mirarme en ti

Y preguntarme,
y decidir

que nada me da más miedo
que no servir para nada,

verme extinguido en días y noches,
verme olvidado de seres queridos.
Viejo viajero, oropel de impotencia.

Yo, evitando al espejo sardónico
que hurga en mi alma aunque no le permito
ironizar con su cruda insolencia

¡Cómo te admiro, querida!
¡Hoy, que te tengo tan lejos!

Tú que igualas, o superas, mis talentos,
y que llevas, generosa, un sobrio traje
de servir
(a quien no te lo pidió)

Tú que sientes en tu alma que envejeces
y que ellos, los muchachos…
Ellos no

Viaje al cerebro de Mariano Rajoy

cerebro rajoy

Hola, les hablo desde el cerebro de Mariano Rajoy en este día especial de su sexagésimo aniversario.Hoy voy a tratar de discernir para ustedes algunas de las interioridades de su pensamiento. Desde DENTRO.

Existe un estado de opinión generalizado que afirma que Rajoy es un ser absolutamente impenetrable, que filtra su pensamiento con cuentagotas y siempre en unas condiciones controladas que restringen severamente la capacidad de matización por parte de sus interlocutores. Pues bien, nuestro objetivo hoy es acceder de primera mano al esquivo pensamiento del líder, y qué mejor manera para lograrlo que acceder in situ a su materia gris y documentarnos sin intermediarios, con rigor e imparcialidad, en cada una de las circunvoluciones de su cerebro.

Rajoy niño
Rajoy niño

Guarda Mariano un recuerdo remoto de su abuelo Enrique, al que perdió cuando tenía once años. El abuelo era jurista, como su padre. En los años treinta, el abuelo Enrique fue impulsor y protagonista de la redacción del Estatuto de Autonomía de Galicia. Cuando el otro gallego ganó su guerra contra la República, el abuelo fue represaliado, aunque se le perdonó unos años más tarde. En la mente de Mariano se graba una sólida directriz: no es buena idea significarse políticamente. A quien levanta la cabeza se le acaba rebanando el cuello. La imprudencia política del abuelo fue su perdición, y las sucesivas generaciones de los Rajoy no volverían a cometer ese error.

El influjo del padre de Rajoy queda bien grabado en la mente del joven. De ese ascendente es prueba el hecho de que hoy día el anciano padre todavía convive con el presidente en La Moncloa. Rajoy padre vivió una vida sustancialmente diferente de la del abuelo: fue jurista también pero no tuvo una palabra más alta que otra en relación al régimen político en el que desarrolló su carrera profesional. El joven Rajoy hizo una regla de tres a partir de las vidas de su padre y su abuelo y sus respectivas consecuencias y llego a una conclusión diáfana: las cosas es mejor dejarlas como están. Pertenecer a una buena familia es un patrimonio intangible pero sumamente valioso, y bien utilizado se convierte en un seguro de éxito profesional.

Rajoy adolescente

Así fue como el niño Rajoy se determinó a luchar por su posición en la vida siguiendo los pasos de sus mayores, pero haciendo de la prudencia una divisa personal. No parece encontrarse dentro de este cerebro una brillantez intelectual significativa, pero sí una capacidad memorística notable. Añadiendo a esta cualidad una voluntad gris, pero precisamente constante en tanto que rutinaria, el cerebro de Rajoy albergó todo el Derecho necesario no solo para licenciarse sino también para aprobar unas oposiciones de Registrador de la Propiedad.

Cabe decir que el de Registrador es un buen oficio. No necesita ninguna virtud o brillantez personal, puesto que la clave de este oficio consiste en que se acepta como verdad oficial aquello que sus profesionales avalan. Si alguien dijera: lo que Diego Buendía dice va a misa, la gente pagaría por cada una de mis aseveraciones. Bueno, pues eso es ser un Registrador. El hecho de que por sus actuaciones profesionales haya que pagar unas buenas tasas es también una circunstancia conveniente. El padre de Rajoy debió de tenerlo claro, puesto que todos los hermanos son o Registradores o Notarios.

Pero volvamos al cerebro de Rajoy.

A modo de resumen, en esta mente se combinan la conciencia de pertenecer a una buena familia, la convicción de que la prudencia es una virtud suprema y la fuerza de voluntad, entendida en el sentido menor de apego a la rutina diaria.

Recorro este cerebro y observo un apego especial hacia las cosas cercanas, familiares y domésticas. Los recuerdos familiares, las anécdotas de los amigos de siempre y el gusto por la sencilla vida de provincias, contrastan con la alergia a los desconocidos, ya se trate de personas brillantes o estrafalarias. En su discreción, el cerebro de Rajoy discrimina enseguida a la gente de bien, y su prudencia le permite poner cruces rojas sin apenas revelarse en esos pequeños tics del lenguaje no verbal. Los que le conocen, sin embargo, se compadecen de ese interlocutor que ha sido marcado por el jefe sin haber tenido siquiera conciencia de ello.

Mariano Rajoy en 1993
Mariano Rajoy en 1993

Lamenta Rajoy haber sucumbido en ocasiones a la tentación de haber creído tener algo que decir. En los albores de su carrera política, con ventiocho años, fue elegido presidente de la Diputación de Pontevedra, y mal aconsejado por su vanidad, publicó un par de artículos en la prensa local explicando con sinceridad sus más íntimas convicciones, en particular las referidas a la virtud de pertenecer a una buena familia de cara a tener éxito en la vida.

Enternece un poco leer a un joven Rajoy pretendiéndose plumaje de intelectual en un discurso un tanto bisoño en la forma como falto de rigor en el fondo. Su fascinada incursión en el ámbito de la genética, con referencia a los venticuatro cromosomas del genoma humano, es prolija e inexacta como la descripción de los maravillosos cristales de colores que podría haber hecho un indígena tras el encuentro con los conquistadores españoles. Pero algo positivo tienen ambos artículos: son sinceros y explícitos en su exposición del pensamiento íntimo de Rajoy. Y en eso mismo radica el desagrado que Rajoy siente al evocarlos.

En el cerebro de Rajoy, a un nivel hipotalámico, se instaló una convicción de que expresarse con palabras no produce ningún beneficio. La vanidad que uno nutre con su exposición no compensa la desprotección que se deriva de darse a conocer uno mismo tal cual es a todo el mundo. Quizás por eso Rajoy no volvió a publicar nunca más. Una nebulosa discreción se añadió a su ya bien establecida prudencia.

Sin embargo, pretender una carrera política tiene el inconveniente de obligar a una acusada exposición pública. En el cerebro de Rajoy se guardan ominosas ocasiones en las que su verbo, inevitablemente, le expuso al rigor de la crítica ajena. Cuando Aznar le nombró Portavoz de su Gobierno, Mariano tragó saliva. No podía negarse porque le iba la carrera política en ello, pero se lamentó internamente puesto que el cargo le obligaba de forma explícita a exponerse, tomar partido, explicar las cosas. Ni el más anodino de los tonos en su discurso podría mitigar la evidencia de que habría preguntas y no le quedaría más remedio que contestar y, contestando, revelarse al mundo.

En esa época Rajoy capeó como pudo la necesidad de explicarse en público contrariando su íntima voluntad de silencio. Han quedado para la historia sus hilillos de plastelina del Prestige, que describían desde su mente mariana de socio de casino de provincias el terrible espectáculo de kilómetros de playas gallegas vestidas con un manto de chapapote. Y también sus declaraciones dudando sobre la existencia del cambio climático, que indirectamente hicieron famoso a su primo, el físico nuclear José Javier Brey.

Revelando esa alergia a la palabra que ha terminado materializándose en sus declaraciones en plasma, Rajoy sentenciaba en una entrevista de 2007: “Uno habla mucho y a veces se puede equivocar”. El cerebro de Rajoy, en su fuero íntimo, tenía claro que en lo sucesivo iba a ser aún más reservado, llevándonos a este extremo en el que para saber qué piensa Rajoy hay que recorrer en primera persona los pliegues de ese cerebro.

A pesar de las vicisitudes, Rajoy ha medrado hasta llegar finalmente a la Presidencia del Gobierno. La ventaja de ser presidente es que ha podido hacer realidad su sueño: el de callar. Ahora tiene toda una plantilla de subalternos que, con mejor o menor fortuna, pueden (y deben) hacer ese trabajo por él. Hecha realidad la discreción soñada, abandonados los juveniles sueños de luminaria intelectual, Rajoy ha podido dedicarse a otra de las directrices de un pensamiento trenzado desde bien pronto, a saber, la que dice que ser de buena familia es básico para tener éxito en la vida.

En base a ello, su actividad política se ha basado en favorecer a la gente de confianza. Cuando se le acusa de connivencia con el poder económico, se comete una injusticia, ya que esa abstracción es completamente inasible para Rajoy. Para Rajoy, lo que hay es gente de calidad, personas con nombre y apellidos; gente de buena familia, de un círculo contrastado donde todos se conocen y por tanto confían entre sí. El Estado no es más que un premio, un territorio que han colonizado todas estas buenas gentes y que poco a poco tratan de conquistar con la mentalidad épica de los antiguos colonos. Se cercena una riqueza pública y se convierte en un patrimonio familiar de una familia patricia. Y, en caso de necesidad, otras familias acuden en ayuda de ésta, desde las otras parcelas colonizadas del Estado. Medran y triunfan los que tienen los venticuatro genes buenos, y los demás no pueden sino aspirar a la envidia impotente.

Nada hay de incoherente en el cerebro de nuestro invitado de hoy. No es un ignorante, ni un títere del capital. Es un hombre que cree en la desigualdad, que sabe que está en el lado de los escogidos y que piensa que el país le pertenece a él y a los suyos. Y que cualquier cesión a los del otro lado sería una traición a España y una injusticia para ellos, los que merecen el país y lo nutren de dignidad. Sólo desde esa honesta convicción se podría ser tan eficiente en la destrucción de la justicia social sin sentirse carcomido por la culpabilidad.

Y esto es todo lo que les puedo contar hoy desde el cerebro de Rajoy. Un hombre satisfecho, un hombre de bien, que ha hecho su trabajo de la forma más discreta posible.

Desde el cerebro de Rajoy, Diego Buendía, para las Noticias del Mediodía.

Gracias por tu confianza
Gracias por tu confianza

Cervantes y la maldición de la bala

La batalla de Lepanto
La batalla de Lepanto (cuadro de Paolo Veronese)

El discurso sobre las letras y las armas es una larga perorata que Don Quijote pronuncia durante la cena que comparten todos los personajes que hay en ese momento en la venta. Ocupa el final del capítulo XXXVII y buena parte del XXXVIII. En él Don Quijote compara los méritos de la carrera de armas con la de las letras, expresando con vehemencia y aparato retórico su convicción de ser más alta y digna la primera que la segunda.

Para Don Quijote, el servicio de las armas no es solo una cuestión de fuerza, sino también de entendimiento, de voluntad y de valor. El hombre de armas tiene el deber de preservar la paz, requisito primero para que los hombres de letras puedan aplicarse a impartir justicia. Los estudiantes, con ser pobres y pasar hambre, siempre tienen un sitio en el que cobijarse; y, al final de sus desvelos, les espera un cargo desde el cual resarcirse de sus penurias. Al soldado, en cambio, sufriendo un rigor mayor, que implica frío, miedo y noches al raso, rara vez tiene otro premio que una herida o la muerte. Y, en el caso raro de la victoria, su premio se ha de detraer del de su señor y ser repartido con sus compañeros de armas, lo que hace esa compensación rara y escasa.

Cervantes pone en boca de Don Quijote una ardiente defensa del arte de las armas, tan apasionada que en algún momento deja de parecer la voz del personaje para convertirse inequívocamente en la del que fue un día militar. Así, explica con detalle de experto tanto la tarea del contraminado de los túneles de un enemigo que intenta vencer una muralla, con el terror de volar por los aires incluido, como la maniobra de abordaje en una batalla naval, todavía más extraña para Don Quijote. Este último escenario por fuerza habría de ser completamente ajeno al hidalgo de la Mancha, experto solo en los lances imaginarios de los libros de caballería.

Pero ése no es el caso de Miguel de Cervantes, curtido soldado que además acreditó un valiente comportamiento en la batalla de Lepanto, combatiendo a pesar de estar enfermo de calenturas y siendo herido en el pecho y la mano. Esta descripción que hace Don Quijote del abordaje no parece sino un recuerdo muy querido del propio Cervantes, que se entrega a su ensoñación a través de la voz de su personaje:

Y si éste parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventajas el de
embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales
enclavijadas y trabadas, no le queda al soldado más espacio del que concede
dos pies de tabla del espolón; y, con todo esto, viendo que tiene delante
de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de
artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una
lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los
profundos senos de Neptuno; y, con todo esto, con intrépido corazón,
llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta
arcabucería, y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario.

No parece aquí que hable el lunático caballero, sino el nostálgico soldado, al que le empuja el indisimulado orgullo de haber estado presente en la mayor batalla naval de todos los tiempos. La pasión de Cervantes es tanta que descuida incluso la redacción: repite dos veces la construcción “y con todo esto”, como si hubiera escrito esta parte de corrido, con el encendido ánimo del que recuerda los momentos más brillantes de su biografía. La repentina aparición del hombre real que era Cervantes en el trabajado artefacto de la ficción que es El Quijote es para mí una muestra de que este asunto del mayor mérito del ejercicio de las armas era algo más que una convicción: era una cuestión de honor, algo muy personal dentro del alma de Cervantes. Tanto es así, que el final del discurso de Don Quijote deriva hacia un tema que necesariamente tuvo que mortificar al Cervantes soldado: la existencia de la reciente tecnología del arma de fuego, que siega por igual la vida del hombre de mérito que la del cobarde. Aquí Don Quijote maldice esas nuevas armas, que permiten que un miserable arrebate la vida al más gallardo de los caballeros:

Bien hayan aquellos
benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos
endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí
que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención,
con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un
valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del
coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una
desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor
que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un
instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.

Es fácil imaginar a Cervantes, el soldado, haciendo suyas esas palabras y resintiéndolas en el peso muerto de la mano que le quedó inútil a causa de un arcabuzazo. Aquella maldita bala que le seccionó un nervio y le impidió volver a usar la mano durante el resto de su vida. La impotencia de ver que ni el más valiente pecho es inmune a la desmandada bala, de la que no se sabe ni cómo ni por donde viene, mortifica profundamente al soldado y a su sentido del honor.

Después de esta disgresión del personaje, vuelve el Don Quijote que nos resulta familiar: aunque lamenta haberse hecho caballero andante en esta época en que puede morir por la furia de la pólvora y el plomo, reconoce que su misión, aunque más difícil, tiene un lado bueno:

Pero haga el
cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si salgo con lo
que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los
caballeros andantes de los pasados siglos.

Es decir, que su mérito de caballero, si es que tiene el premio de la victoria, le hará mayor que a sus predecesores, que no tuvieron que enfrentarse a esa nueva tecnología de muerte que son las armas de fuego. Aquí tenemos de nuevo al animoso caballero, dispuesto a continuar su misión sin acobardarse por las renovadas dificultades que su época le presenta.

Me encanta Don Quijote.

El Ministerio del Tiempo: una lectura política

ministerio del tiempoMe gusta la serie de televisión de El Ministerio del Tiempo. Es una serie que combina el género fantástico con el de época, usando los viajes en el tiempo sin enredarse con la paradoja temporal. Además tiene tono humorístico, y está muy bien hecha. El viaje a los momentos estelares de nuestra historia es ameno y entretenido. Y eso es un mérito, en un género donde cuesta poco ponerse mayestático y solemne en perjuicio de la pura diversión.

O sea, que queda claro que creo que El Ministerio del Tiempo es una gran serie, al menos en sus tres primeros episodios, que son los que se han emitido cuando escribo estas líneas. Y es grande, aparte de por las cosas citadas hasta aquí, porque da pie para reflexionar a partir de la materia prima que proporciona.

Uno de esos pensamientos que me da vueltas es la propaganda última que la serie puede contener, interpretada en términos políticos.

