Archivos Mensuales: septiembre 2014

Vida y miseria del editor de El Quijote

Obsesión incipiente

Alguien lo dijo en un tuit: si ese tío tuitea el Quijote 24 horas al día, antes de llegar al 700 termina loco. Le expliqué un poco condescendiente que no había problema, que el proceso era automático, pero quizás fue una respuesta demasiado a la ligera. Ahora estoy preocupado, porque igual tenía algo de razón.

Siento un punto de presión incómoda con esta edición del Quijote. Me está afectando personalmente, y eso no estaba previsto. Necesito explicar algunas de las cosas que me están pasando.

Tengo marcado @elquijote1605 como usuario favorito en Twitter. Así el móvil me avisa de sus publicaciones con un sonido muy discreto, y al principio parecía muy conveniente ver pasar las horas y los tuits del Quijote al mismo tiempo. Pero con el paso de los días he llegado a una sensación de hartazgo.

El aviso inocente me pone de los nervios, de puro incansable. Es una tortura, una especie de gota malaya acústica, que empezó inocua pero ahora es poco menos que intolerable. Lo que tenía que ser la tranquilidad de saber que todo iba bien ha terminado siendo la evidencia constante de mi propia esclavitud.

Ese malestar creciente me llevó a poner el móvil en modo zumbador. Creo que fue hace dos días. He perdido algunas llamadas, pero no quiero investigar más, temo que se me desconfigure todo. Ya no oigo el sonido de antes, pero parece que poco a poco he desarrollado una sensibilidad especial, y ahora el avieso zumbido lo percibo tan claro como las trompetas del apocalipsis. Mi única paz es (sería, mejor dicho) apagar el móvil. Pero esto me parece una traición a mi edición del Quijote, y a sus lectores.

También me inquieta lo que me ocurre por la noche. Ya no me acuesto antes de la una de la madrugada, y si lo puedo hacer es porque aprovecho la momentánea tranquilidad de saber que se acaba de publicar el tuit correspondiente. Duermo bien, pero soy de sueño ligero, y a veces me despierto en plena noche y ¿a que no adivináis lo primero que me viene a la cabeza?

Pues sí, ¿estarán ahí los tuits de El Quijote?

A esas horas, mi cerebro no es el de la vigilia, y al revisar los tuits me suele hacer creer que he perdido alguno por el camino. Entonces siento un abismo. Pienso en cuánta gente se habrá sentido traicionada esperando el tuit de las tres de la madrugada. En América es plena tarde, todos se habrán dado cuenta, es horrible. Me despejo bruscamente, vuelo al portátil a comprobarlo todo. Me equivoqué. Todo está bien. Son las cinco. Pero ya no tengo sueño.

Así que duermo poco, y el zumbido del tuit me persigue como si fuera yo el protagonista de aquel cuento de Edgar Allan Poe. Y lo peor es que acabo de empezar, apenas llevo 500 tuits. Quizás aquel tuitero tenía razón. Tengo que reconducir todo esto, esta locura no me lleva a ningún lado.

Temo que sea verdad que me estoy obsesionando.


 

Lo llamaré bifurcación porque parte de la vida real y luego se separa de ella, a medida que se liberan los pánicos que a uno le invaden según la imaginación se va apoderando del cuadro. Por si alguien se preocupó, en realidad estoy muy bien. Nada de lo explicado es real. Casi nada, ciertamente. Bueno, en realidad algunas cosas sí que me están pasando un poco. Pero controlo ¿eh? Lo tengo bajo control. Confío llegar indemne al tuit 700.

 

Leer en los tiempos de Twitter

Las nuevas tecnologías son una maravilla. A veces no advertimos lo que han llegado a cambiar nuestra forma de vivir: quizás para ello hay que tener una edad y esforzarse en recordar cómo era el mundo antes. Entre las cosas que han cambiado de una forma sustancial, y hablo por experiencia, está la relación que tenemos con los libros.

Google: el buscador

El buscador de Google deja atrás los tiempos en que había que ir a la biblioteca a buscar información para hacer trabajos de geografía o historia. Ahora cualquier duda se resuelve en un instante, con solo escribir unas palabras.

