El Ministerio del Tiempo: una lectura política

ministerio del tiempoMe gusta la serie de televisión de El Ministerio del Tiempo. Es una serie que combina el género fantástico con el de época, usando los viajes en el tiempo sin enredarse con la paradoja temporal. Además tiene tono humorístico, y está muy bien hecha. El viaje a los momentos estelares de nuestra historia es ameno y entretenido. Y eso es un mérito, en un género donde cuesta poco ponerse mayestático y solemne en perjuicio de la pura diversión.

O sea, que queda claro que creo que El Ministerio del Tiempo es una gran serie, al menos en sus tres primeros episodios, que son los que se han emitido cuando escribo estas líneas. Y es grande, aparte de por las cosas citadas hasta aquí, porque da pie para reflexionar a partir de la materia prima que proporciona.

Uno de esos pensamientos que me da vueltas es la propaganda última que la serie puede contener, interpretada en términos políticos.

No descubro nada nuevo si digo que las manifestaciones deportivas se usan como vehículo de difusión de discursos políticos. Y es así aunque es lugar común decir que la política no debe mezclarse con el deporte. Los éxitos deportivos de un país se usan políticamente como elementos de exaltación nacional. La televisión enfatiza esos éxitos deportivos como una especie de certificado de mérito del país en su conjunto. Gracias a ellos la gente se identifica con su bandera y con su himno, y se sienten parte de algo que merece la pena. Y los países que son punteros en el ámbito deportivo usan su hegemonía como un símbolo de una superioridad de índole más general, que muy a menudo es verdadera.

Las manifestaciones artísticas también incluyen mensajes políticos. El cine americano ha hecho más por la colonización cultural de los pueblos del mundo que sus propios ejércitos. Nos han hecho admirar su democracia y sus instituciones, los valores de su cultura, sin dejar de recordarnos la superioridad de los marines americanos en todo tipo de hazañas bélicas. Y nos han mostrado con crudeza qué les ocurre a aquellos pueblos que eran un obstáculo a la expansión de su modo de vida, como aquellos infortunados indios de tantas películas del Oeste.

Así que, visto que todas esas manifestaciones humanas pueden, y de hecho suelen impregnarse de propaganda, me puse a pensar en qué podía resultar propagandística mi serie favorita de televisión. Mi punto de vista acabó resumido así, en un tuit:

Para mi sorpresa me replicó Paco López Barrio, guionista de la serie:

Pensé un rato sobre esto, porque a priori parece un argumento razonable. Pero si lo piensas bien, esa frase es profundamente pesimista. Un optimista podría pensar lo contrario, que nuestra historia podría haber sido mucho mejor con solo un par de retoques aquí o allá. La única virtud – llamémosle así – de nuestra historia es que ya la conocemos, y en ese sentido sí que podría darle la razón al subsecretario.

Y aquí vengo a la argumentación en términos políticos que prometí en el titular de este texto. Durante los últimos años hemos tenido un gobierno muy de derechas. Pero no es solo el gobierno: una omnipresente propaganda neoliberal ha conseguido calar incluso en personas que, por su circunstancia social, no deberían ser fans del liberalismo.

Estos propagandistas nos han vendido la certeza de que nada puede ser mejor de lo que ha llegado a ser, con sus vicios y sus virtudes. Es eso. Nada podemos hacer. El mercado funciona automáticamente: donde pueda optar entre beneficio y justicia, se decanta por beneficio. La pobreza existe, lamentablemente. Y así con todo.

En la serie, un ministerio entero se preocupa de mantener, fijar y dar esplendor (al modo de la Real Academia de la Lengua) a la historia que ha hecho de nuestra nación lo que es hoy, y eso a pesar de que lo que es hoy España no es en absoluto algo para andar tirando cohetes. Pero es igual; “podría ser mucho peor”, y eso es razón suficiente para luchar contra viento y marea contra cualquier cambio.

Quizás en otros tiempos, con otras ideas y utopías campando por las mentes de la gente, esta serie se podría plantear al revés: qué sería esta España si este o aquel acontecimiento que inclinaron el rumbo de la historia hubieran podido evitarse o desenvolverse de alguna otra manera. Imaginar otras Españas hipotéticas; mejores, si puede ser, ya que nos ponemos a imaginar. Imaginar una España sin la Inquisición, sin Fernando VII, sin la guerra de 1936. Todo un desafío para un grupo brillante de guionistas como los de El Ministerio del Tiempo.