No descubro nada nuevo si digo que las manifestaciones deportivas se usan como vehículo de difusión de discursos políticos. Y es así aunque es lugar común decir que la política no debe mezclarse con el deporte. Los éxitos deportivos de un país se usan políticamente como elementos de exaltación nacional. La televisión enfatiza esos éxitos deportivos como una especie de certificado de mérito del país en su conjunto. Gracias a ellos la gente se identifica con su bandera y con su himno, y se sienten parte de algo que merece la pena. Y los países que son punteros en el ámbito deportivo usan su hegemonía como un símbolo de una superioridad de índole más general, que muy a menudo es verdadera.

Las manifestaciones artísticas también incluyen mensajes políticos. El cine americano ha hecho más por la colonización cultural de los pueblos del mundo que sus propios ejércitos. Nos han hecho admirar su democracia y sus instituciones, los valores de su cultura, sin dejar de recordarnos la superioridad de los marines americanos en todo tipo de hazañas bélicas. Y nos han mostrado con crudeza qué les ocurre a aquellos pueblos que eran un obstáculo a la expansión de su modo de vida, como aquellos infortunados indios de tantas películas del Oeste.

Así que, visto que todas esas manifestaciones humanas pueden, y de hecho suelen impregnarse de propaganda, me puse a pensar en qué podía resultar propagandística mi serie favorita de televisión. Mi punto de vista acabó resumido así, en un tuit:

Para mi sorpresa me replicó Paco López Barrio, guionista de la serie:

Pensé un rato sobre esto, porque a priori parece un argumento razonable. Pero si lo piensas bien, esa frase es profundamente pesimista. Un optimista podría pensar lo contrario, que nuestra historia podría haber sido mucho mejor con solo un par de retoques aquí o allá. La única virtud – llamémosle así – de nuestra historia es que ya la conocemos, y en ese sentido sí que podría darle la razón al subsecretario.

Y aquí vengo a la argumentación en términos políticos que prometí en el titular de este texto. Durante los últimos años hemos tenido un gobierno muy de derechas. Pero no es solo el gobierno: una omnipresente propaganda neoliberal ha conseguido calar incluso en personas que, por su circunstancia social, no deberían ser fans del liberalismo.

Estos propagandistas nos han vendido la certeza de que nada puede ser mejor de lo que ha llegado a ser, con sus vicios y sus virtudes. Es eso. Nada podemos hacer. El mercado funciona automáticamente: donde pueda optar entre beneficio y justicia, se decanta por beneficio. La pobreza existe, lamentablemente. Y así con todo.

En la serie, un ministerio entero se preocupa de mantener, fijar y dar esplendor (al modo de la Real Academia de la Lengua) a la historia que ha hecho de nuestra nación lo que es hoy, y eso a pesar de que lo que es hoy España no es en absoluto algo para andar tirando cohetes. Pero es igual; “podría ser mucho peor”, y eso es razón suficiente para luchar contra viento y marea contra cualquier cambio.

Quizás en otros tiempos, con otras ideas y utopías campando por las mentes de la gente, esta serie se podría plantear al revés: qué sería esta España si este o aquel acontecimiento que inclinaron el rumbo de la historia hubieran podido evitarse o desenvolverse de alguna otra manera. Imaginar otras Españas hipotéticas; mejores, si puede ser, ya que nos ponemos a imaginar. Imaginar una España sin la Inquisición, sin Fernando VII, sin la guerra de 1936. Todo un desafío para un grupo brillante de guionistas como los de El Ministerio del Tiempo.

Seguramente esta otra versión de El Ministerio del Tiempo no hubiera obtenido el visto bueno para llegar a buen término. Los que nos gobiernan prefieren que nada cambie, y, mejor aún incluso, que nadie albergue la esperanza de que algún cambio sea posible. Y solo faltaría que una serie de televisión incluyera propaganda de sociedades utópicas e hipotéticas, diferentes de todo esto que tanto trabajo ha costado grabar en la conciencia de la gente.

Pero bueno, nada esto es responsabilidad del brillante equipo que ha creado El Ministerio del Tiempo, al cual no quisiera dejar de felicitar otra vez desde aquí. Ya dije que me encanta la serie, ese rato de ensoñarse en una historia fantástica y tan bien trenzada. Lo que no me gusta es el signo de los tiempos, pero ¿a quién puede importarle eso?

Reordenar columnas de texto con una sola sentencia Python

Hace días que no hago elucubraciones en Python, así que hoy voy a enseñaros algo que hice ayer por pura necesidad. Se trata de tomar un texto que contiene columnas separadas por tabuladores y transformarlo cambiando de orden unas columnas y suprimiendo otras.

Tengo una hoja Excel donde llevo mis cuentas, y que relleno copiando directamente los asientos desde la página web de mi banco. Las columnas del Excel coinciden con el orden de la web, y por eso basta la copia directa. Pero ayer hacía dos meses que no hacía cuentas (efecto colateral de EQ17KT), y tuve que recurrir al histórico del banco. Y en el histórico, qué mala suerte, las columnas son distintas.

En las dos imágenes siguientes se ve más claro:

datos recientes
Formato de los datos recientes
Formato de los datos históricos
Formato de los datos históricos

Para trabajar con más comodidad, tomé los datos copiados y los guardé en el fichero VISA.CSV. Nada impide insertarlos directamente como texto multilinea en Python, usando la sintaxis de triple comillas:

texto = """
Este es un texto
multilínea
copiado directamente
"""

Abrir y leer un fichero en Python es sencillo:

f = open("visa.csv", "r")
texto = f.read()
f.close()

Otra forma es usando un bloque with, que hace lo mismo pero evitando tener que cerrar el fichero de forma explícita:

with open("visa.csv", "r") as f:
texto = f.read()

El texto contiene líneas de texto y otras en blanco:

09/08/2014	1234 1234 1234 5678	CAPRABO - 17 RAMBLA MARIN	44,81  EUR 

12/08/2014	1234 1234 1234 5678	BSM ZONA BLAVA	1,54 EUR 

13/08/2014	1234 1234 1234 5678	CAPRABO - 17 RAMBLA MARIN	34,34 EUR 

16/08/2014	1234 1234 1234 5678	CAPRABO - 17 RAMBLA MARIN	31,02 EUR

03/08/2014	1234 1234 1234 5678	PARKEON	7,40 EUR 

18/08/2014	1234 1234 1234 5678	CAPRABO - 17 RAMBLA MARIN	28,82 EUR

Lo que queremos hacer con estos datos es:

  1. Trocear el texto en líneas.
  2. Eliminar las líneas en blanco.
  3. Trocear los campos de cada línea.
  4. Seleccionar los campos deseados.
  5. Volver a crear la línea.
  6. Volver a crear el texto entero.

Vamos allá paso a paso.

Trocear un texto en líneas

Esto es muy fácil en Python con la función split(). A esta función le pasamos un parámetro que es la cadena que queremos usar como separador, y nos devuelve una lista con todos los trozos encontrados.

lineas = texto.split("n")
print(lineas)
## ['línea 1', 'línea 2', ...]

Eliminar líneas en blanco

La forma convencional sería un bucle que creara una nueva lísta que contuviera sólo las líneas con contenido. En Python quedaría así:

lineas_datos = [] ## Inicializar lista vacía
for linea in lineas:
if linea:
lineas_datos.append(linea)

Pero Python tiene un mecanismo compacto para generar listas, que convierte el código anterior en una sola línea:

lineas_datos = [linea.strip() for linea in lineas if linea]

Esta sintaxis contiene el bucle (for linea in lineas), la expresión condicional (if linea) y la expresión a aplicar a cada elemento antes de incorporarlo a la lista (linea.strip()). La función strip() la añado porque algunas líneas vienen con espacios en blanco al principio y/o al final y así las limpio de paso.

Trocear los campos de cada línea.

Puesto que tenemos una lista con cada una de las líneas, tendríamos que hacer un bucle línea por línea aplicando a cada una la función split(“t”), que nos trocearía usando el tabulador como división.

Podría volver a usar la forma larga del apartado anterior, pero ya puedes imaginar que preferiré la compacta de nuevo:

lineas_campos = [linea.strip('t') for linea in lineas_datos]

Fíjate que la expresión linea.strip(‘t’) va a generar una lista de campos, y el generador compacto de listas una lista con un elemento por fila. Así, tendremos una estructura de lista de listas:

## [[campo1.1, campo1.2, ...], [campo2.1, campo2.2, ...], ...]

Seleccionar los campos deseados.

Usaremos otro generador compacto para recorrer la lista anterior. El elemento del bucle será en este caso la lista interior, la de los campos. Lo que haremos será crear una lista nueva con los elementos deseados y en el orden correcto:

lista_campos = [[lista[2], lista[0], lista[3][:-5]] for lista in lineas_campos]

El tercer elemento lista[3][:-5] no es más que una cadena de texto de la que quito los 5 últimos caracteres. La sintaxis para trocear un texto en Python es texto_cortado = texto[origen:final], donde origen y final son índices numéricos, pero estos parámetros pueden ser negativos o no ponerse y Python es capaz de imaginarse qué quiso uno decir en cada caso.

Llegados aquí ya tenemos una lista de listas, conteniendo éstas últimas los campos deseados y en el orden correcto. Nos queda revertir proceso, convirtiendo las listas en cadenas con separadores (primero con tabuladores y después con retornos de carro).

Volver a crear la línea.

Para esto tenemos la función inversa de split(), join(). La sintaxis es un poco particular:

print("***".join(["hola", "mundo", "cruel"])
## hola***mundo***cruel

La cadena a intercalar es a la que se aplica el método, y la lista de cadenas a concatenar aparece como parámetro. Aplicaremos el método a cada sublista de lista_campos, con lo que la lista volverá a tener cadenas (las nuevas líneas).

lista_lineas = ["t".join(campos) for campos in lista_campos]

Volver a crear el texto entero.

Esto es fácil de adivinar: volveremos a aplicar join() a la lista de líneas:

texto_nuevo = "n".join(lista_lineas)

Verás que como aquí sólo hay una lista que se convierte en texto, no se usa el constructor de listas.

Todo de una tacada

En plan lucimiento, se pueden integrar todos los constructores de listas en una sola secuencia. Aquí está el código, por si alguien quiere comprobar que funciona. Los comentarios ilustran la secuencia que se sigue a la hora de ejecutar el código.

with open("visa.csv", "r") as f:            ## 0. Aquí se abre el fichero de texto
    print( "n".join(                        ## 12. Aquí se unen todas las líneas de la lista en el texto completo y se imprime
      ['t'.join(L4)                         ## 11. Aquí volvemos a unir los campos de L4 con tabuladores (saldrá lista de filas)
        for L4                              ## 10. L4 es cada una de esas nuevas listas de campos en 9.
        in [[L3[2], L3[0], L3[3][:-5]]      ## 9. Esto es una nueva lista de campos, con selecc.reordenada de la original L3

## El tercer elemento es la descripción
## La fecha es el primero
## El cuarto es el importe, quitando los últimos 5 caracteres (" EUR")

                for L3 ## 8. L3 es cada lista de campos obtenida de la línea L2
                in [L2.split("t")                   ## 7. Trocear cada línea L2 por tabs
                    for L2                          ## 6. L2 es cada línea destripada de blancos (excluidas las vacías)
                    in [L.strip()                   ## 5. Quitar blancos por delante (y detrás)
                            for L                   ## 3. Para cada línea
                            in f.read().            ## 1. Leer el texto desde el fichero
                                split("n")          ## 2. Trocear la cadena en líneas
                            if len(L) > 0]          ## 4. Quitar lineas vacías
                        ]
                    ]
              ]
    ))

El curioso impertinente: una novela dentro de El Quijote

La novelita de El curioso impertinente aparece en el capítulo XXXIII del primer volumen de El Quijote y se extiende a lo largo de tres capítulos. Se trata de un libro que tiene el ventero de la venta donde se alojan Don Quijote y toda su compañía en el viaje de regreso de Sierra Morena, y que lee el cura a sus compañeros antes de irse a dormir, por tal de tener algo de solaz y sosiego después de un largo día de aventuras. Según leo en las notas de mi edición, es el único relato de El Quijote que no tiene algún tipo de vínculo argumental con el relato principal, sino que es completamente independiente.

FlorenciaLa historia transcurre en Florencia y trata de dos buenos amigos, Anselmo y Lotario, el primero de los cuales se casa con Camila, una buena muchacha de la ciudad. Lotario trata de distanciarse un poco del nuevo matrimonio, pero Anselmo no quiere renunciar a su amistad y lo hace huésped de su casa, procurando tenerle cerca todo el tiempo posible, a pesar de la resistencia de aquél.

La enfermiza obsesión de Anselmo

Anselmo entretanto desarrolla una terrible angustia: no está seguro de la virtud de Camila (“¿qué hay que agradecer que una mujer sea buena, si nadie le dice que sea mala?”), y desea tener alguna prueba fehaciente de la misma. Y para ello, recurre a Lotario, pidiéndole que requiebre a Camila para poner a prueba su virtud, y liberarse así de su propia zozobra.

Lotario argumenta desde el sentido común contra la ocurrencia de Anselmo, haciéndole ver que de su propuesta no puede obtenerse beneficio alguno, y que es tentar a la suerte con grandes opciones de perder en el envite (“Es de vidrio la mujer;/ pero no se ha de probar/ si se puede o no quebrar,/ porque todo podría ser”). Además, Lotario le hace ver el temor de que su propia honra quedará en entredicho, al verle Camila actuar de un modo tan fuera de norma.

Anselmo no se rinde, y apelando a su profunda amistad, le pide que lo haga él, antes que tenga que pedírselo a otra persona. Y le dice que no es necesario llevar la seducción a su extremo, que basta solicitarla “tierna y fingidamente”, en la confianza de que Camila “no ha de ser tan tierna que a los primeros encuentros dé con su honestidad por tierra”. Ante la determinación de su amigo, Lotario acepta, aunque decidido a encontrar la manera de satisfacer a su amigo sin perturbar a Camila.

Lotario finge acceder y acaba enamorado

Los siguientes día Anselmo se ausenta a propósito de casa para favorecer las maniobras de Lotario. Cuando vuelve a casa, Lotario le miente: le dice que le ha hablado a Camila sobre su belleza y ella no se ha inmutado ante sus requiebros. Y así, durante varios días, Anselmo se contenta, pero un día vuelven sus dudas y le pide a Lotario que pase a la acción. Le da dinero para comprarle alhajas, y le asegura que si aún resiste a la tentación, se dará por satisfecho.

En una de sus ausencias, Anselmo se esconde en una cámara contigua y descubre que Lotario le miente acerca de sus acercamientos a Camila. Lotario se siente deshonrado al verse cogido en mentira, y le promete molesto que a partir de ese momento actuará según el gusto de Anselmo, procurando seducir a su mujer. Anselmo, para facilitar las cosas, se inventa una ausencia de ocho días, ordenando, para aflicción de la honesta Camila, que Lotario se haga cargo de la casa durante ese tiempo.

Aquí los acontecimientos se precipitan. Lotario ve todos los días a Camila, honesta, hermosa, procurando su virtud, y no puede evitar sentir un amoroso acomodo en su corazón. “El provecho [de] las muchas virtudes de Camila… redundó más en daño de los dos”. La lealtad de Lotario se derrumba ante la hermosura y bondad de Camila y la ocasión que le proporciona el ignorante marido, y así al tercer día, Lotario se expone ante Camila con todas las razones de su recién descubierto amor, poniendo a la pobre mujer en estado de sorpresa tal que escribe inmediatamente una nota a su marido, quejándose de su ausencia y mencionando, aunque de forma elíptica, el comportamiento insólito de Lotario.

Lotario insiste, Camila se rinde

Anselmo, encantado de ver su proyecto en marcha, le ordena que se quede en casa, para consternación de Camila. Ésta empieza a lamentar haberle escrito, pensando que igual Lotario “había visto en ella alguna desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que debía”. Entretanto Lotario, desbocado ya de amor, sigue con su cerco, haciendo titubear la firmeza de Camila, y dando al fin al traste con ella: “dio al través con el recato de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y más deseaba”. Lotario no le dice a Camila que todo es a petición de Anselmo, temeroso de perder un amor que ya no era requiebro vano.