¿Consecuencias? ¡Claro! Una de ellas es la banalización del conocimiento. Si todo está en Google, al alcance de un clic, el saber está bien custodiado, por lo tanto no es necesario aprender nada. Cuando necesite el peso atómico del rubidio ya lo buscaré. Una información accesible de forma instantánea se devalúa forzosamente.

Cuando la información se albergaba en incunables, en remotas abadías, la gente pasaba meses viajando para acceder a ella, y más meses aún memorizando o transcribiendo los pergaminos para conservarla. El conocimiento adquirido tendría tanto valor que perderlo sería una tragedia.

Otro efecto perverso es que todo el saber acaba valiendo lo mismo. Cuándo nació Justin Bieber. Técnicas de fusión fría. La receta del gazpacho. Todo el conocimiento tiene el mismo coste: casi cero. ¿Para qué discriminar? El conocimiento se vuelve un producto de usar y tirar. Tenemos una compulsión de saber algo, lo consultamos en Google, nos aliviamos y nos olvidamos.

Cuando el conocimiento costaba, había que valorar y discriminar qué valía la pena y qué no. En ese trabajo se utilizaba la inteligencia y se cultivaba el criterio personal. Todo eso ya pasó a la historia, de alguna manera.

Twitter: la difusión

Twitter es otra herramienta fascinante. Mucha gente entra en Twitter la primera vez y al cabo de unos días lo dejan, desconcertados. A mí me pasó. Uno espera encontrar un producto terminado, listo para consumir, y lo que uno adquiere con su cuenta de Twitter no es más que una puerta abierta a la gran plaza pública. Lo que uno obtenga dependerá de uno mismo; todo está por construir.

Twitter es esa gran plaza pública donde todo el mundo habla. Uno puede escuchar “Quijote” y Twitter tiene el poder de reunir para ti a todas las personas que están usando esa palabra ahora, en todo el mundo. Puedes seguir a varias personas y leer todo lo que escriben. Y puedes tener listas de personas interesante y Twitter te muestra cada uno de sus comentarios. Como emisor, puedes tener muchos seguidores y tu mensaje queda amplificado automáticamente para cada uno de ellos. Es verdaderamente increíble.

Pero también Twitter tiene efectos colaterales en nuestra percepción del mundo. La información es caleidoscópica, fugaz, a menudo no contrastada. No hay otro posible contraste que recuperar y consolidar uno mismo distintas fuentes y esperar que la elección no resulte ser sesgada. Por otra parte, tanta información puede producir un efecto abrumador y paralizante.

Efectos colaterales en la lectura

¿Qué me está pasando?, me pregunté hace un tiempo cuando empecé una novela y me sentí de pronto extraño. Recuerdo dos casos: el Código da Vinci, de Dan Brown, y El doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas.

Tanto Dan Brown como Vila-Matas, cada uno a su manera, citan y citan escritores, ciudades, sucesos, modelos de vehículos, lugares geográficos. Y en mi cabeza, cada cita exigía ser verificada, validada. ¿Existirá realmente esa iglesia románica o ese pueblo del Rosellón? ¿De verdad murió el poeta Robert … un día de Navidad, en un sanatorio suizo?

Al final, acabé por leer novelas con el buscador de Google al lado. Sorprendente.

[IUn ejemplo de ahora mismo. Recordaba la novela de Vila-Matas y la historia del poeta que murió, transtornado, un día de Navidad. Recordaba que escribía notas en trozos de papel con una letra microscópica. Pero no lograba dar con el apellido. Y ahí viene en mi socorro el buscador de Google. Escribo “poeta suizo muerto en navidad microtextos”, y enseguida tengo este enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Walser. Efectivamente, ahora recuerdo. Walser. Era Robert Walser. Problema solucionado.]

Leer un texto con Google al lado es como leer el Quijote en una edición anotada, intercalando en la lectura todas las notas a pie de página. Se pierde la experiencia absorbente de la lectura, y el poder de fascinación de las palabras se diluye en el exceso de información adicional.

¿Nuevas formas de escribir?