Seguramente esta otra versión de El Ministerio del Tiempo no hubiera obtenido el visto bueno para llegar a buen término. Los que nos gobiernan prefieren que nada cambie, y, mejor aún incluso, que nadie albergue la esperanza de que algún cambio sea posible. Y solo faltaría que una serie de televisión incluyera propaganda de sociedades utópicas e hipotéticas, diferentes de todo esto que tanto trabajo ha costado grabar en la conciencia de la gente.

Pero bueno, nada esto es responsabilidad del brillante equipo que ha creado El Ministerio del Tiempo, al cual no quisiera dejar de felicitar otra vez desde aquí. Ya dije que me encanta la serie, ese rato de ensoñarse en una historia fantástica y tan bien trenzada. Lo que no me gusta es el signo de los tiempos, pero ¿a quién puede importarle eso?

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3 comentarios en “El Ministerio del Tiempo: una lectura política

  1. La serie no puede tratar de crear una España “mejor” en que Fernando VII “el rey felón” no llegase al trono o la Inquisición no quemase gente. Pongamos que el funcionario Marty McFly recibe por ejemplo, la orden de evitar qué el Gobierno Español entregue el Sahara en 1975 (parto de la base de que la entrega del territorio y sobre todo de la población a Marruecos y a su ejército es un acto moralmente reprobable), en el conflicto subsiguiente, una bala marroquí, por ejemplo, mata a su padre que está haciendo la mili, Marty no nace y por tanto no puede evitar que El Gobierno Español entregue el Sahara en 1975. ¡PARADOJA TEMPORAL! Por otra parte ¿se Imagina Vd. a TODOS los gobiernos españoles desde 1491 enviando funcionarios al Pasado para “mejorar la Historia”? Gobiernos tardofeudales, polisinodiales, absolutistas, ilustrados, afrancesados, liberales, constitucionales, castrenses, republicanos, dictatoriales, franquistas y demócratas TODOS toquiñeando la Historia a la vez para mejorarla y “adecuarla” a sus intereses políticos y a los ideales morales de cada momento. Torquemada podría haber conseguido destinar tropas del siglo XV para mandarlas a la Batalla de Guadalete y que se liasen a arcabuzazos con apoyo de artillería ligera contra las tropas moras para que “el infiel nunca hoyase tierra hispana” cambiando así toda la historia medieval de España y eliminando la mera posibilidad de que la Inquisición llegase a ser creada ¡PARADOJA TEMPORAN NUEVAMENTE!. O que, por otro lado, el Estado Islamico cumpliese su objetivo (ellos se han fijado el objetivo de [re]conquistar Al-Andalus antes de 2019] tomse el Ministerio y manda soldados con kalashnikovs, morteros y toda la panoplia de la que disponen a Guadalete nuevamente a apoyar a Tariq y combatir contra los arcabuceros de Torquemada… Eso no sería una serie de televisión, eso sería repetir semanalmente la Escena de “Malditos Bastardos” en que Hitler muere acribillado en un cine de Paris en 1944.

    1. Le agradezco su comentario. Me ha encantado su erudición histórica. Le vería sin demérito alguno cooperando en la elaboración de guiones de El Ministerio del Tiempo…
      Yo creo que los guionistas hacen un trabajo estupendo rehuyendo enredarse con la paradoja temporal. Si entrasen al trapo, sería un lío, como usted mismo ha demostrado perfectamente. Tampoco quise yo comentar esas obvias dificultades que se encuentran en las películas que proponen viajes en el tiempo. De hecho, en una primera redacción lo hice, pero comprendí que nada iba a aportar y lo borré al final.
      El párrafo al que creo corresponde su comentario no pretende enmendar la plana a los guiones proponiéndoles funcionar a la inversa, es decir, cambiando la historia para ver qué pasa. Técnicamente sería quizás más complicado, ya que es más fácil recrear lo que ya se conoce que inventar toda una realidad alternativa que además sea convincente.
      Lo que venía a querer decir el artículo es que si la serie fue aceptada por TVE fue probablemente porque acepta una lectura profundamente conservadora que no debía ser enojosa para sus directivos, o sea, que es heroico hacer lo que haga falta para que todo siga igual. Ya me ha quedado claro que los creadores de la serie no tenían esa tesis en mente, pero precisamente la gracia de las obras de arte estriba en que cualquiera las puede hacer suyas atribuyéndole su propia argumentación.

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