Cuando Anselmo regresa, Lotario le miente de nuevo, elogiando la virtud de Camila, y rogándole que abandone definitivamente sus dudas y planes. Pero Anselmo aliviado y travieso, quiere seguir con el enredo un poco más, solo por diversión, y le propone que escriba unos sonetos en alabanza de una supuesta dama de Lotario, con la idea de hacer creer a Camila que éste está enamorado en realidad de otra persona. Entretanto, Camila se disculpa ante Anselmo por haber malinterpretado la conducta de Lotario, a lo que este replica que Lotario tiene otra amada, a la que escribe versos.

Lo que Anselmo no sabe es que Camila ya ha sido advertido por Lotario, que a la sazón es su amante, de que los amores que Anselmo ha mencionado son fingidos, y que en realidad los sonetos son para ella. De esa forma, Lotario evita que Camila se desespere de celos al escucharlos durante una sobremesa. Así se da la curiosa circunstancia de que Lotario enamora a Camila, Camila se enamora de Lotario, y Anselmo sigue el cuento a ambos en la creencia de que ninguno de los dos hace lo que realmente está haciendo.

“Con esto, todos los escalones que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los subía, en la opinión de su marido, hacia la cumbre de la virtud y la buena fama”.

En esto aparece Leonela, la doncella de Camila, que también tiene un amante, y alivia los remordimientos de Camila diciéndole que no es culpa suya, que el amor actúa donde encuentra ocasión y no hay fuerza que se le resista. Además, Lotario es un buen enamorado, con virtudes que copan todo el abecedario (“Agradecido, Bueno, Caballero,…”).

La perspicaz Camila aprecia el apoyo de Leonela, pero teme que la confidencia acabe debilitando su autoridad (“los descuidos de las señoras quitan la vergüenza a las criadas”), como así acaba sucediendo. Leonela toma la confianza de meter a su mozo en la casa, y Camila no puede hacer otra cosa que transigir y rogarle que lo ocultara para que no fuera descubierto por su marido.

Lotario confiesa ante Anselmo por celos

En una de esas ocasiones, Lotario descubre al galán, y le falta tiempo para creer que Camila le es infiel (“creyó que Camila, de la misma forma que había sido fácil y ligera con él, lo era con otro”). Ciego de celosa rabia, resuelve confesar a Anselmo la verdadera historia de la seducción de Camila (“la fortaleza de Camila está ya rendida y sujeta a todo aquello que yo quisiere hacer de ella”). Le dice además que si no le ha dicho nada antes era por ver si ella se manifestaba con Anselmo para defender su virtud, pero que a la vista de su silencio ha decidido sincerarse con él. Para confirmárselo, le pide que finja otra ausencia y se esconda en una estancia contigua para comprobar por sí mismo la veracidad de sus palabras.

Tras hablar con Anselmo, Lotario se arrepiente. Podía haber vengado sus celos directamente con Camila, sin hacer pasar a Anselmo por el oprobio de su confesión. Decide contárselo todo a Camila, por ver de encontrar una forma de enderezar el entuerto. Camila, por su parte, le explica afligida su incómoda situación con Leonela y su amante. Entonces Lotario le explica lo que ha dicho a Anselmo, con lo que la pobre Camila queda espantada, pero capaz aún de inventar una estrategia con la que salvaguardar su honra.

Camila organiza una escenografía para Anselmo

Y la estrategia es montar un teatrillo con la ayuda de Leonela. Mientras Anselmo espía oculto, Camila manifiesta su arrepentimiento a Leonela, y le dice que pretende darse muerte (y matar al mismísimo Lotario) con una daga antes que ceder definitivamente a sus acometidas amorosas. Leonela sale entonces a buscar a Lotario y Camila expresa en un monólogo sus intenciones, a sabiendas de que Anselmo las escuchará. Y Anselmo, maravillado, medita si salir de su escondite antes de que llegue Lotario, no vaya a ser que las intenciones criminales de Camila lleguen a mal fin.

En esas cavilaciones está Anselmo cuando vuelve Leonela con Lotario. Camila interpreta para el oculto Anselmo una escena de reproche a las pretensiones amorosas de Lotario, mostrándose dispuesta a quitarse la vida antes que consentirlas. A esto añade su deseo de matar a Lotario en la misma acción. Hay un forcejeo y al final Camila se hiere exprofeso con la daga, mientras Lotario, admirado de su temple, hace que huye aturdido. Anselmo va al encuentro de Lotario, con el que se muestra exultante por la demostración virtuosa de su mujer, mientras aquél, sabedor del completo engaño de su amigo, es incapaz de alegrarse con él.

Desenlace trágico de la historia

La narración hace una pausa al principio del capítulo XXXV, puesto que Don Quijote ha despertado y ha acuchillado todas las botas de vino que hay en su estancia, creyendo estar en presencia del gigante del reino de Micomicón. Tras la desesperación de la ventera, y la intervención del cura, prometiendo la restitución del daño, se vuelve a lectura de la novela, que llega así a su conclusión.

La vida de Anselmo transcurre feliz, mientras Camila pone pública mala cara a Lotario para evitar toda sospecha de Anselmo acerca de su furtiva relación. Hasta que una noche Anselmo sorprende al amante de Leonela saltando de la casa, y ante la furia de Anselmo y su amenaza de matarla, promete ella decirle cosas más importantes al día siguiente. Vuelve Anselmo a su aposento y le cuenta la historia a Camila, que cae en el pánico ante la perspectiva de ser puesta en evidencia por Leonela. En cuanto Anselmo duerme, ella hace acopio de joyas y dinero y huye en busca de Lotario.

Lotario, sorprendido por el curso de los acontecimientos, no cavila más que llevar a Camila al monasterio que rije una hermana suya, y a su vez decide marchar de la ciudad. A la mañana, Leonela ha huido de su encierro, y Anselmo comprueba que ni Camila ni Lotario aparecen por lugar alguno. Abatido, decide irse al pueblo de un amigo, aquél donde se guardó para dar tiempo a Lotario de completar la seducción de Camila. En una parada del camino, un viajero que viene de Florencia le da noticias de lo ocurrido: Leonela ha confesado al gobernador que Lotario y Camila han huido juntos. Las noticias acaban de abatir a Anselmo, que llega al pueblo ya herido de muerte en su aflicción, muriendo esa misma noche de pena en la casa de su amigo.

Camila, en el convento, acaba sabiendo que Lotario ha muerto en una batalla, lo que termina por acelerar el fin de sus días, triste y melancólica.

Y así termina la novela, con todos sus protagonistas muertos.

Gracias, profe

…menos B más menos la raíz cuadrada de B al cuadrado menos cuatro A C dividido por dos A…

José Esteve fue mi profesor de matemáticas en 4º Bachillerato, allá por 1972. También era, creo recordar, el director del colegio. Era un hombre mayor, de pelo blanco, calvo hasta la coronilla, un buenazo. Vestía una americana de tweed con coderas, pantalón de tergal y zapatones. Era muy pacífico y, aprovechando esa condición, los niños en clase se divertían tirándole papelitos o tizas. Recuerdo que me mortificaba aquella falta de respeto, aunque él nunca se enfadaba. En realidad no parecía molesto, sino solo desconcertado. Su reacción era de extrañeza, como si no entendiera por qué a sus alumnos se les escapaba toda aquella belleza.

parabolaEl señor Esteve se pasó un trimestre explicándonos la ecuación de segundo grado. Le gustaban mucho las parábolas, con su cruce por los ejes, su fórmula de las raíces:

Menos B más menos la raíz cuadrada de B al cuadrado menos cuatro A C dividido por dos A“.

Terminaba su explicación y se volvía hacia nosotros con una expresión iluminada y feliz que parecía preguntar “¿A que es maravilloso?” A la mayoría de alumnos aquellos garabatos en la pizarra no les causaba emoción alguna, de modo que la felicidad de su rostro se desdibujaba un poco, dejando entrever un rastro de desaliento. Pero enseguida se recuperaba y tímidamente empezaba otra lección.

No llegamos a terminar el temario del matemáticas ese año. La demora del primer trimestre, dedicado al Álgebra, impidió que llegáramos a los últimos capítulos, los dedicados a Probabilidad y Estadística. Igual es por eso que siempre he sentido tanta pasión por el Álgebra como aborrecimiento por la Estadística. El señor Esteve no se programaba la materia sino que la navegaba, como aquellos marinos que descubrían tierras ignotas en el siglo XV.

Quizás esa incapacidad para la planificación del curso podría servir de argumento para catalogar al señor Esteve de mal profesor, pero os aseguro que no lo fue en absoluto, al menos para mí. Gracias a él me enamoré por primera vez de las matemáticas, pude ver claramente el sentido de las fórmulas y su relación con las gráficas, comprender que podía saberlo todo de una función sin nada más que echarle un vistazo a sus coeficientes. La ilusión que se reflejaba en los ojos del señor Esteve al abandonar la pizarra me hizo envidiar su fascinación por la matemática. No creo que él se diera cuenta. Pero eso no importa. Lo único que hace a un profesor excepcional es su capacidad, consciente o no, de transmitir la pasión por la materia que explica. Y yo he disfrutado toda la vida de esa pasión que me transmitió mi profesor.

Creo que nunca pude, ni podré ya, darle las gracias al señor Esteve. Pero aún así, gracias, profe.

Qué hacía yo el 23 de febrero de 1981

Hubo un tiempo en que se afirmaba rotundamente que cualquier español medio recordaría para siempre qué estaba haciendo el 23 de febrero de 1981, aquella tarde en la que el coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados para dar un golpe de Estado.

Y bien pudo ser cierto, pero los años desdoran toda afirmación referida al paso del tiempo, y ahora resulta que muchos de aquéllos que jamás olvidarían ya han muerto, otros muchos guardan sus recuerdos bajo un inviolable Alzheimer y, lo que es más inquietante, son aún más los que han venido al mundo mucho después de aquella efeméride.

El tiempo erosiona las nítidas líneas que definen el presente, y lo transforma en un desvaído pasado grabado en blanco y negro. Pero algunos estuvimos allí, en aquel presente de colores. Y bueno, no quería yo filosofar sobre el tiempo, sino explicar aquella tarde, o lo que queda de ella en mis recuerdos, llevado por el estéril deseo de perpetuar los colores que el tiempo aún respeta en mi memoria.

El cabo Buendía, en 985
EL cabo Buendía, en 1981

Llegué a Melilla con el año, y nada más llegar tuve la suerte de ser asignado a la Compañía de Servicios del Regimiento de Ingenieros. Esa compañía agrupa personal logístico y administrativo, y está en las antípodas de las compañías de zapadores, que pasaban los días de maniobras o asfaltando carreteras o en la cantera. Mi puesto era el de cabo buque, que era la persona que se ocupaba de la logística de los permisos para ir a la península.

Yo recibía la relación de reclutas viajeros, hacía los pasaportes (así aprendí a escribir a máquina), recolectaba el dinero para los billetes, hacía la compra y escoltaba a la tropa hasta el puerto el día de la partida.

Para evitar el roce cuartelero hice uso al máximo de mis prerrogativas de cabo buque. Tenía permiso para estar fuera del cuartel desde el toque de diana hasta una hora después de la salida del barco, que ocurría a medianoche. Así que, durante tres meses que estuve en el cargo, prácticamente no pisé el cuartel.

La tarde del 23F estaba en la biblioteca municipal de Melilla, en la plaza España. A las seis de la tarde apareció el soldado Pedro Martínez. Era mi mejor amigo en el cuartel, y había quedado con él para ir a dar una vuelta aprovechando su pase de tarde. Pedro venía con cara de preocupación. No se sentó, permaneció en pie a mi lado y sólo se inclinó un poco para decirme que teníamos orden de volver enseguida al cuartel.

Me dijo, en un tono grave, que parecía por las noticias que habían asesinado a Calvo Sotelo durante la sesión de investidura y estaba todo el mundo muy nervioso.

Mi primera impresión fue un vacío en el estómago, un amago de pánico seguido casi instantáneamente por una rápida evaluación de la situación. Recuerdo esa sensación tan extraña, como si de repente mi cerebro fuera independiente y se hubiera puesto en un modo de respuesta rápida, insólito en él, que vivía normalmente adormecido en una somnolencia existencial completamente primaria.

No tardé nada en contestar a Pedro lo que acababa de pensar, palabra por palabra: “¿En serio? Entonces nos vamos a pasar tres años más haciendo la mili. Si vamos ahora al cuartel, no sé cuando volveremos a salir, así que ve tú si quieres, pero si te preguntan di que no me has visto. Yo iré cuando cierre la biblioteca”.

Pedro se fue tras asentir, y yo me embullé aún más si cabe en la lectura del National Geographic. Creo que no volví a pensar en el asunto, tan deseoso como estaba de escapar a la realidad que acababa de conocer.

A la noche regresé al cuartel como si no supiese nada. Se notaba un poco de electricidad en el ambiente. En nuestro barracón dormían juntas la Compañía de Servicios y la Primera de Zapadores, y cada una tenía su propio teniente. El teniente Alcántara, de los Zapadores, era un hombre bruto, grande, y no ocultaba su simpatía por los golpistas. Mi mando, el teniente Jiménez, tenía la fina estampa de un señorito andaluz, cultivado y elegante, y era (mucho más discretamente) partidario del poder constitucional.

Durante la noche yo tuve mi pequeño transistor Grundig debajo de la almohada, pegado a la oreja. Sobre la una o así parecía que la cosa no iba a salir bien para los golpistas. Apagué la radio y me puse a dormir.

Por la mañana, el teniente Alcántara miraba la televisión de la compañía con claras muestras de desaprobación. No recuerdo más, el resto del tiempo volvió a ser rutina. Es distinto el tiempo de los sucesos históricos del normal de cada día.

Pocos días después, en las oficinas del cuartel el oficinista mayor, Marcel Massa, que era amigo mío, me dejó leer el informe confidencial del coronel sobre la posición de los distintos cuerpos de Melilla durante el incidente. Quedaba claro que la Legión, Artillería y dos de los tres cuerpos de Regulares se habían posicionado a favor del golpe, y nosotros los Ingenieros, los de Sanidad y el 5º de Regulares, creo, a favor del gobierno.

En resumen, que los cuerpos de combate, quitando uno, eran fervientes partidarios de los golpistas. Y los cuerpos menos militares, vamos a decirlo así, del gobierno. Si hubiéramos tenido que combatir, les habríamos durado menos de dos minutos, bromeaba yo para mí.

Y eso es todo lo que me queda en la memoria respecto de aquel día. En aquellos tiempos acababa de leer El Extranjero, de Albert Camus, y me identificaba con la sensación que tenía el protagonista de que la vida era una cosa anodina. El 23F de pronto la transformó en una aventura, más allá de sentir también una innegable inquietud acerca del porvenir.

La sensación de que en tiempos de crisis se aguzan los sentidos y el cerebro se pone a trabajar con extraña diligencia, era insólita y estimulante. Quizás eso es lo que ha dejado una huella indeleble en mi memoria, más allá del valor histórico de aquellos momentos.

¿De dónde son mis seguidores? (de verdad)

Una web fake

¿Habéis visto algún tuit como éste?

//platform.twitter.com/widgets.js

Se trata de una web en la que te registras con tu usuario de Twitter para obtener un servicio, cediéndoles de paso el derecho a publicar tuits en tu nombre. Esto lo hacen otras muchas webs (por ejemplo, unfollowers.com, que te informa sobre quién te dejó de seguir), pero esta en particular me extrañó por varias razones:

  • La nula información de la página principal (ver captura de pantalla 1)
  • No dan al usuario opción de decidir si desea que publiquen en su nombre.
  • La dificultad técnica de determinar de forma fidedigna la localización de los seguidores.

origenfollowers1Ya debería resultar sospechosa una web que no da ninguna información en su página principal, y que te remite directamente a la página de autorización de Twitter sin darte explicación alguna de sus condiciones de uso.

Pero lo peor es que la web no da el servicio que sugiere, sino que se dedica a generar resultados aleatorios y completamente falsos.

origenfollowers2Su verdadera utilidad es funcionar como una web para recolectar cuentas de Twitter, que usan luego para escribir en tu nombre citando a tus contactos, esperando que éstos se suscriban también y así sus cuentas sirvan para que puedan publicar en su nombre también.