Me ha gustado siempre la literatura, tanto vista con ojos de lector como de escritor. Por eso, a menudo ojeo una novela y me encuentro reflexionando sobre qué es lo que me chirría de un texto que, por otro lado, igual está escrito de un modo impecable. Y suelo pensar cosas como estas:

  • Se debería evitar la información que uno puede recabar en Google. Si el autor puede documentarse en Google, cabe suponer que el lector también. El efecto de descubrir los mimbres de una novela (ese edificio no está en esa calle) es más desalentador que un espoiler. Lo que el escritor tejió como urdimbre de pronto se le aparece al lector como engaño. Esto hace que escribir ficción resulte complicado. A nadie le gusta sentirse objeto de engaño.
  • Si se usa información de la Red, el valor añadido no está en las propias informaciones, sino en las asociaciones que el escritor establece entre ellas. Es el único aspecto en el que la mente del creador puede brillar: en decidir la forma en que unos enlaces conectan con otros. Encontrar esa forma original de llegar desde la receta del gazpacho a las técnicas de fusión nuclear.
  • Sigue vigente explorar las vivencias de los personajes, más que sus azares mundanos. Un ejemplo claro es Ana Karenina, de Tolstoi. Esa novela genial describe el alma de la protagonista y su transformación a lo largo de su peripecia vital. No hay necesidad de recurrir a Google para intertextualizar nada.
  • La narrativa clásica, lineal y tranquila, casa mal con estos lectores familiarizados con el ritmo sincopado y breve de los mensajes de Twitter y los programas de zapping. La descripción de la alameda junto al río tendrá que adaptarse de algún modo a nuevas formas caleidoscópicas y breves. Al lector le atraerá tener un puzzle de piezas diferentes porque podrá dedicarse a construir por sí mismo la solución al enigma.

Estas son algunas de mis reflexiones sobre la literatura y las redes sociales. Cada cuál tendrá (o no) las suyas. Si me queréis hacer partícipe de las vuestras, estoy por aquí. Saludos,

 

Por qué EQ17KT es como es

¿Por qué hay que leer de abajo arriba?

Pues porque Twitter publica los tuits en orden cronológico inverso: los más recientes aparecen primero, desplazando a los anteriores hacia abajo. Para visualizar en orden cronológico creciente, podría publicar los tuits de EQ17KT al revés. Así el orden aparente sería el natural, pero tendría que empezar a publicar por el final, y terminar con el famoso “En un lugar de La Mancha…” del inicio. No se podría leer el texto completo hasta haber publicado el último tuit, que a la sazón sería el primero, cuando el plan era, por el contrario, publicarlo por entregas sucesivas para poder leerlo desde el principio.

¿Por qué no quitas los encabezados?

Los encabezados (QUIJOTE nnn) los puse para que fuera más fácil distinguir los tuits en una línea de tiempo con muchos mensajes. El número me pareció importante para identificar tuits consecutivos, porque algunas veces el API de Twitter se salta algunos tuits y uno termina devanándose los sesos tratando de casar dos tuits, cuando resulta que es Twitter el que se ha saltado alguno intermedio.

Otra razón para no cambiar ahora es que, a la hora de calcular cuántos tuits tiene El Quijote, estos encabezados formaban parte del cálculo, y por tanto suprimirlos también cambiaría el número de tuits resultantes. Y, qué queréis que os diga, yo ya estoy encariñado con el 17000, el número mágico.

¿Por qué cortas las frases un poco así?

Porque el algoritmo es especialmente simple, como corresponde a lo que se desarrolla deprisa y corriendo, con fiebre y hecho un trapo. Lo que hice fue tomar bloques de 180 caracteres e ir eliminando palabras por el final, hasta tener menos de 140. Así no hay mucha garantía de completitud sintáctica, realmente. Con todo, en algunas ocasiones los tuits acaban bien; en esos casos uno celebra especialmente la circunstancia, cosa que no ocurriría si el algoritmo fuera más listo. En este caso asumiríamos que acierta siempre y lo que tendríamos es decepción en los contados casos que no.

Para la segunda edición, me he prometido hacer un algoritmo más inteligente, al que poder criticar con liberalidad y no tratar con indulgencia, como a éste.