Que los resultados son falsos lo puedo certificar (luego os lo enseño), pero es que ni siquiera se toman la molestia de escribir siempre los mismos, para un usuario dado. Eso me parece el colmo de la desidia: si decides hacer un fake, al menos hazlo bien. Mira una captura del usuario que he estudiado:

origenfollowers4

Así que un día tus seguidores de España son el 74%, al día siguiente el 84%, y luego de nuevo 74%. Un poco raro, ¿no?

¿Por qué es difícil saber de dónde son tus usuarios?

Esta es la información sobre un usuario que se puede obtener mediante el API de Twitter:

origenfollowers5El único dato referido a la ubicación del usuario es location (el otro marcado es indirecto, la time_zone), y la mala suerte es que es un dato cuyo contenido es libre, como se ve en esta muestra:

Venezuela
Argentina *-* - Mexico c:
Ecuador
aguentina buenos aires 
argentina
VENEZUELA
PLUTO
Bogota u otra ciudad
Caracas-Venezuela
Guacara - Venezuela
Venezuela - Caracas
GRANDES ÉXITOS Y FRACASOS
Venezuela - Maracaibo
Chubut - Argentina
Ecuador ♥
http://www.gentzbiotech.com/
Miami,  FL 
#LOCATED: FORT MYERS FLORIDA
Biblia
Arg. Bs As
Girardot
Uno De PorAy :v
carrizal-venezuela

Como veréis, hay ubicaciones de todos los tipos. Esta es la gran dificultad para determinar de dónde es cada usuario: los usuarios son libres de poner su ubicación real o cualquier otra cosa.

De hecho, para los estudios que he hecho he buscado usuarios con un número razonable de seguidores, porque es preciso prácticamente analizarlos uno a uno. Así, por ejemplo, en el caso de @gerarditalove, los resultados (sobre 332 seguidores) arrojaron lo siguiente:

origenfollowers6Los resultados muestran el país, el número absoluto de seguidores y el porcentaje respecto del total. Hay dos valores especiales, (vacio) para aquellos seguidores que no especifican su location, y (None), para los que indican un valor que no es geográfico o que no he sabido localizar.

Es remarcable que casi uno de cada tres followers no tiene location. Y que los que ponen algo que no tiene relación aparente con la geografía son un porcentaje alto también (14%). Sólo los seguidores de Argentina (17%) están pon encima.

Respecto de la web fake, es evidente que ni siquiera utiliza un algoritmo para obtener sus resultados. Basta ver la diferencia entre lo que reportan ellos (España 81%, Argentina 8%, Perú 2%) y lo que obtengo yo (desconocido 42%, Argentina 17%, México 11%, España 9%). De hecho, buscando en Twitter origenfollowers.tk, obtuve una imagen reveladora: todos los usuarios tienen los mismos porcentajes.

origenfollowers7

 Eliminar el permiso de una aplicación en Twitter

He hecho una pequeña guía para los que tengan alguna aplicación intrusiva escribiendo en su nombre en Twitter. La podéis consultar aquí

“Gobernar es fácil”, una idea de programa para La Sexta

(Escribí esto el 26 de mayo de 2014, después de las elecciones europeas. Pretendía reflexionar sobre la influencia que la televisión había tenido en el éxito electoral de Podemos y Pablo Iglesias. Por alguna razón no llegué a publicarlo. Pero hoy, 13 de noviembre de 2014, me entero de que Esperanza Aguirre está haciendo un casting televisado para las alcaldías vacantes por los numerosos casos de corrupción. La realidad me adelanta por la derecha, así que publico el post olvidado aprovechando la circunstancia)

PODEMOS

Acabaron las elecciones europeas de 2014 y el gran triunfador ha sido un partido que no existía hace un año: Podemos.

Tiene mérito. Podemos no ha tenido publicidad por parte de los medios de masas, si exceptuamos las apariciones de su líder Pablo Iglesias en las tertulias de La Sexta. El éxito del partido se ha debido sobre todo al nuevo boca-oreja que son las redes sociales.

Podemos hizo una campaña modestísima, financiada a través de crowdfunding. No sé si he leído que les costó 200.000 euros. Pudieron presumir de que no deberían favores a los bancos, porque no les habían pedido créditos para la campaña.

Pero nada de esto ha sido suficiente para evitar que más de un millón de personas les confiara su voto. Podemos ha surgido en un momento en que la gente necesitaba una propuesta así, y ese es un mérito de sus líderes e ideólogos.

LA SEXTA

Podemos tiene unas cuentas transparentes y públicas, y no deben dinero a los bancos, como hemos dicho. Pero Podemos sí le debe un favor a alguien: a La Sexta.

Resulta en extremo improbable que Pablo Iglesias hubiera tenido esta proyección mediática de no haber aparecido con frecuencia en los debates y tertulias de la cadena, defendiendo desde esas tribunas sus posiciones de izquierda frente a contertulios de signo opuesto.

Yo me fijé en él gracias a esos programas. Luego le vi en su programa de Internet, LaTuerka y le seguí en Twitter. Pero el primer contacto, y el más importante, fue en televisión.

Es curioso que un producto televisivo haya terminado siendo un exitoso proyecto político. Estamos acostumbrados a que la televisión cree personajes de fama efímera, que durante un tiempo alimentan las audiencias y luego desaparecen y son sustituidos por otros. Pero Podemos se ha convertido en un ente con vida propia y por ahora parece que les va muy bien.

GOBERNAR ES FÁCIL

Si yo fuera directivo de La Sexta estaría cavilando ahora mismo.

Crear formatos televisivos es un trabajo arduo, y muchas veces infructuoso. Cuesta saber qué va a ser del gusto del público. Y mira como, de pronto, más de un millón de personas muestran su predilección por alguien que apareció en una tertulia política ¿No es bastante explícita esta encuesta?

Lo que significa es que existe un interés significativo por los debates políticos en televisión.

¿Por qué no aprovechar este interés? Podríamos usar la experiencia de Podemos para imaginar un concurso en el que la audiencia elija líderes políticos.

Se presentarían dos equipos con puntos de vista enfrentados respecto a algún tema de interés general.

Habría un ponente, que daría la cara y defendería sus argumentos frente al público. Cada ponente tendría un equipo de documentación que le ayudaría a buscar información en la que apoyar su discurso.

Durante una semana, ambos contendientes discutirían sobre el tema.

Es frecuente, en los debates, arrojar cifras que es imposible contrastar. Cuando esto ocurriera, el equipo rival tendría derecho a solicitar una comprobación de esos datos, y a oponer los suyos si los hubiera. En última instancia, un jurado de sabios decidiría la validez de los mismos.

Los argumentos falaces serían penalizados.

El público votaría cada día a los ponentes. Para el día siguiente, el ponente perdedor eligiría un nuevo tema para presentar y discutir al día siguiente.

El fin de semana, en la gran gala, se declararía un vencedor. Y se incorporaría un nuevo equipo rival para la semana siguiente.

El premio final del concurso sería una dotación económica y publicitaria para hacer una campaña electoral. En las siguientes elecciones, se formaría un partido en torno al equipo ganador y se le facilitaría el apoyo logístico necesario para competir en igualdad de condiciones con los otros partidos.

NUESTRO HOMBRE EN EL CONGRESO

Si el pueblo les otorgara su confianza, al final tendríamos algunos nuevos parlamentarios a los que la gente conocería bien. Conoceríamos su capacidad para argumentar, sus ideas políticas, e incluso su forma de ser particular. Se podría incluir en las condiciones del concurso que los ganadores tuvieran una presencia semanal en televisión para ser preguntados acerca de su experiencia parlamentaria durante la semana. La gente podría hacer preguntas desde su casa vía Twitter o SMS.

A los cuatro años, ya liberados de su origen televisivo, les volveríamos a votar – o no. Habría otros candidatos televisivos listos para hacer campaña y demostrar su valía. El Congreso dejaría de ser ese lugar aburrido donde la gente sestea mientras acumulan privilegios para la jubilación y se somete borreguil a la disciplina de voto.

El programa se podría llamar “Gobernar es fácil”. Porque gobernar no es difícil, si se gobierna para el pueblo, con transparencia, usando palabras claras y sin intereses ocultos.

Ah! Y La Sexta se convertiría en un verdadero servicio público.

Pablo Iglesias y el derecho a llevar armas

No creo que sea justo atribuir al Pablo Iglesias político y líder de Podemos unas ideas expuestas en un show televisivo de hace dos años.

En 2012, un Pablo Iglesias ajeno a su futuro político ejerce de monologuista en un programa de TV llamado La Tuerka. En esos breves vídeos, Iglesias hace apuntes sobre temas muy diversos. El que muestro aquí se ha hecho muy popular, ya que hay personas que al verlo concluyen que el futuro líder es partidario de la posesión de armas, como si de Charlton Heston se tratara.

Parece que hay personas incapaces de seguir el discurso bien trenzado del hoy famoso tertuliano, o simplemente no pasan del provocativo título del vídeo (El derecho a portar armas es una de las bases de la democracia). Y también un nutrido grupo de gente que tiene ganas de encontrar cosas que afearle, sean o no ciertas.

Para empezar, las intervenciones televisivas de Pablo Iglesias en 2012 eran más ligeras y provocativas que las de hoy. Pero entonces este hombre no tenía las expectativas de todo un país tras de sí, y podía permitirse ser un poco frívolo y bromista en sus intervenciones.

Contextualizar las cosas sirve para ponerlas en su justo sitio, así que he extraído el texto de la famosa intervención para analizarlo frase a frase en busca del sentido último de la pieza completa.

Empieza un risueño Iglesias:

“Una de las grandes falacias del siglo XX ha sido acusar a la izquierda de ser antiamericana. Podríamos recordar aquella memorable escena de ‘La vida de Bryan’, qué nos han dado los romanos, para preguntarnos hoy qué nos han dado los estadounidenses. Y entonces podríamos responder que nos dieron a héroes del pueblo como los mártires de Chicago y con ellos el Primero de Mayo, que no es poco, que nos dieron el jazz, que nos dieron cineastas y películas maravillosas, que nos dieron a la Brigada Lincoln, que combatió en España por la democracia, que nos dieron a Malcom X, Huey Newton y, por qué no decirlo, nos dieron también el baloncesto y a Marilyn Monroe cantando el ‘Cumpleaños feliz’. ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con ponerse en la piel de JFK mientras la novia de América, con una sensualidad que erizaría la piel de cualquiera y, desde luego, la de este presentador, te dice eso de ‘Happy Birthday to you ‘?”

Hasta aquí, el reproche más consistente al discurso de Pablo Iglesias es el que le hacía una feminista respecto a la referencia un tanto babosa a la figura de Marilyn Monroe. En todo caso, no es más que una complicidad del presentador, como él mismo se denomina, con su público.  Pero sigamos:

“Pero además de todas estas cosas, los Estados Unidos han dado una tradición política y una Constitución digna de interés para cualquier socialista o para cualquier interesado en la emancipación. Hoy en este monólogo voy a reivindicar el derecho de todos los ciudadanos americanos a llevar armas – lo voy a reivindicar por lo menos en términos teóricos – establecido por la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos aprobada en 1791.”

El escándalo se forma a a partir de la frase en negrita, sin parar cuentas en su intención provocativa, que queda evidenciada y matizada en su frase siguiente (“por lo menos en términos teóricos”). Incluso hay quien obvia la referencia a los ciudadanos americanos para concluir alarmado que Pablo Iglesias está a favor del derecho a portar armas.

La realidad es que Pablo Iglesias, en su calidad de politólogo, se propone explicar qué llevó a los Padres de la Patria a decidir que existiera ese derecho, chocante desde l perspectiva de nuestra tradición europea.

“Algunos piensan que este derecho es un anacronismo que explica que adolescentes pajilleros y frustrados provoquen una matanza en su colegio porque se sienten marginados o porque las cheerleaders no les hacen caso, o que un padre de familia blanco, anglosajón, protestante y gordo por comer crema de cacahuete dispare a un negro de condición humilde porque está penetrando en su propiedad.”

Hay quien piensa que el derecho a portar armas es anacrónico y solo sirve para provocar desgracias, dice Pablo Iglesias con un tono más bien jocoso, para continuar con la parte seria de su discurso:

“Pero estos casos, nada infrecuentes, por desgracia, son solo síntomas de una sociedad enferma, y nada tienen que ver con un derecho, el de portar armas, que es una de las bases de la democracia. Si algo sabían los patriotas americanos que expulsaron a los ingleses, es que la democracia es incompatible con el monopolio de la violencia por parte del Estado que inventó el absolutismo europeo. La democracia es tal si el poder está repartido, y si la base del poder es la violencia, el pueblo no puede delegar el fundamento de la soberanía. “

Cabe reflexionar sobre las dos últimas frases. Pónganlas en perspectiva: Iglesias explica el punto de vista de los patriotas americanos, que habían comprobado en carne propia que no se puede tener soberanía si las armas sólo las tiene el otro bando. El silogismo último (democracia = poder repartido) + ( base poder = violencia) –> (pueblo + armas = soberanía) explica la razón de la Segunda Enmienda, para nuestra información. No necesariamente la opinión última del comentarista.

Contextualizar un discurso es básico para comprenderlo. Asumir que es Iglesias (no ya el político de hoy, ni siquiera el presentador de 2012) el que asume las ideas de los americanos de 1791 es ir demasiado lejos. Quizás sería mejor preguntarle hoy directamente, para saber qué piensa. En 2012, el que hablaba era el profesor en su faceta de comunicador.

“¡Cómo cambiaron las cosas en algunos barrios de California cuando el partido de los Panteras Negras, amparándose en la Constitución, empezó a defender a sus comunidades patrullando armados los barrios. Hicieron falta toneladas de droga y mafias apoyadas por el Estado para acabar con ellos. Como dijo Huey Newton: “un pueblo desarmado puede ser reducido a la esclavitud en cualquier momento. ¡Dios bendiga a América!”

Para terminar su monólogo, el Pablo Iglesias profesor expone el caso de los Panteras Negras, como demostración práctica del uso del derecho a portar armas (y de la reacción del Estado, que usó la guerra sucia para someter a aquellos miembros del pueblo americano a pesar de las garantías de su Constitución).

Debo decir que estoy sorprendido de las reacciones que provoca este vídeo. Hay temas complicados, sobre los que es fácil hacerse composiciones equivocadas por falta de información o simple incapacidad para comprender la existente. Pero el vídeo es sencillo, es un divertimento televisivo con una interesante dosis de cultura política. Yo no había pensado nunca por qué los americanos tienen esa querencia por las armas, hasta que vi esta explicación que propone Pablo Iglesias. Ahora creo entender por qué para ellos las armas forman parte de una tradición controvertida, como puede serlo la tauromaquia en España.

En resumen, no creo que sea justo atribuir al Pablo Iglesias político y líder de Podemos unas ideas expuestas en un show televisivo de hace dos años.

Good News, de Randy Newman

Mi historia con esta canción es curiosa. La oí en los créditos de una película de Disney a la que no presté mucha atención. En aquella época tenía un crío y me tragaba una cantidad insana de películas de dibujos animados. Intenté quedarme con el título de la película, con la idea de buscar la canción más tarde.

La película era James y el melocotón gigante, una película de 1996 basada en un libro de Roald Dahl. Llegué a averigüar que la canción se llamaba Good News, y que era de Randy Newman, un compositor que me gustaba mucho desde que descubrí un tema suyo llamado Short People. Se daba la circunstancia de que Newman era prácticamente un compositor de la factoría Disney, para el que ha creado  muchas bandas sonoras.

Tras unos meses encontré una copia en eMule, y la conservé aunque tenía algunos defectos de codificación. Y ésa es la versión que he tenido y he escuchado durante años. Ahora la he encontrado en Spotify, y también en YouTube. Pero en aquellos tiempos no era tan fácil.

La canción me recuerda al estilo de Ray Charles, esas canciones optimistas a caballo entre el Gospel y el Rithm’n’Blues. Es un tema que uno debería escuchar dando brincos por la habitación. De hecho, formaba parte de una selección que usé durante mucho tiempo para levantar a la familia por la mañana.

Once upon a time there was a vulture and a hog
Livin’ in a house upon a hill
Had this little boy who lived with them
And they worked him like a dog
With any luck, they’d have him up there still
‘Long came a magic man with a magic bag
Full of nasty little green things in a funky old rag
He said, “Boy you may not know it but this here’s salvation you see.”
Son, you’re going down in history
Good news is blowin’ in your window
Good news is knockin’ on your door
Good news is comin’ round the corner
Good news is rollin’ ‘round your floor
Where can all my troubles be?
Must be good news chasin’ me
Good enough to set everybody free
Good news, good news, good news
(Good news)
There were bugs in the garden
Didn’t have a clue
That everyday their life was on the line
They wanted to get outta there
But they didn’t know what to do
Their little brains is workin’ overtime
That all changed one sunny day
That little boy dropped by to say
If we all work together, we make out okay
Good news, good news, good news
Gotta roll down a mountain
Flew over the sea
Facin’ death and danger on their way
But together they had made it
And they’re where they wanna be
They love each other more and more each day
They care about each other
Good news is sweepin’ cross the country
Good news is spreadin’ all around
Good news is hittin’ in the city
Good news has sprung up in the town
The things that used to hurt before
They don’t hurt ‘em anymore
‘Cause they know there’s somethin’ good in store
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news
Good news
Good news
Comin’ down the chimney
Good news
Knockin’ on my door
Good news
Leavin’ through the window
Good news
Can’t take no more
Good news
Spreadin’ o’er the country
Good news
For the young and old
Good news
Goin’ round the world,now
Good news
Too hot to hold back
[Repeats]
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news (Good news)
Good news
Good news
Good news!

El Quijote, Auster y Chaplin

chaplin_quijote_auster

Entregado como estoy a la tutela y lectura de El Quijote en su versión para Twitter, de tanto en tanto se me ocurren asociaciones de ideas entre este texto y otras obras a primera vista remotas. La lenta lectura da tiempo para reflexionar sobre esas ideas y he pensado en dejar aquí esas reflexiones para hacer un poco de sitio en este abigarrado desván que es mi cerebro.

Paul Auster fue uno de los últimos escritores que despertó en mí un intenso interés. Durante unos meses leí una tras otra todas sus novelas. Tengo cinco libros suyos en casa. Debo decir que de joven leía indiscriminadamente y a peso, pero el paso de los años ha menguado mi vitalidad lectora. Por eso agradezco mucho cuando aparece un autor que me apasiona de nuevo. Y Auster pertenece a esta categoría.

Pensé en Auster al leer el capítulo IX, donde se narra el hallazgo del manuscrito arábigo con la continuación de las aventuras de El Quijote. La secuencia desde el tuit 831 me recordó vivamente tanto el estilo dinámico de Auster como el giro argumental que tan a menudo aparece en sus novelas.

En una novela de Auster, no recuerdo cuál, el protagonista, huyendo de su pasado, llega a una ciudad del medio Oeste donde se hace amigo de un solitario empleado negro de ferrocarriles, y éste le aloja en una especie de sótano o refugio nuclear donde por una fatalidad se le cierra la trampilla de acceso, quedando sin posibilidad alguna de salir. Entretanto, el empleado negro sufre un ataque cardíaco y muere repentinamente, de modo que desaparecen de pronto todas las posibilidades de salir del sótano.

Esta situación me desazonó profundamente, porque me puse en la piel de Auster y pensé en el mal rato que debió pasar al encontrarse en semejante embarazo argumental. ¿Y el protagonista? ¿Qué iba a pasar con él?

Pero Auster no es un escritor cualquiera, y la situación cambia de pronto cuando la historia que uno seguía como real se convierte en un manuscrito inacabado en una carpeta que lleva otra persona, que se convierte en nuevo protagonista de la historia.

Barrunté que Auster tenía muy presente a El Quijote en su obra, y buscando información al respecto resultó que sí, que Auster admiraba profundamente la obra de Cervantes.

La asociación con Chaplin es más ligera. De joven veía en televisión los cortos de Charlot. Los daban los sábados por la tarde, si no recuerdo mal. Los golpes y patadas al culo y carreras de aquellas películas me vinieron a la mente al leer el capítulo XV, donde una incursión amorosa de Rocinante acaba con una monumental paliza (que no es la primera) para nuestros protagonistas.

Esa reiteración en las golpizas me trajo a la mente las locas carreras y golpes de las películas de Charlot. Volví a indagar sobre esta relación y encontré que Chaplin también admiraba la obra de Cervantes. De hecho, hay algo del irreductible idealismo de El Quijote en Charlot, empeñados ambos en mantenerse fieles a su visión del mundo a pesar de todas las adversidades.

(Origen de las fotos: Chaplin, Quijote de Orson Welles, Auster)

Juanita keyboard: tablero alfabético para discapacitados

En 2009 diagnosticaron a mi madre, Juanita, una esclerosis lateral amiotrófica, más conocida por sus siglas ELA. El curso de esta enfermedad es muy cruel: los músculos del cuerpo dejan de responder paulatinamente a causa de la degradación del tejido nervioso, y el enfermo poco a poco deja de ser capaz de hacer cualquier actividad, incluso las más básicas.

Una de las funciones que se degradan es el habla. Comprender a un enfermo de ELA acaba siendo imposible, ya que su fonación es cada vez más defectuosa, con la consiguiente frustración de todos, pacientes y cuidadores. Para estos casos es común usar tableros de letras, en los que los pacientes van señalando letra a letra las palabras que quieren emitir.

Yo tuve uno de estos tableros para comunicarme con mi madre, y al poco tiempo pensé que era posible mejorar su funcionalidad usando una pantalla táctil como las de los iPad, por ejemplo. Me puse a escribir una aplicación en HTML que pudiese usarse de la forma más simple posible y acabé creando esto que os presento hoy:

Imagen de la aplicación
Pulsa aquí para ir a la aplicación

En aquel tiempo, 2010, dividía mi tiempo entre el cuidado de mi madre y la programación de mi tablero. Gracias a esto último podía evadirme de mi propio sufrimiento. A veces tuve la sensación de que mi madre llevaba su enfermedad con mucha mayor entereza que yo mi pena; entonces la única forma de huir de mi mala conciencia era sumergirme en el código, que ella probaba cada día pacientemente.

Pero vuelvo a la página HTML, a los detalles técnicos:

  • El tablero está dividido en casillas. Cuando se pulsa en una de ellas, en la franja negra superior se escribe la letra correspondiente.
  • Cuando se pulsa en la franja negra, si existe conexión a Internet, una voz de Google Translate pronuncia la frase que se haya escrito.
  • En la franja inferior hay casillas para comandos:
    • Un selector Números/Acentos para presentar las cifras y las vocales acentuadas.
    • Tres casillas para borrar una letra, una palabra, todo el texto.
    • Dos casillas para seleccionar frases comunes predefinidas.

El fichero HTML que contiene la aplicación es autocontenido (fuera de la referencia a Google Translate para la pronunciación del texto), de modo que puede descargarse y usarse fuera de línea como tablero de letras electrónico.

Enlaces:

  •  Acceso a la aplicación: puesto que se trata de una página HTML, puedes acceder a ella con cualquier navegador desde diegobuendia.com/JuanitaKB.htm.
  • Acceso al proyecto: para aquellos aficionados a la programación que quieran su propia copia del proyecto para mejorarlo o transformarlo, tengo un repositorio en github.com.

EQ17KT llega al tuit número 1000

Para las personas anuméricas, que somos la inmensa mayoría, las cifras singulares tienen una significación especial, igual que para los reyes cruzados los símbolos que creían ver en las nubes del cielo y que eran augurio de éxito en las batallas.

Ya en el caso concreto de EQ17KT, he explicado varias veces que si en el proceso de troceado de El Quijote no me hubiera cruzado con ese número exacto de tuits, 17000, quizás no hubiera sentido el impulso definitivo para poner este proyecto en marcha.

Sirva esta introducción para dar noticia del paso de EQ17KT por el tuit número 1000, que se produjo a las 20:00 (hora española) del día 7 de octubre de 2014. Efeméride que duró poco, ya que a las 20:05 aparecía el tuit 1001: la maquinaria del servidor, numérica ella, no se sintió especialmente impresionada y siguió impasible con su doble entrega.

Confieso que el tuit 1000 estaba previsto para cuatro horas antes, a las 16:00. Esta previsión se frustró por un fallo en la base de datos del servidor, que estuvo inaccesible de madrugada, desde las 2:00 hasta las 5:00. No es la primera vez que hay problemas técnicos, pero sí la primera que me pillan en las horas que dedico al sueño.

Las otras dos veces que el sistema falló (en una ocasión por la base de datos, en otra por una actualización defectuosa de Twitter), me di cuenta y mandé los tuits a mano, aunque con unos minutos de retraso. En esta ocasión no pudo ser. Me ahorré la angustia de verme tuiteando todo el Quijote a mano los dos próximos años, pero al mismo tiempo perdí cuatro tuits de una secuencia que quiero que sea lo más regular posible.

Bueno, con mis disculpas por delante, me veo inclinado a recuperar el tiempo perdido y creo que enviaré a mano esos cuatro tuits, a modo de penitencia. ¿Qué más cosas pueden pasar, si uno se congracia con el Cielo?

¿Por qué tuitear El Quijote?

Cómo empieza todo.

El 23 de agosto de 2014, en el curso del tercer día de una febrada horrible, me distraía en Twitter publicando tuits deprimentes cuando de pronto me sorprendí a mí mismo con este tuit nostálgico:

//platform.twitter.com/widgets.js¡Guau! ¡Twitter en los tiempos de Víctor Hugo! Me fascinan esas ucronías: El papa Urbano segundo publicando en su Facebook la convocatoria para la Primera Cruzada. Dostoyevsky blogueando El Jugador cada noche desde Baden-Baden. Cervantes persiguiendo la fama en Twitter, desesperado por superar en seguidores a Lope de Vega… Y enseguida, siguiendo con la broma, escribí los dos últimos tuits de esa hipotética edición tuitera:  

//platform.twitter.com/widgets.js

//platform.twitter.com/widgets.jsTengo ya la edad del Quijote, pero pero conservo el hábito de hacer estimaciones que adquirí­ de joven, así que durante un rato calculé lo que se tardaría en tuitear El Quijote:

//platform.twitter.com/widgets.js

Esto último era una baladronada. Todavía no tenía el troceador de textos, pero sabía como hacerlo. Dejé el tema ya de madrugada, pero estoy seguro de que durante el sueño estuve dándole vueltas a esta último tuit:

//platform.twitter.com/widgets.js

A pesar del tono burlón, en el fondo es una tesis seria: debe haber alguna forma de acercar la gran cultura a las personas que viven en el mundo virtual. El problema es no saber cómo hacerlo.

Y por qué.

La razón primera es hacer algo que nadie ha hecho antes, y que en primera instancia parece un sinsentido. Visto así, lo que me gusta es la propia naturaleza de locura quijotesca que tiene la idea.

Luego ya se van encontrando razones plausibles:

  • la efeméride próxima del 400 aniversario de la muerte de Cervantes.
  • la curiosidad por ver la respuesta de Internet ante la propuesta.
  • el desafío técnico de programarlo todo.

Me gusta pensar que cada cual encontrará la forma de dejarse acompañar por El Quijote durante este tiempo. Algunos aceptarán la lentitud de la propuesta, y saborearán las palabras encontrando bellezas que quizás pasaron desapercibidas.

Otros se acercarán al libro para sortear su impaciencia, y al día siguiente reconocerán lo leído como se reconoce a un viejo amigo. Otros más intertextualizarán, al estilo de Internet, comentando palabras, buscando en Google o en la Wikipedia el sentido de algunas cosas.

Y seguro que hay maneras de usar esta propuesta que no llego a imaginar. En todo caso, mi obra ahora también pertenece al mundo, y es un alivio dejarla marchar y que se someta por sí misma al juicio de la gente.

Publicado en Libertad Digital, el 12 de septiembre de 2014

Vida y miseria del editor de El Quijote

Obsesión incipiente

Alguien lo dijo en un tuit: si ese tío tuitea el Quijote 24 horas al día, antes de llegar al 700 termina loco. Le expliqué un poco condescendiente que no había problema, que el proceso era automático, pero quizás fue una respuesta demasiado a la ligera. Ahora estoy preocupado, porque igual tenía algo de razón.

Siento un punto de presión incómoda con esta edición del Quijote. Me está afectando personalmente, y eso no estaba previsto. Necesito explicar algunas de las cosas que me están pasando.

Tengo marcado @elquijote1605 como usuario favorito en Twitter. Así el móvil me avisa de sus publicaciones con un sonido muy discreto, y al principio parecía muy conveniente ver pasar las horas y los tuits del Quijote al mismo tiempo. Pero con el paso de los días he llegado a una sensación de hartazgo.

El aviso inocente me pone de los nervios, de puro incansable. Es una tortura, una especie de gota malaya acústica, que empezó inocua pero ahora es poco menos que intolerable. Lo que tenía que ser la tranquilidad de saber que todo iba bien ha terminado siendo la evidencia constante de mi propia esclavitud.

Ese malestar creciente me llevó a poner el móvil en modo zumbador. Creo que fue hace dos días. He perdido algunas llamadas, pero no quiero investigar más, temo que se me desconfigure todo. Ya no oigo el sonido de antes, pero parece que poco a poco he desarrollado una sensibilidad especial, y ahora el avieso zumbido lo percibo tan claro como las trompetas del apocalipsis. Mi única paz es (sería, mejor dicho) apagar el móvil. Pero esto me parece una traición a mi edición del Quijote, y a sus lectores.

También me inquieta lo que me ocurre por la noche. Ya no me acuesto antes de la una de la madrugada, y si lo puedo hacer es porque aprovecho la momentánea tranquilidad de saber que se acaba de publicar el tuit correspondiente. Duermo bien, pero soy de sueño ligero, y a veces me despierto en plena noche y ¿a que no adivináis lo primero que me viene a la cabeza?

Pues sí, ¿estarán ahí los tuits de El Quijote?

A esas horas, mi cerebro no es el de la vigilia, y al revisar los tuits me suele hacer creer que he perdido alguno por el camino. Entonces siento un abismo. Pienso en cuánta gente se habrá sentido traicionada esperando el tuit de las tres de la madrugada. En América es plena tarde, todos se habrán dado cuenta, es horrible. Me despejo bruscamente, vuelo al portátil a comprobarlo todo. Me equivoqué. Todo está bien. Son las cinco. Pero ya no tengo sueño.

Así que duermo poco, y el zumbido del tuit me persigue como si fuera yo el protagonista de aquel cuento de Edgar Allan Poe. Y lo peor es que acabo de empezar, apenas llevo 500 tuits. Quizás aquel tuitero tenía razón. Tengo que reconducir todo esto, esta locura no me lleva a ningún lado.

Temo que sea verdad que me estoy obsesionando.


 

Lo llamaré bifurcación porque parte de la vida real y luego se separa de ella, a medida que se liberan los pánicos que a uno le invaden según la imaginación se va apoderando del cuadro. Por si alguien se preocupó, en realidad estoy muy bien. Nada de lo explicado es real. Casi nada, ciertamente. Bueno, en realidad algunas cosas sí que me están pasando un poco. Pero controlo ¿eh? Lo tengo bajo control. Confío llegar indemne al tuit 700.

 

Leer en los tiempos de Twitter

Las nuevas tecnologías son una maravilla. A veces no advertimos lo que han llegado a cambiar nuestra forma de vivir: quizás para ello hay que tener una edad y esforzarse en recordar cómo era el mundo antes. Entre las cosas que han cambiado de una forma sustancial, y hablo por experiencia, está la relación que tenemos con los libros.

Google: el buscador

El buscador de Google deja atrás los tiempos en que había que ir a la biblioteca a buscar información para hacer trabajos de geografía o historia. Ahora cualquier duda se resuelve en un instante, con solo escribir unas palabras.

¿Consecuencias? ¡Claro! Una de ellas es la banalización del conocimiento. Si todo está en Google, al alcance de un clic, el saber está bien custodiado, por lo tanto no es necesario aprender nada. Cuando necesite el peso atómico del rubidio ya lo buscaré. Una información accesible de forma instantánea se devalúa forzosamente.