¿Cómo leerías tú EQ17KT?

Yo tengo habilitadas las notificaciones de Twitter para el usuario @elquijote1605, de modo que cuando publico un tuit el móvil me avisa. A mí me va bien porque así puedo verificar que la máquina trabaja correctamente, pero admito que es un tanto paranoico para una persona normal.

Quizás es más sano verlo pasar por la línea de tiempo de una forma casual, y, si el tiempo lo permite, ir a los tuits de @elquijote1605 para ver los anteriores y poner el tuit en contexto. Y luego, en un momento más tranquilo, ir a http://protopol.com/quijote17000 para ver lo publicado durante el día. En esta página se puede leer secuencialmente y acceder a cada tuit original (basta pulsar en el número pequeño al principio de cada uno) para certificar que el tuit se publicó.

Termino poniéndome un poco lírico: leer la página tranquilamente, saborearla, y esperar al día de mañana, sin dejar que a uno las prisas le afanen, es un pequeño lujo en estos tiempos de premura. Y con la intención de disfrutarlo es que andamos publicando esta versión de El Quijote en Twitter.

El Quijote en 17000 tuits: detalles técnicos

Desde el 1 de septiembre de 2014 estoy publicando las dos partes de El Quijote en Twitter. En este artículo explico algunos detalles técnicos para aquellos que se han interesado.

La fuente

Para calcular cuántos tuits serían necesarios, me descargué el texto digitalizado desde el Proyecto Gutemberg y eliminé los avisos legales del inicio y el final. También eliminé el prólogo de Cervantes y los sonetos para poder empezar con el famoso “En un lugar de La Mancha…”. Ahora creo que hubiera sido mejor respetarlos, pero es ya una decisión irreversible. Con estos ajustes, el texto tiene 2.151.251 caracteres.

El troceado

El troceado de El Quijote en tuits lo hice mediante un algoritmo que está explicado aquí. La idea es tomar unos 180 caracteres cada vez e ir eliminando palabras enteras hasta que el resto no supere los 140 caracteres disponibles en un tuit. El hecho de que saliera un número redondo de tuits, 17000, tuvo mucho peso en la decisión de tirar adelante el proyecto. Los matemáticos saben que un número no tiene una significación distinta de otro, pero el hombre común sí que siente la fascinación de los números singulares.

La tasa

El cálculo de la tasa de tuits por día producía un valor de 28’45, y por eso en un primer momento opté por enviar un tuit por hora, a sabiendas de que se produciría un desfase progresivo. La solución era publicar al doble de velocidad los tres últimos meses. Más tarde he pensado que tres meses a tuit cada media hora es un poco excesivo, incluso para quien haya tenido la paciencia de llegar hasta ahí, y ahora lo que hago es añadir esos cuatro tuits diarios de más como repicón (a las 8:05, 12:05, 16:05 y 20:05 horas). Cada dos días añado un tuit a medianoche (a las 00:05 horas) para cubrir esos 0’45 tuits diarios que restan. Con el tiempo este último tuit desaparecerá.

La infrastructura

Toda la aplicación está alojada en un servidor de Arvixe, un proveedor que me recomendó un amigo. Es económico y permite programar en PHP y Python, aunque el soporte para éste último lo he tenido que configurar yo para trabajar con la versión 3.4. El coste es de unos 74€ por dos años.

El sistema se sustenta sobre dos tablas MySQL, una que contiene todos los tuits y otra que registra los tuits que se han publicado ya. Un programador de tareas (el cron de Linux) se encarga del envío periódico. Todos los scripts se escribieron en Python, un lenguaje de programación que recomiendo por lo simpático que es en comparación a otros que he conocido. A pesar de su simplicidad aparente, es un lenguaje potente, y sobre todo, tiene una amplia colección de librerías, como por ejemplo la que permite publicar en Twitter.

Vínculos

Perfil de ElQuijoteEn17000Tuits en Twitter.

Página con lo publicado hasta hoy.

Y eso es todo. Si queréis más precisiones, aquí tenéis los comentarios o podéis recurrir al correo. También me podéis encontrar en mi otra cuenta de Twitter. Saludos a todos!