Cuando la información se albergaba en incunables, en remotas abadías, la gente pasaba meses viajando para acceder a ella, y más meses aún memorizando o transcribiendo los pergaminos para conservarla. El conocimiento adquirido tendría tanto valor que perderlo sería una tragedia.

Otro efecto perverso es que todo el saber acaba valiendo lo mismo. Cuándo nació Justin Bieber. Técnicas de fusión fría. La receta del gazpacho. Todo el conocimiento tiene el mismo coste: casi cero. ¿Para qué discriminar? El conocimiento se vuelve un producto de usar y tirar. Tenemos una compulsión de saber algo, lo consultamos en Google, nos aliviamos y nos olvidamos.

Cuando el conocimiento costaba, había que valorar y discriminar qué valía la pena y qué no. En ese trabajo se utilizaba la inteligencia y se cultivaba el criterio personal. Todo eso ya pasó a la historia, de alguna manera.

Twitter: la difusión

Twitter es otra herramienta fascinante. Mucha gente entra en Twitter la primera vez y al cabo de unos días lo dejan, desconcertados. A mí me pasó. Uno espera encontrar un producto terminado, listo para consumir, y lo que uno adquiere con su cuenta de Twitter no es más que una puerta abierta a la gran plaza pública. Lo que uno obtenga dependerá de uno mismo; todo está por construir.

Twitter es esa gran plaza pública donde todo el mundo habla. Uno puede escuchar “Quijote” y Twitter tiene el poder de reunir para ti a todas las personas que están usando esa palabra ahora, en todo el mundo. Puedes seguir a varias personas y leer todo lo que escriben. Y puedes tener listas de personas interesante y Twitter te muestra cada uno de sus comentarios. Como emisor, puedes tener muchos seguidores y tu mensaje queda amplificado automáticamente para cada uno de ellos. Es verdaderamente increíble.

Pero también Twitter tiene efectos colaterales en nuestra percepción del mundo. La información es caleidoscópica, fugaz, a menudo no contrastada. No hay otro posible contraste que recuperar y consolidar uno mismo distintas fuentes y esperar que la elección no resulte ser sesgada. Por otra parte, tanta información puede producir un efecto abrumador y paralizante.

Efectos colaterales en la lectura

¿Qué me está pasando?, me pregunté hace un tiempo cuando empecé una novela y me sentí de pronto extraño. Recuerdo dos casos: el Código da Vinci, de Dan Brown, y El doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas.

Tanto Dan Brown como Vila-Matas, cada uno a su manera, citan y citan escritores, ciudades, sucesos, modelos de vehículos, lugares geográficos. Y en mi cabeza, cada cita exigía ser verificada, validada. ¿Existirá realmente esa iglesia románica o ese pueblo del Rosellón? ¿De verdad murió el poeta Robert … un día de Navidad, en un sanatorio suizo?

Al final, acabé por leer novelas con el buscador de Google al lado. Sorprendente.

[IUn ejemplo de ahora mismo. Recordaba la novela de Vila-Matas y la historia del poeta que murió, transtornado, un día de Navidad. Recordaba que escribía notas en trozos de papel con una letra microscópica. Pero no lograba dar con el apellido. Y ahí viene en mi socorro el buscador de Google. Escribo “poeta suizo muerto en navidad microtextos”, y enseguida tengo este enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Walser. Efectivamente, ahora recuerdo. Walser. Era Robert Walser. Problema solucionado.]

Leer un texto con Google al lado es como leer el Quijote en una edición anotada, intercalando en la lectura todas las notas a pie de página. Se pierde la experiencia absorbente de la lectura, y el poder de fascinación de las palabras se diluye en el exceso de información adicional.

¿Nuevas formas de escribir?

Me ha gustado siempre la literatura, tanto vista con ojos de lector como de escritor. Por eso, a menudo ojeo una novela y me encuentro reflexionando sobre qué es lo que me chirría de un texto que, por otro lado, igual está escrito de un modo impecable. Y suelo pensar cosas como estas:

  • Se debería evitar la información que uno puede recabar en Google. Si el autor puede documentarse en Google, cabe suponer que el lector también. El efecto de descubrir los mimbres de una novela (ese edificio no está en esa calle) es más desalentador que un espoiler. Lo que el escritor tejió como urdimbre de pronto se le aparece al lector como engaño. Esto hace que escribir ficción resulte complicado. A nadie le gusta sentirse objeto de engaño.
  • Si se usa información de la Red, el valor añadido no está en las propias informaciones, sino en las asociaciones que el escritor establece entre ellas. Es el único aspecto en el que la mente del creador puede brillar: en decidir la forma en que unos enlaces conectan con otros. Encontrar esa forma original de llegar desde la receta del gazpacho a las técnicas de fusión nuclear.
  • Sigue vigente explorar las vivencias de los personajes, más que sus azares mundanos. Un ejemplo claro es Ana Karenina, de Tolstoi. Esa novela genial describe el alma de la protagonista y su transformación a lo largo de su peripecia vital. No hay necesidad de recurrir a Google para intertextualizar nada.
  • La narrativa clásica, lineal y tranquila, casa mal con estos lectores familiarizados con el ritmo sincopado y breve de los mensajes de Twitter y los programas de zapping. La descripción de la alameda junto al río tendrá que adaptarse de algún modo a nuevas formas caleidoscópicas y breves. Al lector le atraerá tener un puzzle de piezas diferentes porque podrá dedicarse a construir por sí mismo la solución al enigma.

Estas son algunas de mis reflexiones sobre la literatura y las redes sociales. Cada cuál tendrá (o no) las suyas. Si me queréis hacer partícipe de las vuestras, estoy por aquí. Saludos,

 

Por qué EQ17KT es como es

¿Por qué hay que leer de abajo arriba?

Pues porque Twitter publica los tuits en orden cronológico inverso: los más recientes aparecen primero, desplazando a los anteriores hacia abajo. Para visualizar en orden cronológico creciente, podría publicar los tuits de EQ17KT al revés. Así el orden aparente sería el natural, pero tendría que empezar a publicar por el final, y terminar con el famoso “En un lugar de La Mancha…” del inicio. No se podría leer el texto completo hasta haber publicado el último tuit, que a la sazón sería el primero, cuando el plan era, por el contrario, publicarlo por entregas sucesivas para poder leerlo desde el principio.

¿Por qué no quitas los encabezados?

Los encabezados (QUIJOTE nnn) los puse para que fuera más fácil distinguir los tuits en una línea de tiempo con muchos mensajes. El número me pareció importante para identificar tuits consecutivos, porque algunas veces el API de Twitter se salta algunos tuits y uno termina devanándose los sesos tratando de casar dos tuits, cuando resulta que es Twitter el que se ha saltado alguno intermedio.

Otra razón para no cambiar ahora es que, a la hora de calcular cuántos tuits tiene El Quijote, estos encabezados formaban parte del cálculo, y por tanto suprimirlos también cambiaría el número de tuits resultantes. Y, qué queréis que os diga, yo ya estoy encariñado con el 17000, el número mágico.

¿Por qué cortas las frases un poco así?

Porque el algoritmo es especialmente simple, como corresponde a lo que se desarrolla deprisa y corriendo, con fiebre y hecho un trapo. Lo que hice fue tomar bloques de 180 caracteres e ir eliminando palabras por el final, hasta tener menos de 140. Así no hay mucha garantía de completitud sintáctica, realmente. Con todo, en algunas ocasiones los tuits acaban bien; en esos casos uno celebra especialmente la circunstancia, cosa que no ocurriría si el algoritmo fuera más listo. En este caso asumiríamos que acierta siempre y lo que tendríamos es decepción en los contados casos que no.

Para la segunda edición, me he prometido hacer un algoritmo más inteligente, al que poder criticar con liberalidad y no tratar con indulgencia, como a éste.

¿Cómo leerías tú EQ17KT?

Yo tengo habilitadas las notificaciones de Twitter para el usuario @elquijote1605, de modo que cuando publico un tuit el móvil me avisa. A mí me va bien porque así puedo verificar que la máquina trabaja correctamente, pero admito que es un tanto paranoico para una persona normal.

Quizás es más sano verlo pasar por la línea de tiempo de una forma casual, y, si el tiempo lo permite, ir a los tuits de @elquijote1605 para ver los anteriores y poner el tuit en contexto. Y luego, en un momento más tranquilo, ir a http://protopol.com/quijote17000 para ver lo publicado durante el día. En esta página se puede leer secuencialmente y acceder a cada tuit original (basta pulsar en el número pequeño al principio de cada uno) para certificar que el tuit se publicó.

Termino poniéndome un poco lírico: leer la página tranquilamente, saborearla, y esperar al día de mañana, sin dejar que a uno las prisas le afanen, es un pequeño lujo en estos tiempos de premura. Y con la intención de disfrutarlo es que andamos publicando esta versión de El Quijote en Twitter.

El Quijote en 17000 tuits: detalles técnicos

Desde el 1 de septiembre de 2014 estoy publicando las dos partes de El Quijote en Twitter. En este artículo explico algunos detalles técnicos para aquellos que se han interesado.

La fuente

Para calcular cuántos tuits serían necesarios, me descargué el texto digitalizado desde el Proyecto Gutemberg y eliminé los avisos legales del inicio y el final. También eliminé el prólogo de Cervantes y los sonetos para poder empezar con el famoso “En un lugar de La Mancha…”. Ahora creo que hubiera sido mejor respetarlos, pero es ya una decisión irreversible. Con estos ajustes, el texto tiene 2.151.251 caracteres.

El troceado

El troceado de El Quijote en tuits lo hice mediante un algoritmo que está explicado aquí. La idea es tomar unos 180 caracteres cada vez e ir eliminando palabras enteras hasta que el resto no supere los 140 caracteres disponibles en un tuit. El hecho de que saliera un número redondo de tuits, 17000, tuvo mucho peso en la decisión de tirar adelante el proyecto. Los matemáticos saben que un número no tiene una significación distinta de otro, pero el hombre común sí que siente la fascinación de los números singulares.

La tasa

El cálculo de la tasa de tuits por día producía un valor de 28’45, y por eso en un primer momento opté por enviar un tuit por hora, a sabiendas de que se produciría un desfase progresivo. La solución era publicar al doble de velocidad los tres últimos meses. Más tarde he pensado que tres meses a tuit cada media hora es un poco excesivo, incluso para quien haya tenido la paciencia de llegar hasta ahí, y ahora lo que hago es añadir esos cuatro tuits diarios de más como repicón (a las 8:05, 12:05, 16:05 y 20:05 horas). Cada dos días añado un tuit a medianoche (a las 00:05 horas) para cubrir esos 0’45 tuits diarios que restan. Con el tiempo este último tuit desaparecerá.

La infrastructura

Toda la aplicación está alojada en un servidor de Arvixe, un proveedor que me recomendó un amigo. Es económico y permite programar en PHP y Python, aunque el soporte para éste último lo he tenido que configurar yo para trabajar con la versión 3.4. El coste es de unos 74€ por dos años.

El sistema se sustenta sobre dos tablas MySQL, una que contiene todos los tuits y otra que registra los tuits que se han publicado ya. Un programador de tareas (el cron de Linux) se encarga del envío periódico. Todos los scripts se escribieron en Python, un lenguaje de programación que recomiendo por lo simpático que es en comparación a otros que he conocido. A pesar de su simplicidad aparente, es un lenguaje potente, y sobre todo, tiene una amplia colección de librerías, como por ejemplo la que permite publicar en Twitter.

Vínculos

Perfil de ElQuijoteEn17000Tuits en Twitter.

Página con lo publicado hasta hoy.

Y eso es todo. Si queréis más precisiones, aquí tenéis los comentarios o podéis recurrir al correo. También me podéis encontrar en mi otra cuenta de Twitter. Saludos a todos!

 

Tuitear El Quijote!

import re
import codecs

LIBRO = 'QUIJOTE'
num_tweet = 1
PATRON = '(W)'
LONGITUD_FRAGMENTO = 180
LONGITUD_TWEET = 140
CABECERA = '{libro} {num_tweet}. '

## Cargo el texto. El original en
## http://www.gutenberg.org/files/2000/old/2donq10.txt
## He suprimido los encabezados, incluyendo el prólogo
## de Cervantes y los sonetos, para empezar por el
## emblemático 'En un lugar de La Mancha...' ----
fichero = codecs.open('quijote.txt', 'r', 'utf-8')
quijote = fichero.read()
fichero.close()

## En este algoritmo, el texto se va recortando por
## su principio según se va usando ----
while quijote:

  ## Se toman 180 caracteres, que sobren, para recortar ----
  quijote_fragmento = quijote[:LONGITUD_FRAGMENTO]

  ## La cabecera es 'QUIJOTE 125. ', por ejemplo ----
  cabecera = CABECERA.format(libro=LIBRO, num_tweet=num_tweet)
  longitud_cabecera = len(cabecera)

  ## Esto serán los caracteres disponibles para tuitear ----
  longitud_disponible = LONGITUD_TWEET - longitud_cabecera

  ## Aquí troceamos por palabras. Si la plantilla incluye
  ## paréntesis en los grupos de captura, también se guardan
  ## los separadores. Ver documentación Python:
  ## https://docs.python.org/3.4/library/re.html ----
  pedazos_fragmento = re.split(PATRON, quijote_fragmento)

  ## Tomamos los, digamos, 20 fragmentos, y vamos quitando
  ## del final (19, 18...), hasta que el número de caracteres
  ## que quedan encajan en el espacio disponible ----
  for i in range(len(pedazos_fragmento), 0, -1):

    tweet_menguante = ''.join(pedazos_fragmento[:i])

    if len(tweet_menguante) <= longitud_disponible:
      ## Cuando ya cabe, unimos cabecera y cuerpo y listo ----
      tweet = cabecera + tweet_menguante
      num_tweet += 1
      quijote = quijote.replace(tweet_menguante, '', 1)

      ## Ya podemos salir del bucle de trozos menguantes ----
      break

  ## Aquí imprimimos el tuit, o lo guardamos en una base de datos
  ## para usarlos ya pretroceados más adelante ----
  #print(tweet)
  if num_tweet % 100 == 0: print(num_tweet)

Conchita I, rex

Lo he pensado mucho. He valorado pros y contras, y al final mi genuino interés por el bien de España ha pesado más que el riesgo de exponerse a una mofa irreflexiva por parte del publico. Así que aquí va: una lista de razones por las que habría que apoyar a Conchita Wurst como aspirante al trono de España.

Porque es de la casa de Austria.

En Catalunya la entronización de Conchita I será recibida con agrado e incluso con fervor. No se olvide que los catalanes están celebrando el tricentenario de 1714, año en que las tesis austracistas defendidas por los catalanes fueron derrotadas por las armas borbónicas. Sería un broche de oro a este año de celebraciones y reivindicaciones que un Austria sucediera al Borbón, recuperando una legitimidad monárquica bien antigua.

Cabe objetar, en plan purista, que Conchita Wurst no es un auténtico Habsburgo. A falta de análisis de ADN u otras pruebas documentales, podemos suponer que, si no es descendiente directa, algo de sangre Habsburgo debe, por lógica, tener. Los monarcas de todas las estirpes han tenido siempre una tendencia natural a sembrar su superioridad biológica entre el pueblo llano, y el caso de Conchita de Habsburgo no deberías ser excepción.

Porque tiene experiencia en labores de representación.

Nada menos objetable que el saber estar de Conchita Wurst en el ámbito de la representación pública, dado su reciente éxito en un escenario tan exigente como el Festival de Eurovisión. No es fácil triunfar en Eurovisión, y menos con una propuesta tan arriesgada como la suya. Imaginemos a Conchita I de España en el estrado de las Naciones Unidas, hipnotizando con su saber estar a líderes de todo el orbe.

A la objeción de su escaso dominio del español, cabe replicar que jamás un rey español tuvo dificultad alguna por no poder expresarse correctamente en la lengua de Cervantes. Juan Carlos I, por no ir muy lejos, tenía un acento raro cuando lo entronizaron. Y jamás se ha llevado bien con la erre. Por no mencionar a Sofía de Grecia, que con los años que lleva aquí todavía habla con un rematado deje extranjero.

Porque tiene el glamour de lady Di.

Aunque un rey con impecable terno gris o vestido de capitán general tiene un innegable interés fotográfico, no podría competir con la fantasía y elegancia natural de los modelos femeninos que Conchita I podría lucir en multitud de ocasiones públicas. La expectación creada por sus apariciones sería un impagable altavoz mediático para la marca España. El esperado reportaje de verano de Hola! o Semana, en los jardines de la Zarzuela, marcaría tendencia en la moda, y serviría para publicitar el talento de los diseñadores españoles por todo el mundo.

Porque canta muy bien.

Avalada por su éxito eurovisivo, cabe suponer que Conchita I saldría naturalmente airosa de esas situaciones enojosas en las que a veces se ve envuelta la Monarquía. Meeteduras de pata como safaris africanos, queridas secretas o chanchuchos con dudosos empresarios o jeques amigos. Esas cantadas de la monarquía serían entonadas brillantemente por la monarca, convirtiéndolas en argumentos positivos en favor del país.

En resumen, si España se empecina en tener rey, si el famoso referéndum se celebra y, como es natural, la reticente mayoría silenciosa se resiste a experimentar nuevas formas de gobierno, lo siguiente sería proponer una terna de candidatos para la corona. Y Conchita Wurst debería ser uno de ellos. Posiblemente el tercero debería ser Pablo Iglesias, aunque difícilmente estaría tan acreditado como Conchita, tal como he tratado de demostrar en estas líneas.

Twitter: modos de empleo (I)

Cuando empiezas a usar Twitter, hay tres modos básicos de empleo:

  • Información de actualidad.
  • Conectividad social.
  • Expresión artística.

Información de actualidad

Se trata de seguir a personas que publican informaciones relevantes. Una forma: seguir periodista que publican noticias de alcance. Otra forma: buscar hashtags (etiquetas, en la forma #concepto_a_buscar) de sucesos o acciones que estén sucediendo ahora. Muchos tuits contienen enlaces a fotos, vídeos (más interesantes) y artículos o blogs (de un valor incierto a priori).

Estrategia de conectividad social

Una vez se sigue a un grupo de gente, algunas personas tienen una tendencia narcisista a dejarse ver públicamente. Puede tratarse de alguien que desea publicitar una marca o un proyecto, lograr difusión para sus acciones, o simplemente hacerse famoso y monetizar esa fama. Una estrategia aquí es intervenir en hashtags que estén muy activos, por ejemplo de programas de TV, o de asuntos de mucha actualidad y relevancia. También tenemos la estrategia de contestar a tuits de cuentas muy populares. Hablo de cuentas de personas, porque las corporatvias no tienen la misma intensidad de fidelización. Estos tuiteros famosos acostumbran a marcar las contestaciones como favoritas, a modo de reconocimiento (una especie de ‘me gusta’), pero ya es más raro que retuiteen una de esas respuestas, porque el retuit es una amplificación del mensaje a toda su audiencia, cosa que al que escribió el mensaje le resulta muy interesante como promoción, pero que no aporta nada especial al tuitero famoso, aparte de competencia. Otra forma de visibilidad, aunque temporal, es estar en el lugar y momento adecuado para dar fe de un suceso o acontecimiento. El valor de la información valoriza al usuario. El único inconveniente es que una vez el suceso termina, la visibilidad por lo general acaba también.

La creatividad en Twitter

Al margen del seguimiento de la actualidad y de la estrategia para obtener relevancia social, hay otro tipo de usuarios en Twitter que publican sin pretender otra cosa que mostrar una visión personal de cualquier aspecto de la vida. Existe el que hace comentarios más o menos brillantes sobre temas de actualidad, pero también el que publica reflexiones íntimas, el que cuenta chistes y el que versifica en modo minimalista. Se exploran las posibilidades expresivas del tuit. Siempre hay un narcisismo en quien escribe tuits, porque si no existiera la posibilidad de ser leído uno escribiría en una libreta. Pero una vez asumida esa posibilidad de ser mensaje en una botella, uno puede explorar propuestas que puedan ser artísticas, biográficas, narraciones de ficción o divulgativas. En cierto modo, es como el que se autopublica.  Normalmente nadie se enterará, pero hay casos en que sí y en los que se Twitter se convierte en otra forma de obtener relevancia social. En este formato, Twitter puede usarse también como repositorio de enlaces a blogs o páginas web donde la información puede tener un formato más extenso y libre.

¿Por qué ser de izquierdas cuando es tan difícil?

Imagen

El ser humano oscila entre dos naturalezas antagónicas: el egoísmo y el altruismo.

El egoísmo es una elaboración del instinto natural de supervivencia. Si al instinto se le añade inteligencia, se obtiene egoísmo. Se es egoísta cuando se examinan las circunstancias de la vida primando la razón del propio interés. La palabra egoísmo tiene una connotación negativa, pero el concepto que describe es esencial como estrategia de supervivencia. Todo ser vivo lucha por su supervivencia, y busca afianzarla aunque para ello tenga que pasar por encima de los otros individuos. Los egoístas son por definición conservadores.

El altruismo, también presente en el ser humano, es una cualidad opuesta al egoísmo, que consiste en la inclinación a preocuparse por la supervivencia y el bienestar de nuestros semejantes. Frente a un mundo hostil, el altruismo es una estrategia que persigue aunar recursos para facilitar la supervivencia de todos. Como estrategia colaborativa es más elaborada que el simple egoísmo. En la medida que los seres humanos son capaces de renunciar a una parte de su beneficio propio en bien de un interés colectivo, el altruismo es un paso adelante en la socialización de la especie. De ahí que los progresistas sean, en última instancia, altruistas.

Las sociedades y los individuos se mueven entre estos polos antagónicos a lo largo del tiempo. La intuición nos dice que una sociedad de completo egoísmo no puede ser buena, así como no puede ser viable otra en la que nos desprendamos de todo por el bien de los otros. En la dialéctica egoísmo-altruismo debe existir algún tipo de término medio, aunque cada persona tendrá su propia sensibilidad al respecto.

El egoísmo, como impulso determinado a asegurar nuestra existencia, tiene un problema: nunca se es lo bastante fuerte como para estar seguro de nuestra posición. No basta con tener una casa, un trabajo, una seguridad material. Bajo la advocación del egoísmo, nuestros bienes están siempre amenazados por la codicia de los otros egoístas. Vemos caer a diario grandes fortunas que parecían a salvo de toda contingencia. Nunca se es lo bastante grande, por lo tanto la vida es una lucha constante para crecer y así minimizar el riesgo de ser despojado por los otros.

El altruismo, por su parte, sufre una desventaja estructural respecto del egoísmo: sus frutos no se perciben con la misma nitidez. Cuando uno puede pagarse un médico privado y ser atendido en un gabinete cómodo y personalizado, es fácil preguntarse qué necesidad hay de que existan las salas de espera abarrotadas de los hospitales públicos. Quien nada posee valora que otros dediquen parte de su patrimonio y voluntar a su cuidado; quien está a salvo considera ese menoscabo de uno mismo un absurdo.

El egoísmo es lo que alimenta lo que en política se llama para abreviar “la derecha”. Actualmente se manifiesta en el pensamiento liberal, que se resume en dejar que los individuos velen por sí mismos, puesto que éstos, guiados por el instinto de su egoísmo, sabrán proveer sus propias necesidades. Se argumenta que, como efecto colateral, se generará una riqueza que revertirá de algún modo en beneficio de la propia sociedad. Este argumento pretende tranquilizar a quien pueda sentirse amenazado, pero es una ficción: al egoísmo no le hace falta en absoluto esos argumentos morales para entrar en acción.

El altruismo es el motor de lo que en político se resume como “la izquierda”. La izquierda pretende que todos los seres humanos son iguales desde una perspectiva social. Todos necesitan comer, cobijarse, tener una seguridad en la vida. La izquierda considera injusta la desigualdad en el reparto de la riqueza, no tanto en sí misma como en el efecto que tiene dejando a muchos seres humanos sin opciones de una vida digna. Detrás de la izquierda late una cualidad, la empatía, que hace que las personas se conmuevan ante el sufrimiento ajeno. Pero el problema con la empatía es que no es una cualidad general: se tiene o no se tiene. Y hay quien no la tiene, y ante la visión de la miseria piensa que algo habrá hecho esa persona para llegar a ser tan miserable.

Ser de derechas es fácil. Cuando todo lo que se necesita es contemplar si algo es bueno para uno mismo, las decisiones son bastante más fáciles que cuando se trata de decidir si algo es bueno para la sociedad. El ámbito de decisión de una persona de derechas tiene un contorno bien definido.

Ser de izquierdas es más difícil. Decidir que algo sea bueno para todos implica acotar quiénes somos “todos”. Uno puede sentirse inclinado, incluso siendo de derechas, a un “altruismo de proximidad”, que afecte al ámbito más cercano: la familia, el círculo social. Pero el altruismo en su esencia más pura no puede aceptar la exclusión de nadie. Y sin embargo, la necesidad de atenerse a la escasez de recursos y el necesario realismo obliga a poner un límite al altruismo idealista.

Así que ser un egoísta absoluto es simple, mientras que ser un altruista absoluto es prácticamente imposible.

En política, ser de derechas es simple también. Hay quien va a forrarse, y lo dice así de claro. Otros son más sutiles y abogan por la libertad individual, en la implicita pero clara convicción de que ellos estarán en el lado de los que saben salir adelante por sí mismos y, por tanto, pertenecerán al bando de los afortunados. La última moda de la derecha es tomar al asalto el edificio de una conquista social, como es el Estado, y desmembrarlo en su propio beneficio. Así, gente que en teoría bendice la libre competencia y el desempeño individual consiguen privatizar instituciones públicas por el método de colocar gobernantes dispuestos a desmantelar el estado del bienestar. Unos gobernantes de derechas que dejan de invertir en los servicios públicos manifiestan acto seguido que tales servicios son inviables, proponiendo en consecuencia su privatización. Ya en manos de sus amigos, esas empresas le cuestan más a la sociedad, porque no solo tienen que dar el servicio sino que además deben enriquecer a sus propietarios. Ahí el dinero público que había sido escamoteado vuelve a fluir generosamente. Es una lógica perversa, pero completamente razonable e incluso brillante desde la perspectiva del egoísmo humano.

Y, por contra, ser de izquierdas es verdaderamente complicado. Ya he comentado el problema de tener que poner límites a la solidaridad, lo que obliga a concertar voluntades y conceptos antes siquiera de poder entrar en acción. Pero es que, además, el que se propone luchar por los derechos de los más desprotegidos no tiene el beneficio tangible de la satisfacción de su propio egoísmo. De hecho, una vez resulta claro que el egoísmo no puede satisfacerse, lo que queda en su lugar es la satisfacción de la vanidad personal, otro impulso indiscutible del movimiento humano. Al izquierdista le queda la satisfacción de ser el adalid de algo, el que dirige a las masas, el que sale en la foto. Es difícil dejar esa cabecera para formar parte de un cuerpo común pero en algún rincón oscuro de la organización. Pero la paradoja es que lo que más necesita una organización de izquierdas es ese tipo de aportación anónima.

Si ser de izquierdas es tan complicado, ¿por qué ser de izquierdas?

Creo que la razón más poderosa es que, abandonado al discurso y al método de la derecha, tarde o temprano la mayoría de nosotros acabará en la miseria. El egoísmo no tiene límites, como he manifestado más arriba. Y la riqueza cada vez se concentra más. Tarde o temprano todos seremos desposeídos, si no lo estamos siendo ya. Ser de derechas sin pertenecer a esa minoría que posee la mayor parte de la riqueza del país es de ilusos que creen que a la hora de la verdad estarán del lado de los ganadores.

Y la verdad es que esos ganadores van a ser muy muy pocos.

La Justicia vista como un partido de fútbol

Los legos en materia judicial tenemos que buscar analogías, metáforas y parábolas para entender qué pasa con la Justicia, ya que si nos sometemos al lenguaje arcano de la judicatura nos perdemos enseguida en su laberinto formal.

Buf. Perdón. Me ha salido una jerga pseudojurídica, qué gracia.

Lo intento de nuevo:

La gente corriente no entiende nada de lo que dicen los profesionales de la Justicia. Hablan raro, y escriben más raro aún. Así que, en un afán didáctico,  he pensado hablar de fútbol, que es algo a lo que sí llegamos todos. Quien no guste del fútbol, que piense en baloncesto, servirá igual. Empiezo:

Digan lo que digan, lo importante de un partido es ganar. Nadie se acuerda del subcampeón, por más que insista en que lo importante es participar. En España hay un equipo poderoso, el Real Corruptivo F.C., pongamos por caso. Está formado por verdaderos cracks y suele ganar la mayoría de los partidos.

Pero, con todo, hay partidos que se pierden. Y los aficionados, esto lo llevan mal. Querrían que se ganaran todos. Pero para ganar los partidos, hay que jugarlos: hay que tener un campo, un adversario, un árbitro, un reglamento. Otra cosa ya no sería fútbol. Así que, manteniendo todos esos elementos formales, se trata de buscar estrategias sutiles que obren a favor del Real Corruptivo F.C.. Veamos cómo:

  • El campo. El campo se puede convertir en un patatal, que haga imposible el juego de los mejores jugadores contrarios. Una forma de convertir la Justicia en un patatal es no darle suficientes recursos para mantener el césped impecable. Por eso los juzgados acumulan legajos en los pasillos y no tienen suficiente personal para sacar adelante su carga de trabajo. Por eso tampoco se dedica dinero a la modernización de la Justicia, ya saben, los ordenadores y todo eso.

Defensa: podemos insistir en que no hay dinero para abordar una modernización de la Justicia (pero sí para soterrar la M30)

  • El adversario. Hay equipos con jugadores muy buenos, pero que juegan en ligas muy modestas. Es un sofoco que un equipo del nivel del Real Corruptivo F.C. pueda perder un partido contra un equipillo de Tercera Regional, pero puede arreglarse esto dificultando el acceso de los equipos modestos a la Liga Grande: basta establecer unas cuotas de inscripción que les resulten inaccesibles. Eso es lo que llamaríamos Tasas Judiciales. Si para entrar en pleitos hay que pagar centenares de euros, una buena cantidad de ciudadanos no podrán defenderse de una injusticia. Además, se da el caso de que las empresas pueden deducirse las tasas, y los particulares no. Es como decir que al equipo más poderoso se le permite pagar con su mero prestigio, mientras el pobre paga a tocateja.

Defensa: con las tasas que recaudemos, mejoraremos la justicia gratuita (no hacía falta, ya era una buena idea que fuera toda gratuita anteriormente).

  • El árbitro. A los árbitros se les puede comprar, pero esto es poco sutil, porque les deja demasiado en evidencia durante el transcurso del partido. Menos evidente y sin embargo igual de efectivo es recurrir al miedo o a la ambición del juez, cualidades ambas que todo ser humano posee en alguna medida. A un árbitro se le puede insinuar que puede que éste puede ser el último partido que arbitre, o anticiparle un futuro brillante en forma de ascenso a la Champions League. En el caso de los jueces, la carrera de jueces que han arbitrado partidos especiamente difíciles ha terminado de forma abrupta. A otros se les premia su buen comportamiento mediante nombramientos al Tribunal Constitucional o al Supremo, donde rige un sistema de cuotas partidarias y un criterio de elección discrecional. (Uy, se me riza el lenguaje de nuevo. Vamos a alisarlo otra vez).

Defensa: como la Justicia es muy técnica, y se goza de su lenguaje barroco, es fácil encontrar una forma de ofuscar el discurso de forma que nadie entienda por qué se recusa a tal juez, por qué tales pruebas no son válidas, por qué este defecto de forma o esta petición fuera de plazo.

  • Los jueces de línea. Los jueces de línea, o sea los fiscales, deben ayudar al juez a impartir justicia, observando las jugadas desde otro punto de vista que al árbitro se le escapa. Se les presupone la misma imparcialidad. Pero, en este campeonato imaginario, resulta que los jueces de línea, digo los fiscales, dependen directamente del Ministerio de Justicia. Es más fácil modularlos, en caso necesario, apelando a la obediencia debida. Y aún nos queda el miedo y la ambición, como con los jueces. En el caso de partidos difíciles, como el de la Infanta o el de la Gürtel, siempre se puede recurrir a ese fuera de juego dudoso o a esa expulsión por agresión que sólo el línea pudo ver. Esta línea es prometedora, no en vano el ministro tiene el plan de que los fiscales puedan instruir una causa, en lugar de hacerlo un juez. Con esto, en última instancia, nos podríamos ahorrar el árbitro.

Defensa: los fiscales son independientes y se limitan a aplicar la legalidad. Que parezca que algunos son más defensores que fiscales es sólo por la ignorancia de los legos en la materia. Que otros miembros del ámbito judicial se hagan cruces es por puro forofismo.

  • El reglamento. Con los recursos anteriores, ya pasará pocas veces, pero puede darse el caso de que el Real Corruptivo F.C. pierda un partido porque… bueno, por mala suerte: árbitros y jueces imparciales, un equipo contrario bien organizado, un campo que estaba en mejor estado de lo habitual. Para conjurar esta posibilidad, podríamos modificar el reglamento, de modo que, por ejemplo, para un equipo el fuera de juego no existiera, y para el otro sí. Quizás en fútbol esto canta demasiado, pero ya hemos dicho que el mundo judicial es proceloso y es fácil hacer que no se entienda nada. Se trata de modificar las leyes para que gane la banca (vaya, que metáfora tan poco metafórica). Ahí están las leyes contra las energías renovables, que benefician a las eléctricas, por decir algo que se me acaba de ocurrir. O el recurso contra el decreto antidesahucio de la Junta de Andalucía. O la futura ley de Seguridad Ciudadana, que reprime al rival exageradamente si insulta o hace una entrada fuerte a los nuestros. En resumen: si las leyes molestan, se cambian y ya está.

Defensa: Legislar es complejo. Gobernar es repartir dolor. Y déjeme en paz que hoy no estoy de humor para nada.

  • El cuarto poder: O sea, los medios, la prensa. Puede que el partido haya sido un escándalo, que se haya visto que el juez y los líneas estaban comprados, que se ha expulsado a medio equipo rival por naderías, el caso es que se ganó el partido y lo único que se necesita es que la crónica esté bien redactada: que pase por alto los elementos polémicos e incidan en lo positivo. Por ejemplo, si el público abucheó al árbitro, se puede decir que hacía mucho viento. Si ganamos con un gol marcado con la mano, se puede expresar admiración por la habilidad del delantero. Tener profesionales con este don para la comunicación es una necesidad, y cuando estos profesionales necesitan el dinero para alimentar a sus churumbeles, la necesidad se vuelve virtud. Además, será  por dinero, como recordarán sonriendo los directivos del Real Corruptivo F.C.

Defensa: El partido ha sido limpio, todo el mundo lo ha visto. Lo dicen los telediarios y las ediciones de los periódicos. Quien no lo vea es un conspiranoico que no merece crédito.

Para terminar. La pregunta sería: si todo está tan amañado ¿por qué seguimos jugando estos partidos? La respuesta da un poco de repelús: porque no nos queda otro remedio. Si un día se acabara el fútbol, la vida sería de una monotonía insoportable. Y si el Real Corruptivo F.C. no encuentra oposición, ese día estará a la vuelta de la esquina.

Libro: Los padres pródigos, Sinclair Lewis, 1938

Los padres pródigosSinclair LewisEste es un libro antiguo. El ex-libris tiene fecha de 1976. La foto evidencia que el papel es ya algo más que amarillo. La letra es muy pequeña y los márgenes escasos.

Lo leí con diecisiete años, en una época en que leía compulsivamente. Leía tan absorto y ávido que a veces no estaba seguro, y al retroceder unas paginas con frecuencia confirmaba alarmado que, efectivamente, había párrafos que parecían puestos allí a posteriori.

Aquella primera vez me impresionó la originalidad de la idea, que invertía los papeles de los protagonistas de la parábola del hijo pródigo de la Biblia. En esa época me fascinaban los puntos de vista insólitos. La originalidad. Tomar una premisa absurda y desarrollarla con ingenio.

La idea de unos padres marchando del hogar, descarriados, y volviendo al cabo de un tiempo contritos y arrepentidos me tuvo que resultar chocante, porque al fin y al cabo, en aquel momento yo era más que nada hijo, y adolescente. Me pareció una broma estupenda de Sinclair Lewis.

También recuerdo haber resonado con la idea de escapar de las responsabilidades, algo que no me sorprende, siendo como era tan joven. Uno se da cuenta de que debe crecer pero a ratos el papel le queda grande.

El caso es que ayer encontré el libro por casa y decidí echarle un vistazo. Esto ya lo hice hace unos años con Ana Karenina, y me impresionó tanto que hasta escribí una canción conmemorativa.

Quiero decir, que es toda una experiencia volver, pasados los cincuenta, a repasar aquello que te impresionó entre los quince y los venticinco. Es posible que uno encuentre infumable algo que le pareció radical y brillante (El libro de los sueñosJack Kerouac, por ejemplo). Pero también puede que con la iluminación del nuevo escenario se obtengan revelaciones inesperadas.

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Cuatro cosas que aprendí leyendo a Adam Smith

Esta mañana publiqué un comentario en el blog de Esperanza Aguirre:

Con todo y admitir que la violencia de ETA es repugnante, no sé por qué pone usted tanto foco en ella, y no nos dice nada de la violencia diaria contra los desahuciados, por ejemplo. ETA hace tiempo que no mata, pero desahucios los hay a cientos cada día. Claro que detrás de estos crímenes están los bancos, el famoso mercado, que no es más que ese grupo de personas favorecidas que siguen enriqueciéndose a costa del resto de nosotros, y de muchos de los cuales es usted, con seguridad, amiga.

Es cierto que ayer me pasé la mañana siguiendo en directo la evolución del desalojo de cinco familias en Jete (Granada), y quizás estaba aún impresionado por el espectáculo. De hecho, durante el tiempo que estuve conectado hice mi pequeña aportación desde Twitter, pidiendo a varios usuarios con miles de seguidores que retuitearan el enlace a la retransmisión. Por cierto, que dos de ellos (@gerardotc y @adacolau) lo hicieron y hubo una cascada de veinte o treinta avisos en mi móvil demostrando que la difusión puede ser realmente exponencial.

Volviendo a Twitter, por la tarde volví al blog de Esperanza Aguirre. Alguien me había contestado:

¿Existe un sistema económico más eficaz que la economía de mercado?

No resulta una pregunta para contestar a la ligera. Para empezar, uno no es economista. Y, viendo cómo aciertan los economistas, quizás sea una suerte no serlo. En todo caso, parece más bien una pregunta autoafirmativa, que podría reformularse como: “Atrévete a decirme que la economía de mercado no es el sistema económico más eficaz”.

De todas formas, tengo claro que la eficacia no es el tema. No se trata de producir riqueza, sino de repartirla. Ahora pienso y no tengo la cabeza tan clara, pero en el momento de contestar lo tenía clarísimo. Me he pasado un mes dale que te pego a Adam Smith, vamos, como para no desenfundarlo ahora que me dan pie.

Defíname eficaz.

Un sistema que hace que la riqueza se concentre en unas pocas personas y la pobreza sea cada vez mayor para la inmensa mayoría es necesariamente eficaz desde el punto de vista de los primeros.

Adam Smith, supuesto padre del capitalismo, ya avisaba que el mercado funcionaría por si mismo a condición de que el estado vigilase que no hubiera “relaciones de dominación” entre las personas. O sea, que los pobres no fueran tan pobres que tuvieran que aceptar cualquier condición de los ricos, y que los ricos no fueran tan ricos como para poner en jaque el poder del Estado. De hecho, el Estado tenía el deber y la obligación de poner las “normas de juego” del mercado, y entonces sí, dejar a la “mano invisible” regular las transacciones del mismo.

Los liberales olvidaron deliberadamente lo que no les interesaba del discurso republicano de Adam Smith: dijeron que los hombres debían ser iguales ante la ley, pero que lo de ser rico o pobre venía a ser una elección personal. Jamás les pareció relevante el tema de las “relaciones de dominación”, básicamente porque a ellos les cupo la suerte de estar en el lado dominante.

Así que, resumiendo, sí: el sistema capitalista es el más eficaz, siempre que sea usted uno de los afortunados que se enriquecen gracias a él. En caso contrario, permítame la perplejidad ante la necesidad de aplaudir un sistema económico que a usted (como al resto de la mayoría) perjudica sin misericordia.

Por lo menos me quedo descansado.

Del diálogo al insulto en seis tuits

Todo comenzó con un artículo que leí en Cronica Global, un diario de corte españolista. EL artículo se titulaba “Mas, racista“, y en él se hacía hincapié en una cita que Mas hace de Macià, con una referencia a la “raza catalana inmortal”, cosa que al articulista le ponía los pelos de punta.
En mi ignorancia, releí el artículo buscando la cita, y sólo vi un recurso literario y ampuloso, un poco anticuado, quizás, propio del pobre estilo retórico de los políticos de hoy. Dudo mucho de que nadie pueda creer seriamente en las razas en estos tiempos en que los estudios del ADN desmontan todos los supremacismos (y recuerdo al respecto la reciente historia del militante del Ku-Klux-Klan al que le hacen un análisis de ADN y le descubren que tuvo ancestros negros).
Un par de días después, un retuit de una tuitera que sigo volvió a referirse al citado artículo:

Y otro más, un poco más tarde:

Los “indepes” que criticaban el HT #Nazilunya, ¿no critican la “#RaçaCatalana” de Artur Mas? ¿Se les ha comida la lengua el gato? #somescola

— R. Gaab Olivaw (@gaab75) diciembre 30, 2013

Puesto que recordaba el artículo, y la impresión que tuve de que se buscaba una relevancia que yo no encontré en él, se me ocurrió expresar mi opinión, en la línea, en mi ignorancia, de quitarle hierro al asunto :

Mi interlocutor sabía más que yo de la raza catalana, así que me previno acerca de mi desconocimiento real del tema:

Inmediatamente me puse a buscar la información que me faltaba. Los enlaces que encuentro me remiten a La Gaceta, Libertad Digital, Intereconomía: no son medios especialmente afines al catalanismo, así que no sé si considerarlos imparciales. Otro enlace hace una relación histórica de referencias sobre el catalanismo radical de corte ario o excluyente. Al menos este último enlace contiene información que uno puede evaluar, y la conclusión a la que llego es que el tema de la raza catalana es algo completamente anacrónico hoy día. Quizás soy ingenuo, además de ignorante. Bajo mi punto de vista, toda la preocupación de aquellos catalanistas del siglo pasado por la inmigración andaluza o murciana les parecería una broma si se vieran enfrentados a la demografía de los tiempos modernos:

En realidad, lo que creo es que Mas estaba haciendo un discurso para uso interno, lo cual es ciertamente una torpeza, ya que actualmente todo lo que se dice tiene una difusión inmediata y general. Quizás en el recogimiento de aquellas cuatro paredes no fuera consciente de esa circunstancia. O quizás sí, y se trata de un signo de la deliberada impunidad con que actúa el dirigente (éste, y otros).  Yo que sé. Lo que sí creo es que no es para tanto, a la luz de cómo se articula la demografía en nuestros tiempos:

Mi corresponsal insiste en algo en lo que no discrepo, pero que no me parece relevante, porque yo dejé a Macià en el siglo XX y no me interesa en modo alguno recuperarlo:

Él quiere ver el componente nazi del catalanismo, e insiste:

No puedo discutir con él, porque yo no tengo ninguna simpatía supremacista. De hecho, estoy bajo el influjo de una entrevista con Ana Stanic que he leído hace poco. Ana Stanic es una abogada eslovena relajada y sonriente que explica que con las leyes europeas en la mano, los catalanes no perderían su estatus de europeo por ser independientes. Un discurso alejado del discurso del miedo y la exclusión que hace el gobierno español. Bueno, pues su discurso amable me ha templado el ánimo y estoy en el polo opuesto de la exacerbación.

Poco después otro tuitero publica un enlace a un vídeo de una representación navideña en la que los actores introducen una de esas morcillas de actualidad que se usan a menudo en el teatro cómico para crear complicidad con el público:

A mí esos trucos baratos de los cómicos nunca me han gustado, pero entiendo que son parte del oficio. El problema es cuando se quiere crear complicidad en un tema delicado en el que hay división de opiniones. Entre el público, hay quien aplaude y hay quien silba. Un actor en esas circunstancias se debe sentir un tanto incómodo. Pero, como he dicho, estoy influido por el aire civilizado de Ana Stanic, y prefiero alegar tolerancia:

Mi nuevo interlocutor discrepa:

Le contestaré aquí lo que no pude en Twitter, por falta de espacio. Me llamó la atención el uso de la palabra politización. Es un uso peyorativo, absolutamente común, que yo mismo he utilizado muchas veces en mi vida. Pero política significa ética de la sociedad, es decir, el discernimiento de lo que es bueno o malo para todos. Nuestra cultura democrática es débil, y se nota en este hecho evidente de que la política nos parece algo completamente execrable.

Yo me he convertido recientemente. Ahora pienso que sólo la política, la buena política, puede poner solución a los problemas que la sociedad afronta. El verdadero problema es la falta de esa buena política. El nivel de nuestros representantes es lamentable, cuando no escandalosamente reprobable. El bien común es algo que las facciones despedazan como los buitres hacen con una vaca muerta. En fin, ese es un lastre que heredamos de 40 años de dictadura y de una transición donde se autoinsertaron todos los que habían vivido a la sombra de esa dictadura.

En el intervalo, mi otro interlocutor ha perdido la paciencia y resuelve expeditivamente el asunto:

No quise contestar a esto en Twitter. Aquí tampoco lo haré. Pero sí anoto que miré el perfil de mi interlocutor, y me llamó la atención que en él se defina como defensor del “discurso libre y los derechos civiles”. A veces, de la teoría a la práctica hay un mundo.

El segundo interlocutor, Fernando, añadió una reflexión:

Yo comprendo este sentimiento, y de hecho creo que es algo contra lo que luchar. Si en una democracia se tiene que temer por discrepar es que no es una democracia. Y de eso tenemos ya casi ochenta años de experiencia, entre dictadura y transición (la transición nos dotó de ciertas libertades, pero no de verdadera democracia).

A fecha de hoy, yo no soy independentista ni unionista. Estoy en la duda. De hecho, lo único que tengo claro es que quiero un buen gobierno, sin corrupción, con protección de los más débiles y limitación del poder de los más poderosos. Una administración transparente y auditable por cualquier ciudadano. Un estado con servicios sociales y educación pública que fueran el orgullo de todos. Una democracia de listas abiertas y políticos no profesionales.

Votaría por el primer iluminado que se comprometiera realmente a trabajar por todo eso, fuera independentista o no. La pena es que aún no he encontrado a nadie que encarne ese compromiso.

Luces en el túnel de Garraf.

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Hubo un tiempo en el que me gustaban las fotos movidas. No esas fotos movidas por un defecto de pulso,  con su modestia vergonzante, sino las que reivindican su condición con orgullo militante.

La necesidad de fijar el pulso para que la foto quede nítida acaba siendo intolerable, así que un día me liberé y comencé a pulsar el disparador mientras la cámara se bamboleaba de todas las maneras posibles. Fotografiar una imagen sin pretender aprehenderla es un acto de despreocupada generosidad.

Para que una foto quede orgullosamente movida se necesita poca luz. Eso hace que la exposición sea más larga y la luz tenga más tiempo para recorrer el sensor y dejar su huella caprichosa. Por eso estas fotos quedan mejor si son nocturnas. Las luces de farolas, ventanas, semáforos y coches son la cooperativa de artistas que realizarán el trabajo creativo.

Hice muchas fotos de este tipo. Los complejos arabescos son hipnóticos: los hay discontinuos, fruto de las luces de neón, y continuos, cuando la luz es incandescente. De colores, como las de los semáforos. Enfocados y desenfocados.

En esta foto iba circulando por un túnel en la autopista del Garraf. El movimiento del coche induce la perspectiva, y el pulso orgullosamente despreocupado se ocupa del trazo fino. La tonalidad clara de la parte inferior es el capó del coche, reflejando difuso la luz del alumbrado.

Me he pasado mucho tiempo contemplando los arabescos de esta foto, aliviado de no tener que encontrarles sentido.